lunes, 1 de septiembre de 2014

La foto antigua



En toda casa hay una gaveta, un armario o un baúl al que van a parar las cosas perdidas. Son lugares para rebuscar y encontrarte de pronto con fotos olvidadas, con recortes antiguos (¿Para qué querría yo ese artículo sobre la guerra del Vietnam en el año 70?), o con objetos que alguna vez ocuparon un lugar mejor.


Me tropecé con esta foto hace poco mientras buscaba otra. Es del año 55, tomada en un garaje de coches de la Avenida del Cementerio en Caracas, y en ella aparece un grupo de chicos jóvenes emigrantes en Venezuela. Como en la canción de Braulio, son "canarios que siguieron la llamada de la América remota". Todos son veinteañeros; todos son de Tenerife -y algunos del mismo pueblo-; todos salieron de la isla porque no encontraban salidas ni metas hacia las que encauzar la energía que les hormigueaba en las venas; todos llegaron con la maleta llena de ilusión y esperanza y todos sueñan con regresar con fortuna. Entre ellos hay lazos familiares y de amistad. Incluso tres comparten casa, una quinta grande cerca de Los Cármenes.

El niño es el centro de la foto. Su sonrisa confiada nos dice que no sabe nada de las historias que hay detrás de cada rostro. No sabe cómo su padrino Antonio -que lo protege con su brazo en el hombro- echa de menos a la mujer y a la hija que dejó en la isla y a quienes jamás volverá a ver. No sabe de las puertas cerradas que cada uno encontró para atreverse a abandonar el hogar seguro ni de los sacrificios que tuvo que hacer la familia, allá en el pueblo, para ello. No sabe de lloros ni de despedidas ni de la dureza de abrirte camino sólo con tu coraje y tu trabajo en un lugar desconocido.

No, el niño no mira al pasado. De este país, hermoso y acogedor, él está ahora atesorando momentos que recordará para siempre: los niños, en la isla Margarita, que bajaban al fondo del agua a coger las monedas que les tiraban desde el barco durante el viaje; la unión que se forja entre los exiliados; las tardes en el patio de una carbonería jugando a las bolas criollas; los asados en El Junquito; los baños en Maiquetía, en playas llanas con cocoteros casi cayendo sobre la arena blanca; los viajes hasta Barlovento acompañando a su padre a repartir cervezas en un camión enorme del que le permitían alguna vez coger el volante...

Tampoco el niño se plantea el mañana. No sabe que, de este grupo, sólo cuatro volverán a su tierra: Cosme, el del bigotito tipo Errol Flynn; Alfredo (al centro, arriba), que hará fortuna y se comprará una finca en el sur; Federico (a la izquierda, de pie), que será alcalde democrático de su pueblo; y Paulito (a la izquierda, en cuclillas) que todavía vive y que acaso recuerde el momento en que alguien, tal vez el dueño del garaje, los reunió para hacerles una foto que mandar a casa.

Pero incluso para los que se quedarán en Venezuela, amándola y haciéndola su patria, el niño representa el futuro. Los que lo rodean parecen arroparlo como si supieran que en él y en otros como él se cumplirán los sueños de una vida mejor. 

El niño tiene pecas, ojos azules y la mirada curiosa y a la expectativa, tan semejante a la de mi nieto. Volverá a casa al año de esta foto; estudiará y hará la carrera de Ciencias Físicas; se casará y tendrá hijos y nietos. Y no tendrá que emigrar nunca más ni conocerá el desarraigo. 

"Venezuela siempre ha sido para el hombre de mi tierra la esperanza que convoca..."


26 comentarios:

  1. malisuabe@hotmail.com1 de septiembre de 2014, 12:42

    Tan cierto Isa.....para los que llegamos aún mas pequeños que ese niño de la foto(que ya sabemos quien es) y al contrario de él nos quedamos e hicimos aqui nuestra vida,éste Pais tiene "algo" que nos ata, nos atrae, a pesar de las dificultades y los problemas que puedan existir actualmente.Es algo inexplicable,pero es algo que hace que cuando estás lejos de él añores regresar rápido para volver a sus costumbres, a sus olores, a todo lo que ya tienes metido en tu propia sangre.........No se si me explico y algunos creeran que estoy uin poco loca,pero es la verdad de lo que siento....Venezuela es mi patria,no nací aqui...quiero tambien a la tierra donde lo hice,pero me duele Venezuela en el fondo de mi corazón...........

