lunes, 29 de julio de 2013

La Cruz de la Trompetona




Estaba el otro día engalanándome para ir a una cena –ya saben, que si un collar por aquí, que si un anillo por allá, que si zarcillos, que si dos o tres pulseras…- cuando oí desde los celajes la voz de mi madre: “No te pases, que a ver si vas a parecer la Cruz de la Trompetona”.


La Cruz de la Trompetona era, según me contaba ella, una de las cruces de mayo que los palmeros, tan aficionados a un ornamento, montaban y montan con entusiasmo. Sólo que muchas de esas cruces, además de flores, llevan joyas y joyones, y ninguna estuvo en su tiempo tan recargada de oro y relumbrones como esta de la Trompetona. De ahí a llamar “cruz de la Trompetona” a cualquier mocita que se dejara llevar por el gusto a los oropeles no había sino un paso. Y buenos son también los palmeros para no darlo, con lo que les gusta un nombrete.

A mí también ahora me sale de vez en cuando el rejo palmero de mis ancestros y “la cruz de la Trompetona” es como llamo a mi amiga Pepa, que se vuelca el joyero encima alegando que para eso lo tiene –¡le he llegado a contar 16 anillos en los 10 dedos!-. Oh, sé que está cerca sin verla por el tintineo, clinclinclin, de las pulseras que se pone, con eso lo digo todo.

¡Bien nos gustan a las mujeres los abalorios y alhajas! Le gustan hasta a mi sobrina-nieta Elena, de 4 años, que no hay vez que no la vea sin que tenga encasquetada en la cabeza una diadema de diamantes y rubíes.

También es verdad que nos gustan las joyas por lo bonitas, no sólo puestas en nosotras mismas sino que también las admiramos en exposiciones, en las cruces de mayo palmeras y también en las Vírgenes. No he visto nunca a un San José enjoyado pero no hay Virgen que no emane resplandores. Un amigo que en su jubilación se ha dedicado, como Felipe González, a diseñar joyas, cuando le pregunté que si las vendía, me dijo: “Ay, no, mi niña, pero a mi mujer la tengo como la Virgen del Pino”. Ésta y la de Candelaria están que no les cabe ya ni un colgante.

Aunque, para donaciones, la de una palmera, Juana Tabares, de la que hablaban hace poco en “Lo que las piedras cuentan”. Durante la visita de Alfonso XIII a La Palma en 1906 ella estaba, de punta en blanco, entre las señoritas ataviadas con trajes típicos que lo recibieron. Cuando la saludaron el Rey y su hermana la Infanta María Teresa, a ésta se le fue el ojo enseguida a los preciosos anillos que llevaba y, al alabarle uno en especial, muy antiguo, la Juana Tabares, ni corta ni perezosa, se lo sacó del dedo y se lo ofreció a la Infanta ¡Fue un gesto tan hermoso y generoso que los periódicos de la época elogiaron tan encomiásticamente…! Pero lo que no sabían era que el anillo era prestado. Yo soy la dueña del anillo y no le dejo a Juana un pelo en la cabeza.

Pero a pesar de todo pasó a la posteridad resplandeciente con el brillo de joyas ajenas. Igualito, igualito que la Cruz de la Trompetona. Ella, Juana Tabares, es la que realmente merece ese nombre. Las demás son, somos, imitadoras de pacotilla.




(En la foto Juana Tabares, con 17 años, ataviada para recibir al Rey. Fíjense en los anillos de sus manos)

23 comentarios:

  1. Pues a mí, me dá corte ponerme muchas cosas. Me veo horrible. Supongo que será cuestión de acostumbrarse. Todas tenemos alguna amiga que se pasa, pero con la desfachatez de Juana Tabares hay pocas.
    Cuando voy a una boda y me pongo los pendientes que heredé de mi suegra, de vez en cuando me toco las orejas para comprobar que los llevo. Te imaginas Isa si llevara pulseras, anillos y collar, y siguiera con mi manía de comprobar que están en su sitio?. Me parecería al "Toca todo". ¿Lo recuerdas?.

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  2. Ja, ja, ja, no me acordaba de ese personaje chicharrero, el "Tocatodo", que iba por las calles tocando coches, farolas, puertas y paredes.
    A mí me pasa lo que a ti, con unos pendientes que heredé de mi madre. Me da pánico perderlos y sólo lo he llevado a alguna boda en la que, como son largos, muevo un poco la cabeza para sentirlos. No es la primera vez que se me pierde alguno, pero estos me los dio una semana antes de morir diciéndome: "Quiero que te los pongas en la boda de Dani", que entonces ni siquiera tenía novia. Suponía ella que yo sería la madrina y, cuando lo fui, allá fui con mis pendientes. Yo tampoco soy de mucho engalane. Y a ti no te hacen falta que bien guapa que eres.

