¿Recuerdan
la estupenda “Guantanamera” de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, una
película cubana que no gustó nada a Fidel por lo que tenía de crítica a su
sociedad? Va de un peculiar cortejo fúnebre desde Guantánamo a La Habana para ir a enterrar a
la difunta Yayita, una comitiva delirante que sigue el ahorrativo plan estatal
de traslado de difuntos y que pasa tantas vicisitudes que al final no se sabe ni dónde
está el cadáver.
La película
es muy divertida pero, en el fondo, también triste, como muchas de las grandes
comedias. Y lo curioso es que muchos de nosotros, al verla, pensamos que esos
lances disparatados ocurren en otros sitios, no aquí, en nuestros ricos mundos de
Yupi.
Y, sin
embargo, algo así le pasó a mi amiga Rebeca. Hace un tiempo murió su padre y,
para cumplir sus deseos, decidieron trasladarlo desde Las Palmas, donde ellos
viven, hasta El Hierro, su tierra natal. La esposa, los hijos y los nietos
cogieron un avión directo de Las Palmas a El Hierro, pero el ataúd no cabía en
la bodega del avión y les propusieron mandarlo en otro mayor vía Tenerife, que
llegaría una hora más tarde. Llegaron todos al aeropuerto de El Hierro y
decidieron esperar allí una hora para luego acompañar al féretro hasta donde
iba a ser enterrado. Pero pasó una hora, y otra, y otra… Y, al final, les dicen
que el avión, no se sabe por qué, fue desviado a Lanzarote y que haría noche
allí. Entre unas cosas y otras, tardaron más de 48 horas en poder enterrarlo. Eso
sí, el ataúd hizo por los aires un buen recorrido, desde la más occidental de
las islas hasta la más oriental.
¿Qué
fue lo que pasó? ¿Olvidaron que en la bodega del avión iba un cadáver? ¿Por qué
le dieron el mismo tratamiento que a una maleta? ¿No se supone que el traslado de un ataúd es
un hecho extraordinario y que, por eso, requiere un mayor cuidado? ¿Alguien
pensó en dar algún tipo de explicación a los familiares que esperaron horas a
un ser querido? ¿O se pretendía que éste hiciera su particular cortejo fúnebre
por los cielos canarios?
Vivimos
en la falsa creencia de que todo funciona a la perfección, de que en la
sociedad cada uno tiene un cometido que cumple con inteligencia y esmero, y que
nuestra vida es como tiene que ser: las guaguas y aviones pasan, los
supermercados están abastecidos, los teléfonos nos ponen en contacto a unos y a
otros, los medios nos informan al segundo de lo que ocurre en el mundo… Pero
basta un descuido para darnos cuenta de que, detrás de esa apariencia, acecha
el caos: la gente se equivoca, las máquinas fallan y no se respeta ni a vivos
ni a muertos.
Como
cuenta Nieves Concostrina, en su “Polvo eres”, Paganini, Lord Byron, Voltaire,
Quevedo, Alejandro Dumas, Goya, Santo Tomás de Aquino, Pedro I el Cruel, Evita
Perón… también fueron paseados, después de muertos, sin ningún miramiento de
aquí para allá. Yo, por si acaso me quieren dar una vuelta corpore insepulto, ya me estoy pidiendo un vuelo sobre las Antillas.
Por lo menos para, desde el aire, hermanarme con los cubanos y transmitirles el
mensaje consolador de que no son los únicos que tienen un desastre de sociedad.
Guantanamera,
guajira guantanamera…
Yo también "me gocé" un episodio parecido: falleció un pariente con sobrepeso y cuando lo iban a meter en el panteón, les advertí de la circunstancia a los enterradores que manejaban la caja por medio de sogas: "no se preocupe -dijeron con aire displicente- que llevamos 20 años de oficio y sabemos lo que hacemos". Se les escapa una de las sogas, se estrella la caja contra el fondo del panteón, el muerto desparramado por un lado, la caja rota, todo lleno de cal...si no fuera porque estaban allí la viuda e hijos, la cosa hubiese adquirido tintes de película de Berlanga...
ResponderEliminarDesde siempre he tenido una cosa muy, pero que muy clara, si no te pones y haces las cosas por tí mismo, al final no sale nada.
ResponderEliminarEn este país de sagitario la gran mayoría pasa de hacer nada por nadie. Aunque hay gente muy buena, que son los que confirman la regla.
