lunes, 2 de septiembre de 2013

En pelota por el mundo




La historia de la humanidad es la historia de una imposición: la del vestido.

Nacemos en pelota picada y ahí ves enseguida a las madres empeñadas en ponerte patucos, faldellines, pijamas, pañales, ranitas, camisetas, vestiditos, y ¡hasta manoplas en las manos! Y tú te agitas y pataleas y lloras, reivindicando tu verdadero ser desnudo… Pero, al final, te rindes y pasas por la vida vistiéndote todas las mañanas de distintas cosas. Por ejemplo, mis coetáneas y yo, de niñas, con pamela, cancán y traje almidonado los días de fiesta; en el colegio, de uniforme negro horroroso y boina de plato los días normales, y de uniforme blanco, lazo negro y velo (más horroroso todavía) los días de gala; de traje largo blanco y otra vez con velo y un casquete parecido a una lechuga, cuando te casas; de trajes discretos (no vas a ir de lagarterana) en el trabajo… Y así sucesivamente: trajes de mañana, trajes de tarde, trajes de noche… Y en el grito: “¿Qué me pongo hoy?” parece resonar el primitivo y atávico: “¿Y si no me pongo nada?”.

Y es que, al mismo tiempo que la mayor parte de nosotros nos hemos ido embutiendo encima pieles prehistóricas, armaduras que nos hacían parecer latas de sardinas, trajes de monja, rey o pirata que señalaban un status, miriñaques o pelucas empolvadas (y empiojadas)…, hay una pequeña parte de la humanidad empeñada en lo contrario, en recuperar esa alegría natural que sienten los niños cuando van dejando su ropa atrás y son, como en las tiras de Mafalda, “el Guille en versión completa huyendo de la censura”.

Personas como los strippers que se quitan la norma (y el vestido) de encima y corren para protestar por cualquier hecho –la homofobia, la guerra, la discriminación…-, desinhibidos y en cueros, ante escandalizadas autoridades de chaqueta y corbata.

O como aquel que vio mi amiga Ani en la Playa de Las Gaviotas, completamente desnudo, pero eso sí, con sombrero y bufanda roja al cuello, no fuera a resfriarse.

O el que estos días fue por las carreteras de Sevilla en moto, borracho y como su madre lo trajo al mundo, perseguido por la policía. Acabó tirando la moto y escondiéndose en un campo de girasoles, igual hasta diciendo: “¡Cucú! ¡Aquí estoy!”.

Es esa parte de la humanidad que no ha olvidado su origen primigenio; la que todavía siente el peso de la ropa sobre el cuerpo (y quien dice ropa dice tradición, raíces, costumbres); la que envidia a las tribus primitivas; la que preferiría ir desnuda, en pelota, en bolas, en cueros vivos, en porretas, con el culo al aire.

Es la humanidad, en fin, que se identifica totalmente con Adán y Eva antes de la serpiente y maldice la hoja de parra y sus derivados que nos hemos ido poniendo, capa tras capa, después.



(Imágenes: "Adán" y "Eva" de Durero, y la tira de Quino sobre el Guille en versión completa)

22 comentarios:

  1. Pues yo soy muy poco (des)nudista, es más creo que en una vida anterior fui la que les hizo esos taparrabos de hoja de parra a Adán y Eva, porque me encanta la ropa, si no existiera ¿qué cotillearíamos en los Oscars? ¿quién ha ganado? Pero venga hombre... ¿y eso a quién le importa? :-)

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  2. Oye, Loque, pues te quedaron chulísimos. Marcaste tendencia, desde luego.
    Si no existiera la ropa... abre un mundo de posibilidades. Se acabaría la industria porno, con todo el dinero que mueve; no podríamos distinguir quién es el Papa, el policía, el bombero, el turista, el médico, la cantaora... ¿Y qué me dices de la Reina del Carnaval? Difícil la elección. Y los carnavales, adiós que te guarde el cielo. Aparte, el frío que pasaríamos... Nada, nada, vestiditos estamos más guapos.