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  3. No tenía ni idea de la Cruz de la Trompetona, pero sí me puedo imaginar a tu madre, con su cadencia palmera, haciéndote la advertencia y comparación con dicha cruz. Lo de ir enjoyadas va por épocas y edades, ahora nos va más la bisutería y la plata, y los joyones, como dices, para bodas y eventos.
    Bien es verdad que en La Palma siempre ha gustado mucho el lujo, ejemplo que vemos en la riqueza y variedad de los trajes regionales (los más bonitos del archipiélago, sin duda), pero las cruces adornadas con joyas en mayo y el lujo (¡todo brillores!) del famoso Minué de las Fiestas Lustrales se llevan la palma de La Palma.
    La anécdota del anillo... ¡sin comentarios! (¡así hago yo regalos!)

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  4. Conchi, busqué en San Google y en Jable noticias de la Cruz de la Trompetona, pero no encontré ninguna. Lo que sí hay es de las cruces de las Breñas, de donde saqué el cartel que puse al principio. Imagino que la de mi madre era de Mazo, su pueblo. Cuando vaya a La Palma ya preguntaré por allí.
    Cuando era chica (7 años) fui a una Bajada de la Virgen (no he vuelto a otra) y lo que más me impresionó fue el Minué. Aquellos miriñaques, aquellos fulgores, aquellos tejidos rutilantes... colmaron la capacidad de cursilería de una niña de 7 años. Para mí en ese momento se podían ir a la porra las Loas y el Baile de los Enanos. Tengo después de eso un montón de dibujos infantiles de chicas vestidas como María Antonieta. Y con joyas y coronas, por supuesto.

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  5. Isa, como siempre , me ha encantado tu relato. La señora Tabares,tenia bastante cara, era de las de " yo invito y tu pagas ". En el Icod de principios del siglo 20 , se produjo un caso similar que algún dia te contaré..En cuanto a las joyas ,pónganselas y lúzcanlas, que para eso fueron hechas,si no pasarán de generación en ganeración guardadas en los joyeros. Algunas mandan a hacer copias de sus joyas ´, las auténticas las dejan en la caja fuerte de algún banco,y a los eventos ( como dirían los cúrsiles ) a los que son invitadas llevan la " bisuta ". Bueno Isa , desde Bajamar, adornada como la Cruz Trompetona ( antes muerta que sencilla ) y esperando impacientente ya ,tu próximo relato un beso

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  6. No creas, Pili, después fue una mujer singular que no dudó en incendiar un almacén para atajar una epidemia o en erigirse en jefa de un comando que intentaba apagar otro incendio años más tarde. A lo mejor su gesto entonces fue el de una adolescente que se vio obnubilada por tener cerca a un Rey y se olvidó de lo que es mío y lo que es tuyo. Aunque, repito, yo le hubiera arrancado los pelos (los de las cejas no le vendrían mal) si soy la dueña y veo que ha dado alegremente un anillo antiguo que le presté.
    Tampoco tiene mucho sentido eso de hacer copias. Tú tienes razón, las cosas no existen para estar cubiertas de polvo en cajas fuertes ¡A lucirlas y a hacerlas brillar bajo la luz del día o de la noche! Claro que tampoco tanto como la Trompetona o la Candelaria... Arreglá pero informal, más bien.
    Un beso y gracias por tu comentario.

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  7. Buenas,

    Las cruces de mayo es una fiesta muy tradicional en mi peinetaland querida eso sí son cruces llenas de claveles donde hay una manzana y una tijera.
    Pero vayamos al grano que son las joyas. Yo soy mariaornamentos, tanto que mi padre más de una vez me suelta eso de " chica te falta colgarte el pomo la puerta".... lo sé no tengo remedio

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  8. ¿Que el anillo no era suyo? Pero bueno, qué sinvergüenza
    - Tome majestad, que a mí no me cuesta nada (literalmente)

    Me horrorizan las mujeres (y no te digo nada los hombres) que llevan un montón de joyas encima. Recuerdo con horror aquella moda infame de los ¿90? del oro ese barato, que dos de cada dos mujeres y media, llevaba un batiburrillo de cadenitas doradas al cuello.