Carlos:
ResponderEliminarMe recordaste un cuento excelente de Daniel Duque, que se llama "Con los pies por delante". Al difunto , que vive en esas casas de pisos superestrechas, lo tienen que bajar con sogas por el balcón porque el ataúd no cabe por la escalera, ante los gritos de su mujer que dice "cuidado, que me lo van a desriscar". Lo que dices tú, tintes berlanguianos...
José Gerardo:
ResponderEliminarEsa es la filosofía de mi marido. El problema es que haces más cosas de la cuenta y acabas derrengado. La mía es hacer lo que quiero que salga muy bien (un plato de cocina, por ejemplo)y delegar en las demás cosas. A lo mejor no sale como tú quieres que salga pero es mucho más descansado.
Patètico y aterrador sus relatos y vivencias personales.Hay cientos de anècdotas y casos donde lo kafkiano,lo Berlanesco o lo Buñuelista,se adueñan de entierros,velatorios y similares.Y para nosotros que nos lo tomamos todo tan a pecho es una tragedìa,vivir algo similar.
ResponderEliminarEl humor (negro, eso sí) nos salva ante esas situaciones. Hasta mi amiga Rebeca me contaba sonriendo los despropósitos (porque hubo más) del entierro de su padre. Y conozco casos de familias que han velado tiempo a un difunto que no era el suyo.
ResponderEliminarPero tienes razón. El momento de la muerte no puede estar rodeado de circunstancias que sumen, a la pena que uno siente, el enfado ante la ligereza y la incompetencia ajena.
¡Pobre familia!, si no fuera patético imaginaría a Manolo Summers haciendo una película sobre el tema.
ResponderEliminarCarlos Filpes me ha recordado la primera vez que mi padre volvió a casa de un entierro en S/Cruz, de un compañero militar y le dijo a mi madre "Eve, cómo le han puesto de cal el uniforme al pobre de fulanito". Nosotros, a pesar del calor, sólo utilizamos la cal (apagada), para blanquear las paredes.
Esperanza, tú lo has dicho, patético.
ResponderEliminarA mí lo de la cal aquí siempre me impresiona. Me parece mejor uso el de ustedes, para dejar tan blancos esos pueblecitos andaluces. Y tal vez todo eso se resolvería con la incineración. Pero la muerte, como cualquier otro ritual de la vida, está llena de tradiciones y creencias.
Pero sea cual fuere,la determinaciòn o medidas a tomar por los allegados al difunto-a,es comprensible,amiga.A todos-as nos gusta despedir a nuestros seres queridos con dignidad,respeto y recogimiento.Cs
ResponderEliminarFrancisco, creo que cualquier tradición, costumbre o creencia que acompañe a ese ritual que es la muerte, es perfectamente respetable. Claro, excepto en la muerte de un monarca en los antiguos Egipto, China, Perú, Uganda o Dahomey en cuyos enterramientos se podía producir la muerte ritual de sus esposas, concubinas, cocineros, ayudantes de cámara y otros sirvientes, para que siguieran sirviéndoles en la otra vida. Y para ellos, no creas, era una muestra de respeto: quería decir que el rey era tan extraordinario que no sólo merecía un séquito impresionante en esta vida sino también en la otra.
ResponderEliminarHola Jane: me da mucha pena de esa amiga tuya que paso tal experiencia pues yo pase por una muy similar y no te puedes imaginar lo que se siente. Pienso que una vez más queda de manifiesto el carácter conformista que tenemos los canarios, queriendo evitar follones , y menos en esos momentos , creo que basándose en eso juegan con la buena voluntad de la gente
ResponderEliminarJane no dejes de escribir pues tus artículos son un acierto , ya que casos como este y muchos más son de gran valor y no salen en los llamados periódicos importantes. Un abrazo una herreña, chicharrera, canariona........en fin una canaria de los pies a la cabeza
Querida Ely, pensé en ti también cuando lo estaba escribiendo. Muchas veces nos pasan cosas en que lo que parece más normal es armar un pifostio y dejar que rueden cabezas, pero es verdad lo que dices, nos resignamos, o también pensamos si merece la pena o no. En ese momento, en que uno se da cuenta de las cosas que realmente importan, también es verdad que no se tienen ganas de gastar energía en otras batallas. Con eso cuentan, claro.
ResponderEliminarGracias por tus palabras y un abrazo muy grande.