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    1. Me ha emocionado tu comentario, Ligia. Es la octava isla (o la novena, por si me oyen los gracioseros). Como dice Braulio también en la canción:
      "Se equivoca quien sostiene
      que son siete nuestras islas
      y se olvidan de que hay otra (...)
      Otra isla de nostalgia
      en la inmensa exuberancia
      de esa tierra generosa,
      donde viven y se afanan,
      donde muere, donde ama
      tanta gente compatriota..."
      También parte de mi familia se arraigó ahí (mi abuelo y parte de mis tíos) y sus sentimientos son muy parecidos a los tuyos: se sienten venezolanos y en las circunstancias actuales les duele Venezuela. Pero ese país está formado por gente con coraje y volverá a ser grande. Esa es mi confianza.
      Un abrazo.

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  2. Qué bien escribes malandrina, y qué capacidad tienes para llenarnos de intriga e interés por las historias que cuentas.

    En este caso es imposible no preguntarse (creo yo) por qué el padrino nunca volvió a ver a su mujer e hija, o qué les ocurrió a los que se quedaron ahí, o más de los que vinieron...

    Ese niño ¿es tu Santo? Mira, de ese sabemos que se casó bien.

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    1. Gracias, Loque.
      Sí, el niño es mi marido y era entonces calcadito a David. mi nieto (casó muy bien, se llevó un chollo de mujer ;-D). Esa foto siempre me ha gustado: hombres hechos y derechos, serios y confiados en lo que están haciendo, y luego el niño en medio, feliz, como si estuviera en medio de un juego.
      ¿Por qué no volvían? Yo creo que sobre todo por dos razones. Una era el fracaso, el hecho de no hacer fortuna, de no poder llegar al pueblo con coche ("haiga") y hebillas de oro en el cinturón, la frustración y la vergüenza. La otra era que hacían otra vida allí, otra familia paralela, otro ambiente, otros amigos. Sentían que su lugar era ya ese y las islas se veían cada vez más lejanas. Mi abuelo, por ejemplo, no volvió por esa razón, y, cuando mi abuela murió aquí, él se volvió a casar con 80 años con la mujer con la que había vivido allí casi toda su vida.
      No sé cuál de las dos razones tuvo la culpa de que el padrino del niño no volviera nunca.

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  3. Hola Isa. Ya te he dicho que me gusta mucho como escribes pero este de hoy especialmente, pues soy hija y nieta de emigrantes. Me he permitido "robarte" la foto de Antonio de niño en Venezuela y su memoria...y ponerla junto a las que tengo de mi propia familia (también a Cuba)...

    Antonio, por suerte, no ha tenido que emigrar pero, por desgracia,muchos de la generación de sus hijos si...repitiendo en estos momentos la historia de sus abuelos y de Canarias...

    Muchos besos, Ana

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    1. Yo creo que es raro el canario que no haya tenido familia emigrante en América. En mi caso mis dos abuelos emigraron. Uno, solo, a Venezuela, donde se quedó. El otro fue a Cuba con toda la familia y allí nació mi padre. Volvieron a los 3 años. Tú y yo hemos oído muchas historias de penalidades, triunfos, fracasos, odiseas... de aquellos que volvieron. Todas los días de Navidad y mientras los niños fueron pequeños, venían a comer a casa mi tío Manuel y mi tía Agustina. Recuerdo las sobremesas de ese día, ellos dos venga a contar historias de Venezuela, y los niños, embelesados, sin levantarse de la silla, con las orejas de par en par.
      Es una pena que la situación vuelva a repetirse. Aunque mi marido piensa que no es igual afortunadamente. Nuestros hijos llevan un bagaje cultural distinto a muchos de los que se iban antes, algunos de los cuales casi ni sabían escribir. Pero no cabe duda de que te están obligando en los dos casos a no elegir el lugar en el que quieres vivir. Y eso es lo que es terrible.
      Muchos besos.
      PD: Por supuesto que puedes "robar" la foto y los recuerdos. Sé que esos materiales forman también parte de tu labor de historiadora.