    Aaaaaays! Escalofríos me dan todavía. Además, así no se luce nada, aunque lleves la pieza más bonita del planeta, se pierde en medio de tanto brillo y tanto exceso.

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  9. La madre del monillo:
    Me has dejado intrigada. A ver, me explico una cruz con flores, hace bonito y es como tener una maceta en cruz, vale.
    Me explico una cruz con joyas. Bueno, la verdad es que es un exceso, pero bueno, brilla y también provoca murmullos de admiración y todo eso.
    Me explico una cruz con frutas. Aquí en Tejina, ahora en agosto, es la Fiesta de los Corazones, que ponen llenos de uvas, manzanas, peras y lo que se tercie. Y quien dice Corazones ¿por qué no cruces?
    Pero ¿qué pintan unas tijeras?
    Me encanta lo de Maríaornamentos. Conocí a una señora, Doña Pilar, una mujer muy guapa con unos ojos azules preciosos que murió con 90 y pico años y hasta el final iba con varios collares, a cual más bonito. Ella también era Maríaornamentos (o Cruz de la Trompetona, según mi madre)

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  10. Loque:
    Di que sí. Nosotras no nos ponemos nada porque nos basta con el fulgor de nuestros ojos claros, serenos. Y no es cuestión de que quede oculto tras una marabunta de cadenas doradas.
    Así, con esa moda de mil cadenitas al cuello va también mi amiga Pepa, la del clinclineo. Le diré que ya pasó de moda a ver si le veo el cuello alguna vez.
    ¿Y cuándo es el hombre el que lleva cadenitas de oro sobre el pecho peludo con la camisa abierta? ¡Aaaaaggggghhhhh!

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  11. Lo del hombre es pecado mortal. Yo tuve un jefe que llevaba una esclava (una esclava!) enorme, un reloj gigante, un cadenón al cuello tremendo, y por supuestísimo ¡¡nos enseñaba los pelos del pecho, faltaría más!!

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  12. Lo defenestrarían, supongo. Sólo cabe esa solución o pasar a su lado con los ojos cerrados.

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  13. El exceso de adornos de lo que sea, nunca me gustó. Ya sean los de una fiesta, un coche o un cuarto de baño.
    Cuando es una persona la que se adorna con joyas verdaderas, me parece una provocación constante a que el ladrón de turno tire de ellas y te arranque el cuello, un brazo o el dedo. Hoy, encima, ese riesgo se corre incluso con la bisutería que, más de una vez, da el pego por lo real que llega a ser.
    No me gusta salir a la calle sin una pulserita, un collar y un anillo de lo más sencillos y baratos, además de los pendientes de toda la vida, pero todo lo que va más allá de eso, en mí lo considero un exceso.
    Si algún acontecimiento lo merece, soy capaz de ponerme esos mismos aditamentos en versión de joya sin pretensiones, lo que lleva a dejar
    claro que no soy ni seré nunca candidata a ser nombrada Cruz de la Trompetona. En mi caso, la austeridad por bandera.
    Y, por último, un ruego,Jane: a ver si en esa visita, casi de médico, que vas a hacer a la tierra de tus ancestros, te puedes enterar de dónde viene ese nombre tan estrambótico de la Trompetona. De verdad que estoy intrigada.

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  14. Yo también estoy intrigada, Cehachebé. Preguntaré a todo dios.
    Cuando era chica, me acuerdo de un collar de cuentas verdes que se podían empatar engarzando una con otra. Yo llevaba cualquier vestido en casa y, cuando me decían lo de "vamos a salir", yo iba y me ponía el collar de cuentas. Con eso ya me parecía que estaba superelegante. De hecho tengo fotos con un trajito verde de rayas en casa, y otras con el mismo trajito en la calle pero esta vez con el collar.
    No, no te nombraría nunca candidata a "cruz de la trompetona". Pero hay personas que han cambiado el valor de las cosas. Marilyn Monroe, sin ir más lejos, que cantaba que el mejor amigo de una muchacha es un diamante. O Elizabeth Taylor que sin un joyón se sentía casi desnuda (y yo cuando chica con mi collar verde)

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  15. Francisco González1 de agosto de 2013, 18:22

    Buenas e interesantes esas historias palmeras.Felicidades.Buena tarde.Cs

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  16. Gracias, Francisco. La Palma es uno de esos sitios llenos de tradiciones, cuentos de viejas, historias curiosas, personajes interesantes... Un filón, vamos. Dentro de poco voy a ir con los ojos y oídos bien abiertos. Ya te contaré.