Cuando me enteré del caso, Jane, yo no daba crédito a lo que oía, si no hubiera sido porque quién me lo contaba lo había vivido en primera persona. Estuve a punto de preguntarle si me estaba gastando una broma, pero dada la delicadeza del momento, me abstuve y no me quedó más remedio que creerla.
ResponderEliminarMás que considerarla una situación tragicómica, por mi cabeza pasó la idea de que el surrealismo y lo grotesco de los años 50, seguían presentes en el 2013.
Y lo que es más grave: la historia de Guantanamera es una ficción, pero la de nuestra amiga Rebeca ha sido toda una triste realidad.
Yo también me he acordado varias veces de Guantanamera, por ejemplo con el "copago" que lo copagas contigo mismo que eres quien paga la seguridad social, pero que dicho así, como que suena mejor ¿no?
ResponderEliminarY me acuerdo de la reunión de listillos que hay al principio de la película, cuando al marido de la protagonista se le ocurre la genial idea y a todos les parece genial.
Quítale un par de "camarada" y cambia las guayaberas por trajes y seguro que es igual.
Cehachebé:
ResponderEliminarEn muchas cosas no hemos cambiado mucho desde los años 50, aunque aparentemente parezca que sí. Continúan la picaresca, el querer engañar al otro, el poco respeto al ciudadano de a pie, ya no te digo a un difunto... Sé de otro entierro que no se puso hacer a las 10 de la mañana, hora en que estaba previsto, porque el cura se había ido a la fiesta de otro pueblo y no llegó hasta las 6 de la tarde. Lo primero es lo primero.
Loque:
ResponderEliminarTengo que volver a verla. La vi cuando la estrenaron y me gustó un montón. Pero sí, no hay mucha diferencia, sobre todo porque nosotros hablamos parecido. Bueno, no decimos "¿Qué tú dices?", pero en lo esencial nos parecemos. Igual que con el resto de los humanos.
Y lo del copago tiene narices.
Amiga Isabel,los temas sobre tànatos dan mucho juego.Son múltiples las tradiciones y costumbres referentes a la Parca.Voy a reflejar,a raìz de las ya mensionadas,las que practican algunos pueblos-los màs frecuentes los tibetanos- del Himalaya.Como carecen de bosques para las incineraciones,y el suelo es demasiado duro para crear fosas;descuartizan a sus difuntos.Tienen un encargado,algo asì como un chamàn,para ello.Este tras haber descuartizado el difunto,Hace sonar un cuerno,y el sonido atrae a los buitres.Los huesos que quedan despuès del macabro festìn,son triturados por el propio chamàn y los familiares del difunto que lo deseen.La ceremonia,no es agradable de presenciar.
ResponderEliminarFrancisco, hay que ver la imaginación que tenemos los humanos a la hora de irnos para el otro barrio. La verdad es que no me apetecería nada que se me chascaran los buitres. Ya puestos, prefiero la tranquila dignidad de los esquimales. Cuando sentían que había llegado su hora, se les hacía un buen festín, se despedían de todos sus allegados y se internaban en la estepa nevada a morir en una tumba de hielo.
ResponderEliminarGracias amiga.Esa costumbre la tenián,tambièn en algunas zonas de montaña del antiguo Japòn.Es una casualidad,parece ser.No imagino se hayan transportado.Buena tarde.Cs
ResponderEliminarFrancisco, las costumbres sí que se divulgan. Míranos a nosotros tomando coca-cola, comiendo gofio bereber, vistiéndonos de luto para un entierro o de blanco para casarnos. Si es que en el fondo somos unos copiones...
ResponderEliminarPuès va a ser verdad.Pero con nosotros se alían las comunicaciones modernas.Ellos,los primitivos,lo tenìan algo màs difìcil.
ResponderEliminarAsí y todo... Mira lo pronto que se divulgó la rueda.
ResponderEliminarHola Jane. La verdad es que es kafkiano. Pero como dice el refrán: "El que no cree en Dios es que no conoce España, porque España funciona gracias a Dios".
ResponderEliminarCuando ocurren estas cosas todo el mundo le echa la culpa a otros, no hay mas que ver lo que nos dice nuestros "maravillosos" presidentes, Paulino y Mariano.La culpa es de Madrid o de los anteriores, y claro, así pueden seguir haciendolo mal, pero la culpa es de otros.
