Creo que ya lo he contado... Bueno, no pretenderán que, después de 892 escritos en este blog, no me repita alguna vez ¿no? Pues eso, que, aunque creo que ya lo he contado, no pasa nada si lo escuchan otra vez. Érase una (otra) vez que estábamos en un viaje del Imserso, a las 9 de una mañana de invierno en una plaza de Valladolid, un grupo de pobres vejetes oyendo a la guía, todos muertos de frío, todos ateridos debajo de abrigo, gorra, bufanda y paraguas (sí, también llovía), cuando pasó un coche al lado nuestro y el conductor, más compasivo que irónico, bajó el cristal y nos dijo. "¡Ya es afición!". Nos alegró el momento, oigan. Y no me he olvidado nunca, tanto es así que un día de la semana pasada me volví a acordar de aquel buen y sabio señor, tan conocedor de la naturaleza humana.
Es verdad que ahora no era invierno. Todo lo contrario, fue uno de estos días de este agosto que estamos pasando en el que la conversación más repetida es ¡qué calor! ( o ¡qué calufa!, que aquí tenemos un vocabulario muy rico). Tampoco estábamos en Valladolid, ni en un viaje del Imserso, ni oyendo a ninguna guía que nos ilustrara sobre vete a saber qué (no es raro, dadas las circunstancias aquellas, que ninguno nos acordemos de sobre qué belleza nos ilustraba la tal guía). Bueno, para no tenerlos más en vilo, estaba yo con cinco señoras más en mi pueblo, sudando la gota gorda en nuestra clase de pilates y, porque los ventiladores no bastaban, con las puertas abiertas hacia la calle, de tal modo que cualquiera que pasara por allí y mirase hacia dentro podía ver a un grupo de señoras de una edad incierta haciendo el pino puente con más o menos maestría y creyéndose además Pinito del Oro en su trapecio. Fue entonces cuando me acordé de aquel buen señor de Valladolid y me dije. "Seguro que hay más de uno del pueblo que, viéndonos de esta guisa -casi 30º de temperatura, señoras de más de 70 años, pretendiendo hacer lo mismo que hacíamos en el colegio a los 13, bufando sube una pierna, baja la otra- habrá pensado: ¡Ya es afición!".
Y es que es afición. Miren, si no, la imagen inicial del último instrumento de tortura que estrenamos este mes. ¿A que se parece a una silla eléctrica? Pues en ese y en otros como ese nos vemos subiéndonos con alegría empujando pedales arriba y abajo, con cintas tirantes en manos y piernas, apretando entre las piernas pelotas que no se pueden dejar caer (y, sin embargo, se caen, como diría Galileo), haciendo ejercicios más afines a animales que a personas serias y talluditas (el gato escaldado, el gato contento, la mariposa, la rana... Casi un zoo parecemos)... Incluso a veces la profesora (que yo creo que se está vengando con nosotras de alguna maestra que tuvo), para que nos salga mejor el ejercicio, apela al lado romántico que todas tenemos y nos dice que, para apretar bien las nalgas, imaginemos que vamos a partir una nuez con ellas. Y todo eso lo hacemos con un entusiasmo digno de mejor causa. Bueno, hasta los 3 o 4 minutos de empezar, que es cuando cada una se queja de que le duele un músculo que hasta ese momento no sabíamos que existía. Y al final, salimos a la calle, doloridas, desgreñadas y sudorosas, ante la mirada compasiva de la gente de mi pueblo.
¿Por qué demonios, entonces, dos veces a la semana, nos presentamos religiosamente en la clase de pilates y encima pagamos por ello? Pues porque desde que empecé, hace más de dos años, se me han engrasado las bielas y camino mejor y hago hasta la pirámide, como si fuera un egipcio de aquellos tiempos; porque, siguiendo a los griegos y el conócete a ti mismo, he aprendido a respirar y a saber de qué pie cojeo; porque me divierto con la excelente profe que tenemos y con mis compañeras de pilates, con las que, aparte de la clase, de vez en cuando quedamos para tomarnos un café o para merendar...
Algunos dirán que es por masoquismo. Y es masoquismo, sí. Pero también pura afición.

Sorprendida me hallo, Jane, con tu post de hoy, porque eso mismo les he dicho yo a los compañeros que, conmigo, no dejamos de ir a nuestras sesiones de gimnasia funcional, en los días más calurosos de Santa Cruz. En especial, saludaba a los monitores así: "Chicos, esto sí que es afición".