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  3. entre "qué me pongo?" y "qué hago de comer mañana?" se nos va la viada....
    hay que ver las ideas que dan los nietos....

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  4. Yo, también prefiero ir vestida. No es que la ropa sea mi delirio, me encantan unos vaqueros y una camiseta, y con ellos me encuentro cómoda, pero entonces intervienen las amigas. Nosotros tenemos una partida de carta una vez a la semana, casi nunca podemos jugar tan a menudo, porque la mayoría son abuelas, y tienen obligaciones prioritarias con sus vástagos. Cuando vamos a la partida nos ponemos divina de la muerte, y no porque nos apetezca demasiado, vamos así porque hay una que va impecable siempre. Cuando ella falta, hay quien dice "si lo llego a saber, vengo con un bambito".

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  5. Querida Jane, siempre tan ocurrente en los temas de tus blogs.
    Cuando leí el que hoy publicas, me llamó la atención el comentario que hizo Ani sobre: -"hombre desnudo en la playa de Las Gaviotas, con sombrero y bufanda roja..."-
    Lo primero que me vino a la mente fue la imagen del cartel de Toulouse-Lautrec en el que representa al famoso cantante de cabaret Aistide Bruant en el Ambassadeurs, con su sombrero y su bufanda roja... Cantante de los pobres y desfavorecidos y crítico con los ricos, que por snobismo se acercaban a Montmartre a vivir por unas horas, como los pobres...
    ¿No sería ese caballero de Las Gaviotas una reencarnación del mismísimo Aristide, que no pudo resistir la tentación de recibir desnudo la caricia del Atlántico...? ¡Eso sí, sin renunciar a su sombrero ni a su sempiterna bufanda roja!

    También rememoro otros desnudos artísticos y maravillosos, captados a través de la lente de Man Ray, los de Kiki de Montparnasse (la desdichada Alice Prin), musa del dadaísmo y surrealismo que el fotógrafo retrató en todo su esplendor en obras como en "Le violon d'Ingres"

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  6. Anónimo:
    Esas precisamente son las preguntas fundamentales de la vida. Nada de ¿de dónde vengo? o ¿adónde voy? o ¿por qué el ser y no la nada? Los filósofos tendrían que habernos preguntado a nosotras, las mujeres. La pregunta ¿qué me pongo? es peliaguda y lleva, además, el corolario "No tengo nada que ponerme". Pero la otra, la de "¿Qué hago de comer mañana?", esa requeriría un estudio, casi una tesis doctoral. En mi casa a esa pregunta se siguen comentarios del tipo "¿Y para qué quieres todos esos recetarios?"

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  7. Esperanza:
    Eso es verdad, ponerse divinas de la muerte se hace sólo cuando una va a quedar con las amigas. A mí me pasa cuando bajo a Santa Cruz, que me pinto y todo, así vaya a una diligencia, no sea que me encuentre con mis amigas y digan: "Vi a Jane y hay que ver lo estropeadita que está, sin color ni nada". Como también decía Mafalda "hay que maquillar los "ya" para que parezcan "todavía".

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  8. Cándidaeréndira:
    No se me había ocurrido lo de que el caballero de la bufanda roja y el sombrero fuera la mismísma reencarnación de Aristide. Dentro de poco, que voy a ir a Las Gaviotas, ten por seguro que allí estaré ojo avizor a ver si me lo encuentro. Todo sea por el arte.
    Y hablando de arte, tienes razón, hay desnudos preciosos. Los mismos Adán y Eva de Durero, el David de Miguel Ángel, la Venus del espejo... Es uno de los grandes y más bellos temas que el hombre ha reproducido.
    Hace poco leí una novela (creo que era "Una tienda en París" de Maxim Huerta) en la que se retratan a todos esos personajes del París de los años 20.

