En los tiempos de la dictadura se contaba siempre (bajito, eso sí) que, cuando alguien de fuera preguntaba qué tal se vivía aquí, se le respondía: "No me puedo quejar". "Estupendo", le decían. "No, no me ha entendido", y susurrando seguían: "Es que no-me-puedo-quejar".
Yo estoy en esa tesitura pero de verdad. Pienso que no me puedo quejar porque, entre las penumbras de esta vida puñetera de la que ahora todos se quejan sin problema, destacan, como puntos de luz, momentos que uno va atesorando a lo largo del camino para paladearlos con deleite al final del día y para pensar que, después de todo, la cosa no pinta tan mal. Hagan la prueba, estén atentos a lo que les pasa y encuentren esos momentos. Yo lo hice esta semana y reuní aquí unos cuantos como ejemplo:
El momento sorpresa. El encuentro el jueves, después de muchos años sin vernos, con uno de mis mejores alumnos, que ahora es catedrático de latín y que me confesó que, cuando hizo las prácticas en Lanzarote, tuvo que dar filosofía y usó mis apuntes tal cual. Una alegría inesperada que me alegró el día.
El disfrute con un libro y una película que me gustaron. El libro fue La corresponsal de Virginia Evans, una novela epistolar sobre una mujer que cuenta toda su vida a través de sus cartas, incluso de algunas que nunca envía. La película fue ¿Bailamos?, con Richard Gere, Susan Sarandon y Jennifer López, que te deja con ganas de ponerte a bailar cha-cha-chá (de hecho, lo intenté).
El rato con mi hijo viendo jugar a mi nieta de 12 la final de baloncesto en el Polideportivo de La Matanza (foto inicial de ella tirando al aro). Perdieron ("fuerte paliza les dimos, ellos a nosotros"), pero fue estupendo ver el entusiasmo y las ganas que le ponían y estar allí animándolas con la ola y el riquirraque.
Un momento mágico un atardecer: ver volar lentamente una bandada de aves (¿gaviotas? ¿garzas?) brillando al sol que se ponía frente a las montañas oscuras. Todo estaba en silencio y el tiempo casi se detuvo...
Tarde de chicas con mi hija y mi nieta mayor que aprovechó el San Isidro festivo en Madrid para venir el fin de semana. Comida, confidencias y la serie actual de la BBC en 3 capítulos Sentido y sensibilidad, que, vista en compañía, es más divertida.
Carcajada con Las chicas de oro una noche. Rose cuenta de un ex-novio de St. Olaf que, cuando iban los veranos al cine al aire libre en coche, la metía en el maletero para no pagar sino una entrada, veía la película y, al salir, la sacaba del maletero y le contaba la película. :-D
Momentos de amigos: las charlas por wasaps y teléfono, el café con mis amigas de pilates o la cena de huevos fritos, papas fritas y morcilla canaria (la mejor comida del mundo) en casa de amigos queridos.
Mover las neuronas. Lo hago cada día buscando La palabra y la frase del día, jugando 2 rummy contra el ordenador y una vez a la semana haciendo el Damero maldito. Bueno, y escribiendo este post.
Si meditamos cada noche sobre lo que nos ha regalado el día, claro que también hay momentos no tan gratos, pero ¿quién se acuerda de ellos? Busquemos lo que nos reconforta porque, como decía Jane Austen en Orgullo y prejuicio, "a falta de... el buen filósofo solo saca beneficio de dónde lo hay".
No me puedo quejar.

Exacto. Como diría Jane: "where other powers of entertainment are wanting, the true philosopher will derive benefit from such as are given".
ResponderEliminarLo que demuestra que eres una verdadera filósofa, si es que había alguna duda, porque conozco poca gente tan disfrutona.
Y lo que me pude reír con el primer párrafo (no conocía esta frase en este contexto).
Muchas gracias, Alicia, qué bueno leer una obra en su idioma original. Copié la frase tal cual está en mi "Orgullo y prejuicio" (Editorial Cátedra), pero no cabe duda de que en inglés está más clara. Otras posibles traducciones: "Donde faltan otros medios de diversión, el verdadero filósofo sabe sacar partido de los que están a su alcance". O "de lo que tiene a mano"... Muy apropiada para el Señor Bennet, que tiene un matrimonio infeliz pero se refugia en la lectura e incluso disfruta burlándose de su mujer.
EliminarY no es raro que no supieras lo de "no me puedo quejar". Tuviste la suerte de nacer en un momento en que ya todo el mundo se puede quejar.
Un abrazo, mi querida Alicia.
Buenos días!!!
ResponderEliminarMil gracias por LOS MOMENTOS que dedico a leer tus escritos, bendita sea tu mente, forma de escribir para crear tan lindos y emotivos relatos.
Mi mente se contagia estimulando rememorar infinidad de historias familiares, vivencias en general y MOMENTOS propios.
Gracias de nuevo por darme la oportunidad de disfrutarlos!!
Un fuerte abrazo, mi querida ISA.
De eso se trata, Tamara, de contagiarse y de hacer memoria cada día quedándote con lo bueno y olvidando lo menos bueno. Parece que no, pero surte efecto.
EliminarGracias a ti por tus comentarios y tu optimismo.
Otro abrazo grande para ti.
Así es, o debe ser, Jane: que recordemos los mejores momentos de cada día, por pequeños que sean. ¿Para qué regodearse con los malos? Con esos no avanzamos, solo retrocedemos y no hay necesidad de hacerlo, cuando aún nos quedan buenos momentos, para seguir viviéndolos...
ResponderEliminarRegodearse con los momentos malos es tóxico y nos puede llevar a una depresión o a estar continuamente de morros y enfadado. Y como dices, qué necesidad. Pero los humanos a veces somos así. Lo de buscar los momentos de luz habría que hacerlo todos los días como terapia frente a los otros. Yo lo suelo hacer.
EliminarPues si, aunque los momentos oscuros aparezcan a veces, rápidamente hay que enmudecerlos, opacarlos y florecer con todo lo bueno que tenemos y nos pasa cada día, sobre todo con el cariño de las personas que nos quieren y nos regalan con su presencia más o menos próxima, como la tuya Isa. Besos
ResponderEliminarUn buen abrazo, una mirada cómplice, sentir que te comprenden, llorar y reír juntos, saber que se puede contar con el otro... son mano de santo frente a todos los momentos oscuros del mundo. Afortunados quienes disfrutan del amor y cercanía de los otros.
EliminarGracias, Flo.
Los neurocientíficos afirman que nuestro cerebro tiende a recordar mejor los momentos placenteros que los que no lo son.lo sostiene también kowking en su libro el gen egoista qie sería bueno releerlo
ResponderEliminarTienes razón, es un libro para releer. Dawkins proyecta una lección de optimismo sobre el ser humano y su capacidad para perpetuarse. Y no cabe duda de que estar amargado no ayudaría nada de nada.
EliminarPrincipio de homeostasis ancestral
ResponderEliminarTodo lo que puede equilibrarnos y reducir el estrés del mundo en que vivimos es bienvenido y puede favorecer nuestro modo de vivir. Un enfoque interesante.
EliminarMuy bonito, Abita. Muy chula la foto de Julia también, menudo brinco.
ResponderEliminar¿Verdad? La puse porque parece que está volando. La hizo una profesora del colegio y fue un acierto.
EliminarGracias, Evita.