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  17. Te acuerdas que en nuetra epoca , te decian , mi hija te pareces con la Virgen de la Candelaria, cuando ibamos muy enjoyadas y nosotras todas pavas.

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  18. Sí, esa era una de las comparaciones cuando nos pasábamos de collares, pulseras y anillos. Hubo, además, una época en que nos dio por los pins (no me acuerdo cómo los llamábamos) y llevábamos las blusas y hasta las faldas llenas de trabitas de esas. No, si las mujeres no somos presumidas ni nada...

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  19. Aunque llevo mucho fuera de la isla, sigo relacionado con La Palma y no conocía el cuento de la cruz de la trompetona. Muy palmero, si señor... Mi madre siempre hablaba de una familia "apellidada" Las Desgracias, en que una de ellas se ponía un kilo y medio de joyas de oro, faltaría más.
    Curiosamente, después de muchísimo tiempo sin acudir, este año estuve el 3 de mayo en La Palma y tuve la ocasión de dar un buen garbeo con mi madre y uno de mis hijos por los mayos (figuras muy simpáticas hechas de trapo de tamaño natural) y por las cruces, tanto en Santa Cruz de La Palma como en San Isidro (barrio de Breña Alta). Aquello es para redactar una tesis en sociología. Antes se recorrían una a una todas las cruces de San Isidro andando y ahora es con el coche (grandes colas de coches donde cada uno se para a la altura de la cruz para admirarla). Cada caserío monta un altar donde no le falta detalle y a su vez un tinglado familiar impresionante (matan un cochino y hay bebidas, ponen música todo el día e incluso hay parrandas). La generosidad de sus habitantes brilla por su ausencia, puesto que es una fiesta sólo para los cuatro gatos del lugar. Las mujeres hacen guardia día y noche, por si te bajas del coche y te acercas demasiado a la cruz llenita de joyas. Te miran hasta mal.
    Las cruces de Santa Cruz de La Palma son diferentes. La mayoría están ornamentadas con flores, aunque algunas tienen joyas, pocas. Se nota la mano del "genbrita" como dicen por allí. Hay piques y nunca se pondrán de acuerdo cual es la más bonita.
    La tradición sigue y si me apuras más fuerte, incluso con estos tiempos que corren en que casi todos somos no practicantes.

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  20. Por si alguien se siente ofendido con el término "genbrita", diré que se denomina cariñosamente al hombre soltero, maduro principalmente (aunque también algún joven), con aires afeminados por haber sido criado entre mujeres -influye mucho la fortaleza de la sociedad matriarcal de La Palma-, no necesariamente homosexual, con un gusto exquisito en la decoración que a veces llega a ser ecléctica, y de gran importancia de participación en los eventos de la isla: alfombras y arcos de Corpus, cruces de mayo, exposiciones de artesanía, etc. Muy respetados.

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  21. Pues ya sabes, Enrique, otra voz de La Palma. A mí me ha gustado lo de los "mayos" porque mi abuela, durante toda mi infancia, cuando me despertaba el 1 de mayo me tenía a los pies de la cama un muñeco a tamaño natural allí sentado que me pegaba un susto de muerte mientras ella se partía de risa. Luego he descubierto que esa tradición, que mi abuela mantenía frente a todos, sigue existiendo y que los muñecos se parecen a los que ella hacía durante la noche ¡Qué cosas!
    Para esta entrada estuve viendo cruces enjoyadas y enramadas y todas son preciosas. Los palmeros, "genbritas" o no, siempre han tenido buen gusto a la hora de presentar una obra de arte.

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  22. La Cruz de la Trompetona estaba (no sé si todavía la siguen haciendo) en la Ermita de San Sebastián, alrededor de la zona de la Cajita Blanca, en el Barrio de la Canela en Santa Cruz de La Palma. Todo el mundo en La Palma sabe que una no se debe engalanar mucho si no quieren que la llamen "la cruz de la Trompetona".

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  23. Gracias, Quino, por la información. He estado unos días en La Palma (para reencontrarme con mis raíces )y pregunté a todo dios por la dichosa Cruz. Unos decían que si en Breña Alta, otros que si en Mazo (lugares todos famosos por el engalane de cruces), pero ninguno estaba seguro. Te agradezco que hayas seguido indagando y que me lo hayas dicho. Un abrazo.

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