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  9. ¡Pero, qué buena eres, Jane. Todo lo que consigues hilar a partir de una bufanda roja y un culo (y lo que no lo es) al aire!.
    Esto de ver gente que anda por el mundo como Dios la mandó, pero bastante más crecidita, lo tengo superado desde mi más tierna juventud. Una juventud coetánea de quienes se escandalizaban si veían dos tercios de un pecho y medio pezón, al aire.
    Los estudios de Bellas Artes, sin modelos humanos vivos y desnudos, ni son estudios ni son nada. Los tuve de todo tamaño, género, raza y edades. Desde una guapa señora mayor, de rebosantes carnes por toda ella, pasando por un hercúleo negro retinto, que nos dejó plantados y con el boceto a medio hacer, un atlético y apolíneo chico de esta tierra, que poco tiempo después me encontré de guardia urbano, hasta dos bellezas americanas, jóvenes y muy bien formadas. Una, norteamericana y la otra, cubana. Ellas, con desnudo integral. Ellos, con una suerte de horrendo taparrabos, por aquello de la censura de la época. Hoy, por fortuna, no hay distinción y todos se desnudan por completo.
    Esto hace que una, cual médico, vea a los desnudos más, desde un punto de vista profesional, que desde otro cualquiera. Bueno, a decir verdad, más que como médico diría yo que como artista, lo que, probablemente, haga que aprecie, además, su posible belleza.
    Pero lo mejor de estos modelos desnudos es que, sin ellos, probablemente Durero, Miguel Ángel, Velázquez, Rubens, Botticelli, Degas, Dalí, Sorolla, Picasso, Renoir o Goya, no hubieran podido realizar esas obras de arte que hoy admiramos.

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  10. En mi casa tenemos un autentico fan del nudismo y ese es el monillo, es más ha llegado a mis oidos el relato que este mes de julio, que lo expatrié a pintxolandia con los abuelos, una tarde no hubo narices de vestirle nada más allá de unos canzoncillos. Por supuesto lo he sabido por boca de mis amigas y no de mis padres....
    El en cuanto llega a casa se despoja de todo lo que pilla, en cambio su madre, es decir la menda, no termino de hacerme fan del nudismo, cuestion de gustos.

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  11. Cehachebé:
    Tú sí que te has puesto las botas, ¿eh? Y nosotras en clase de dibujo con Don Alonso Reyes dibujando jarroncitos de nada...
    La verdad es que entiendo al hercúleo negro retinto que los dejó plantados ¿Te imaginas estar quieto totalmente en cueros durante bastante rato sin poderte rascar ni la nariz? Yo me pondría de los nervios. Lo que no entiendo es esa discriminación de ellos con taparrabos ("paño de pudor" dice mi amiga Conchi, cuando se quiere poner fina)y ellas en pelota picada ¡Y las hojas de parra que las autoridades eclesiásticas mandaron poner en todas las estatuas que enseñaban "las vergüenzas", como se decía antes!
    De todas formas, debe ser una gozada dibujar, tan bien como tú lo haces, un modelo vivo y no una ristra de ajos. También leí hace poco un libro sobre una pintora de retratos ("Tu vivo retrato" de Isabel Wolff) donde habla de la imposibilidad de dibujar retratos a partir de una foto. Tiene que ser un modelo presente, que mire, respire y sienta.

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  12. La madre del monillo:
    ¡Eso mismo hacen mis nietos, y mira que ya tienen una edad! Lo primero es quitarse los zapatos y andar descalzos todo el tiempo. Y si pueden estar ligeritos de ropa, mejor. Eso del pudor, como que no es un valor que vaya con ellos. En cambio a nosotros nos lo embutieron a nalgadas ("una niña no se levanta las faldas para rascarse la barriga", "una niña no se desnuda en público", bla, bla, bla). No es que eso haya estado mal (algunos van mejor bien vestiditos), pero ni tanto ni tan poco (como decía Aristóteles con palabras más filosóficas)