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  4. Es un placer leerte, mi niña. Gracias infinitas. Muchos besitos para todos.

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    1. Gracias, Cacaíta. Es para mí también un placer tenerte ahí, al otro lado. Tú también conociste de primera mano historias de emigración y sabes de lo que hablo.
      Un beso grande.

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  5. Es verdad que entonces yo no era consciente de lo que era la emigración. Para mí los escasos 2 años en los que viví en Venezuela fueron años felices en los que iba siempre al rabo de todo el mundo. Recuerdo que me iba a menudo con Cosme y Paulito -que repartían queroseno- en un camión-cuba enorme hasta un pueblo (o barrio, tal vez) llamado Coche y hasta otro llamado El Valle. Con ellos también vi una presa grandísima de agua llamada La Mariposa cerca de la Panamericana (creo), que me dejó asombrado. Todo era nuevo y sorprendente para un niño que no había salido de su pueblo.
    Te hablaré de aquellos de la foto a los que no nombras. El 2º por arriba se llamaba Ángel Custodio, era soltero y primo de mi madre. Alfredo es mi padre. El de la derecha arriba era Casiano, hermano de Paulito.
    Delante, el más moreno y el de la derecha eran mecánicos del taller y creo que eran de San Miguel de Abona. No me acuerdo del nombre del que está delante de todos.
    Me siento identificado con Ligia. Venezuela tiene algo que te atrapa. Aunque estuve muy poco y muy pequeño, no la he olvidado y hoy siempre leo cualquier noticia que te llega de allá.
    En esa foto tenía 9 años. Cumplí los 10 en el mar, de vuelta a Tenerife, en un viaje terrible de 15 días, en el que en dos de ellos, zarandeados por una tormenta, estuvimos sin podernos quitar el salvavidas de encima, Ahora tengo 68 y recuerdo todo lo que te he contado como si hubiera pasado hace muy poco.

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    1. Gracias por contar tus vivencias y compartir tus recuerdos. Y lo del viaje de vuelta y el miedo que pasaste te lo he oído contar muchas veces.
      Porque esa es otra. Los viajes de aquel momento tenían el añadido del peligro, de las malas condiciones, de que las travesías eran eternas y de que muchas veces, como le pasó a tu tío -un chico de 19 años que iba a Cuba con su padre- enfermaban y morían en el viaje. Y todos arrostraban esas penurias en busca de la tierra prometida.
      Los objetos traídos -baúles de cedro o copas de cerveza "Caracas"- nos hablan de un tiempo en el que nuestros mayores tuvieron que enfrentarse a calamidades en otro país. Ojalá no vuelvan.

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  6. Isa, el niño supongo que es Toni ¡Qué magníficamente reflejado lo que es un emigrante! ¡Cuántos recuerdos y sentimientos han aflorado! No pude contener las lágrimas.

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    1. Tú, que pasaste por lo mismo, eres la más indicada para sentirte reflejada. Todavía me acuerdo cuando a los 15 años me contaste que te ibas a ir a Venezuela con tu padre. Casi nos da algo. Y mira que hicimos para convencerte de que te quedaras. Hasta las monjas, que no querían perder a una alumna brillante, te hicieron su oferta.
      Pero tú ya eras mayor para saber elegir. Y mira, allí conociste a tu marido, allí nacieron tus hijos y llevaste la vida que querías.
      Y lo mejor de todo: volviste y te tenemos con nosotras. "Lindo haberlo vivido pa poderlo contar", como decía Cafrune.