Esto funciona porque todavía hay profesionales, funcionarios, empresarios....que creen en el trabajo bien hecho, porque si no.....
Pero eso sí, como somos nuevos ricos venidos a menos, esas cosas no pasan aquí. Un beso Jane.
Buenísimo el refrán, Juan, no lo conocía.
ResponderEliminarTienes toda la razón. En aquellos tiempos en los que yo trabajaba en el Instituto (lejanos tiempos) recuerdo pensar eso mismo al principio de curso: la Consejería no había mandado sustitutos, los horarios estaban sin terminar, se había obligado a empezar pronto y mal para quedar bien ante la sociedad, a veces hasta los pintores no habían acabado con los remozados... y la cosa funcionaba, porque todos cumplíamos con nuestro papel, incluso echándole horas para que todo saliera para adelante lo mejor posible. Somos los profesionales de a pie los que hacemos el país.
Un beso, Juan. Como siempre, un análisis certero.
Hola Jane , la verdad es que la frase de tu amigo Juan esta fantástica, y en relación a los tanatorios quiero decir que mi experiencia vivida en el fallecimiento de mi padre, será inolvidable, no sólo por el acontecimiento sino por el comportamiento de familiares, amigos, conocidos......en fin no solo vecinos del pueblo sino de muchas partes de la isla , ese recibimiento con calor humano, esas atenciones con las viandas como se decía antiguamente, el café, las galletitas,los bizcochones.......eso si todo casero. Que pena que se pierda esta calidad humana, que en momentos difíciles se necesita y se agradece mucho. Un beso
ResponderEliminarYo creo que no se ha perdido, Ely. Yo también he vivido ese calor de los demás en momentos tristes. Es consolador saberlo y ayuda mucho. Y, aunque parece que estamos en un mundo en el que cada uno va a lo suyo, te encuentras, sorprendido, que hay también personas generosas y detallistas (y muchas) que están ahí, para lo que haga falta. En el fondo confiamos en la humanidad.
ResponderEliminarImagina estar sentada en ese avión de Lanzarote al hierro. Por supuesto no sabes que un cadáver lleva 48 horas en el maletero, más las anteriores de difunto. Un señor grueso se sienta a tu lado. Al rato un tufillo... y tú mirando de reojo al pobre inocente. jajajaja por cierto, él también te mira de reojo. jajajaja
ResponderEliminarGuille, siempre lo he dicho, tienes madera de novelista a lo Patricia Highsmith. Ese empezar podría ser sublime para una nueva novela... :-D
ResponderEliminarAmiga Isabel. Me has hecho recordar una anécdota de un tiempo ya lejano, verano del 63, pibillo yo y autospista por esas tierras de pa'fuera. Ese día, casualmente, en Pamplona esperando a San Fermín.
ResponderEliminarCalle empinada arriba, de cuyo nombre no quiero -mejor no puedo- acordarme, parado en la acera, veía avanzar un cortejo fúnebre de una docena escasa de personas tras un ataúd porteado a hombros por cuatro mozos. Supongo que la situación económica de aquella gente debería ser más bien precaria o que el carpintero de turno los había estafado, porque al ataúd, sin encomendarse a Dios ni al Diablo, se le desclava el fondo y el muerto, bien ensabanado, termina junto con la madera en los adoquines de la calle. Porteadores que sueltan lo que quedaba, chillidos de la familia y algunos de los acompañantes, en medio del rebumbio, que echan a correr calle abajo.
Es probable que los corredores fueran más deudores que deudos del muerto, o que aprovecharan para prepararse para el encierro pero no dieron marcha atrás.
Creo que solo me atreví a reirme del suceso cuando estuve de vuelta por Aguere.
¡Qué anécdota más buena, Javier! He soltado la carcajada leyéndola. Pero entiendo que en el sitio de los hechos hubiera sido hasta indecoroso.
EliminarPensé en el pobre difunto arrastrado por los suelos ¡Y pensar que hay entierros muy glamurosos! Sinatra dispuso que le pusieran en su ataúd whisky, tabaco, un encendedor y 10 centavos para una llamada (¿¿¿???). Michael Jazkson se hizo enterrar en un ataúd de oro y terciopelo; Jackie Kennedy organizó su funeral en su apartamento de la Quinta Avenida con mil invitados y cantos gregorianos... Nada que ver con este pobre abandonado hasta por sus porteadores y amigos ¿Pensarían que iba a resucitar?