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  13. A cuenta de el vivir en pelotas, me vino a la memoria el milagro maravilloso de San Pascasito.
    Por si no lo sabes, cuentan que el santo estaba tan harto de ver y padecer de la humanidad tan despreciable por su egoísmo, por querer enriquecerse en lo material, por no sentir amor por el prójimo, que decidió desaparecer de la urbe donde vivía y adentrarse en el desierto, para estar en la soledad. Caminó mucho bajo un sol de justicia hasta que encontró una cueva donde refugiarse y, aprovechando el frescor, se desnudó completamente para flagelarse más directamente sobre su delicada piel. Al salir de su guarida se dio cuenta que no podía andar mucho si no se ponía sobre su cabeza el sobrero de paja que tenía. Así habitó en el desierto muchos meses, desnudo con su sombrero como única protección y alimentándose de los bichos que encontraba: termitas, escorpiones, arañas, murciélagos, lagartos.... Era realmente un anacoreta. Hasta que un día vio venir allá en el horizonte alguien. ¿Será un espejismo?. Pues no. A medida que se acercaba aquella mancha diluida por el calor de la arena se dijo: ¡Es el diablo que viene a probarme!. Esperó sobre una roca y cuando distinguió la silueta ondulada de una mujer, rápidamente cogió el sombrero con las dos manos y se cubrió pudorosamente sus partes. Ahhhh, era realmente el diablo, porque la mujer, que estaba casi desnuda y que era hermosa, de manera tortuosa le preguntó: Señor, ¿donde queda el norte?. Pascasito amablemente señaló con el brazo derecho extendido a una dirección mientras sostenía el sombrero abajo con la mano izquierda. Seguidamente la mujer volvió a preguntar: ¿Y donde está el sur?. Y Pascasito indicó la dirección contraria con el brazo izquierdo extendido, de manera que se quedó como el señor Jesucristo en cruz. ¡Y HE AQUÍ CUANDO SE PRODUJO EL MILAGRO, PUES SU SOMBRERO SE MANTUVO EN EL MISMO SITIO Y NO SE CAYÓ AL SUELO!

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  14. Enrique, maravilloso milagro el de San Pascasito. Me encantó la mujer preguntándole de manera tortuosa por el norte y por el sur, la muy pérfida y tentadora. Ya decía yo que los desiertos existen para algo, para acoger en su seno a gente como San Pascasito a los que les gustan más los escorpiones crudos que los solomillos a la brasa, y que gozan flagelándose en la piel desnuda. eso sí, no sin mi sombrero, no sea que les dé una insolación.
    Me has hecho reír un rato. Un abrazo.

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  15. Gracias Isa, graciosísimo.
    Yo pertenezco al sector de homínidos para los que la ropa es como el arte. También por cierto sometido a las condicionantes económicas que impone la sociedad de consumo. Y creo en cosas tan pintorescas como la elegancia de izquierdas y la de derechas y el mal gusto en el vestir (y en el peinar) de izquierdas y de derechas. Y no puedo aceptar que por ser de izquierdas vistas mal. Me remito por ejemplo a Mercedes Cabrera (aquella que fue ministra del PSOE, y que creo que para la universidad resultó malísima), esa mujer era la petronia de la izquierda española. O Emma Bonino, la de la izquierda italiana. Y asi.
    También para vestir a las crías de homínidos hay una estética muy muy especial.
    Bueno, infinito tema para divertirse como muchísimos de los que se te ocurren cada día. Que inteligente eres!!.
    Besos
    Ana

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  16. Gracias, Ana, tú que me quieres
    El caso de los y las políticas en el vestir tiene su aquel. He visto diseccionar la vestimenta de la Lagarde (¡qué elegante va siempre!) o de la Merkel (¡fatal!), pero rara vez se mete el personal con los trajes y peinados de Hollande o de Rajoy. También es verdad que son más aburridos, todo hay que decirlo. Deberían renovarse, ponerse foulares, batas de cola... Esas cosas.
    Besos.