ResponderEliminarDadas las circunstancias, tampoco era tan difícil que hayamos coincidido...
Es que coincidimos en muchas cosas, Chari. Circunstancias, amistades, ideas y aficiones.
EliminarHola otra vez, Jane.Comparto el contenido de tu escrito:
ResponderEliminarYo llevo 12 años, casi 13 con el pilates y lo bendigo . Tenía sesenta y pico, y ya no podía torcer el cuello para aparcar, al levantarme me sentía como el muñeco de hojalata de El Mago de Oz,falta de "aceite" en todas las articulaciones etc. etc.
Ya cumplí los 80 y nada de eso me pasa, gracias al pilates,
Descanso en verano y voy a las 9 de la mañana, por lo tanto no sudo y eso... pero sí me tomo un cortado con las compis y celebramos los cumpleaños.
Misma generación, mismas aficiones.
Un abrazo
A mí me ha venido estupendamente, la verdad, y no lo dejo por nada, ni siquiera en verano. Hay cosas que hace dos años no hacía ni con grúa y ahora parecemos casi casi la Pavlova (ejem, recurso literario de exageración).
EliminarUn abrazo y a seguir con el mismo espíritu.
Buenos días, Isa! Acabo de leer tu último blog. Maravilloso lo que haces. Yo llevo haciendo taichí desde 2008 (y dos años antes hice yoga). Clases tres días a la semana, ambiente cordial y agradable, muy familiar a pesar de ser un grupo grande. Solo paramos en agosto. Victor también iba. Mientras pueda no lo dejo, lo mismo que el coro.
ResponderEliminarAsí que cada cual lo que le vaya mejor, lo importante es activar cuerpo y mente mientras se pueda .
Gracias una vez más por todo lo que nos aportas.
Un abrazo grande.
Tú sí que tienes bien activados mente y cuerpo, Conchi. Yo estoy más limitada, pero te intentaré imitar (menos en lo del coro, que ya sabes que no es lo mío).
EliminarGracias a ti por estar ahí cerquita.
Un abrazo.
Quien me manda a venir....qué necesidad....y salimos encantadas....y una cosa , lleva a la otra... trabajo de musculos...y diversión, "aloca" la cabeza.....😜😜😜😄
ResponderEliminarLo de "qué necesidad" y "encima pagando" vamos a tener que inscribirlo en nuestras banderas. Pero ¿y lo que nos reímos?
Eliminar😂😂😂Isa, que buena eres escribiendo, por supuesto, pero sobre todo por esa desmesurada afición a la tortura...😂😂 Pero hay que pensar en tantos beneficios, No sólo para una misma sino, (y bien que lo disfruta)… también para nuestra monitora a la que le estamos pegando nuestra eterna juventud!
ResponderEliminarMaravillosos ratos entre sudor y lágrimas (casi) Mil besos...❤️🎶
Y no te olvides, que lo haces, del Cante Jondo!😋
Lo del cante jondo, lo de sufrir en silencio y otras actividades lo contaré en otra ocasión. Y yo creo que sí, que somos las favoritas de la profe, su ojito derecho.
EliminarOtros mil besos para ti que me transmites tanto.
Maravilloso👏🏼
ResponderEliminarMe has hecho reír
El gato escaldado..., jajaja
Mañana las veo🥰
Eres la mejor, Katia. Y no me digas que aunque nos peleas, no te alegramos la vida.
EliminarMe encanta, Isabel.
ResponderEliminarY a mí me encanta que, siendo joven, nos hayas elegido como grupo. Algo se nos pegará, digo yo. :-D
EliminarIsa, me he reído porque yo también voy a Pilates, con ilusión, si además le echo un poco de chiste, no sólo le hago bien a mi salud, sino a mi espíritu. Como siempre genial..
ResponderEliminarGracias, Ani, un ratito de risas siempre viene estupendo. Ya comentaremos lo que hace cada una.
EliminarHola Isa, no sé si sería capaz de ir a pilates, pero ir a Valladolid en invierno, no se me ocurre, y creo no equivocarme si te digo que el señor que os dijo lo de la afición no era de allí.
ResponderEliminarLo de Valladolid (y otros lugares más fríos) es gentileza del Imserso. Y siempre hay señores de Valladolid con sentido del humor, no creas.
EliminarTienes razón, Isa. Tengo amigos entrañables, castellanos leoneses, que nos hicieron más fácil vivir en esas frías tierras.
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