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  17. Querida jubilada Jane, para mí la vida sin ropa sería bastante aburrida. Creo que la ropa forma parte de la evolución del hombre,, a distintas épocas distintos estilos , como todos ya sabemos. Es más creo que por la ropa que usamos podemos conocernos un poco más, los que cuidan los detalles, los deportistas, los pasotas, los elegantes , los sexis , los no sexis los imaginativos , los de falta de imaginación... En fin, creo que la ropa es un mundo fantástico que tenemos a nuestro alcance , si no, preguntenselo a Coco Chanel cuando la vean

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  18. Difícil, Pili, que la veamos, pero es verdad que todavía su estilo perdura. Lo que ya no existen son aquellas casas de costura de antaño, que hoy se han convertido en marcas y en multinacionales que mueven millones de euros ¡Imagínate si se impusiera la moda del nudismo! La moda individualiza pero al mismo tiempo es un escaparate hacia los otros. En revisas de moda he leído reportajes sobre iconos y me gustan las que se aceptan, como Ángela Molina que dice: "Con o sin maquillaje, con o sin canas, tengo los años que tengo y me gusta como soy".
    Tienes razón, es un mundo fantástico.

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  19. Hoja de parra, paño de pudor, taparrabos (tan directo), protegehuevos o protegegüevos, suspensorio (para los que hacen deportes como Karate, lucha libre...)...
    Un poco de veladuras también son sugerentes. Yo creo que la hoja de parra tiene su aquel, porque interviene al menos durante un rato la imaginación elucubrando qué habrá y cómo será lo que está debajo... ¡Llegará con el desvestirse el encanto o el desencanto del que observa!
    Un burka, no, ni la sábana con ojal de "Como agua para chocolate", pero un "alguito" para un juego de seducción ayuda mucho.

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  20. Es verdad, Conchi, no me acordaba de la sábana con el agujero puesto en el sitio justo en "Como agua para chocolate" en donde el chico tenía que decir antes de acostarse con su mujer. "Señor, no es por vicio ni por fornicio, sino por poner un hijo a tu servicio". Entre la sábana y el rezado, la libido para la porra.
    Siempre se ha dicho que es mejor sugerir que enseñar. A lo mejor, eso es lo que pretendía el "Braguettone", el pintor que tapó todos los desnudos de la Capilla Sixtina durante la Contrarreforma. Hartazgo de pudor que les dio...

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  21. Hola Jane. Sobre lo del nudismo, me imagino que la educación influye mucho. A mí no me criaron en el miedo al infierno por llevar poca ropa, al menos no en mi casa; en la escuela era otra cosa: Entre algún cura reprimido que me dió Religión (no todos, por suerte) y alguno del Frente de Juventudes para los que enseñar el cuerpo era pecado, y arderíamos en el infierno. A pesar de todo, me cuesta lo de no llevar ropa en público, aunque alguna vez me he bañado sin ropa en el mar, y es una sensación al principio rara, pero después de un rato da sensación de "libertad".
    Como verás el ser humano está lleno de pequeñas contradicciones con las que hay que vivir. Un beso Jane.

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  22. Es verdad, Juan, llevamos todo el peso de la educación encima. Los padres y los abuelos nunca se desnudaban delante de los hijos y conocí a una señora que se vanagloriaba de que su marido nunca la había visto desnuda, fíjate tú.
    Anoche estuve viendo una película ("Mrs Henderson" con esa actriz genial y tan bella a su edad que es Judi Dench) que trata de un hecho real, la creación de un teatro musical en el Londres conservador de los años 20 y 30 del pasado siglo en el que hay desnudos. Y no pasó nada. Ni se desmoronaron los pilares de la civilización ni nadie ardió en los infiernos.
    Un beso, Juan, y bienvenido a la cruda realidad. Suerte.

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