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  7. Soy, Isa, de la generación hija de la que se vio forzada a emigrar, para buscar mejores tierras donde, sobre todo, trabajar y ganar dinero, para enviar a los padres y ayudarles a salir adelante, en esta tierra castigada y depauperada por una guerra fratricida que sólo consiguió eso, que muchos de sus ciudadanos tuvieran que ir a buscar la fortuna muy, muy lejos de sus hogares paternos.
    Tuve la suerte de que los míos se quedaran aquí, pero no tuve la suerte de conocer a muchos de mis tíos y, menos aún, de un montón de primos que nacieron al otro lado del Atlántico. No pude jugar con ellos, ni verlos crecer conmigo. A algunos los conocí ya mayores y hoy disfruto de su cercanía, porque se han vuelto a la tierra de sus padres. Por contra, tengo la enorme pena de no haber conocido a la mayor de todos ellos, que nunca pudo volver, que hace un año que murió en Venezuela y que todos cuentan maravillas de ella .
    Desde muy niña oía contar en casa los avatares que vivieron mis dos tíos más jóvenes, para salir de aquí, camino de Venezuela. De cómo tuvieron que trabajar con denuedo, para comprarle una casita a sus padres. De cómo se casaron con ciudadanas cubano-venezolanas y tuvieron sus hijos allí. De cómo lograron salir adelante y regresar a Canarias, después de 40 años allá, porque era su sueño...
    Esas y mil historias oí, y sigo oyendo, porque el desarraigo no sólo lo sufren los que se van, sino también los que nos quedamos y esas fracturas marcan, para siempre, a unos y a otros.
    También, como Ligia, alguno de mis primos sienten que Venezuela les ayudó, cuando más lo necesitaban, y hoy son incapaces de abandonarla, a pesar de cómo viven su deterioro y a pesar del amor que siguen sintiendo por sus orígenes. Con la esperanza, siempre, de verla renacer de las cenizas y de, si pueden, contribuir a que eso suceda. Allí están sus hijos y sus nietos y esas son raíces tan profundas, o más, que las que aún quedan en su tierra.
    Por todo este bagage familiar, comprenderás, Isa, que tu post me haya llegado al alma, de un modo muy especial, y me haya emocionado. Profundo, certero y muy sentido. Mi enhorabuena, querida amiga, por tu facilidad para contar lo más difícil y doloroso.

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    1. Me gusta lo que dices de que el desarraigo no sólo lo sufren los que se van, sino también los que nos quedamos. Recuerdo lo desolada que me quedaba con las partidas (de mis tíos Pepe y Nola, de mi primo Mingo, de Úrsula...) Y eso que en el muelle lo disfrazaban echando serpentinas desde la borda del barco como si se fueran a una fiesta. Demasiado sabíamos nosotras que iban con un destino incierto, que igual no los volveríamos a ver y que las cartas tardaban semanas en ir de un sitio a otro.
      Todavía me sigue asombrando que ahora le contemos algo a Ligia en el guasap y que inmediatamente nos conteste desde el otro lado del mundo. Este se ha vuelto más pequeño y manejable. Tal vez la emigración ha cambiado de cara a pesar de que sigue siendo una realidad amarga.
      Gracias por tu comentario. Siempre tan sensible y certero.
      Un beso.

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  8. Esta vez me has emocionado. Por todo lo que ese niño tenía por delante y no sabía. Porque hay otro niño que se le parece mucho y que idolatra a su abuelo, que tampoco sabe lo que le espera. Y yo, que soy el puente entre esos dos niños, ruego porque lo que les espera, tanto a uno como a otro, sea bueno.

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    1. Qué bonito lo que dices, Ana.
      Tal vez lo bueno que tiene la vida es esa incertidumbre, el que no haya nada previsto ni prefijado de antemano, de manera que sean tus elecciones las que hagan el camino. "Se hace camino al andar".
      Yo rogaría por que esas elecciones sean libres y pensadas, por que, cuando los niños sean adultos, no haya nada ni nadie que les obligue a hacer algo contra su voluntad, como marcharse a otro país porque no les queda más remedio. Y rogaría también, como tú, por que lo que elijan sea bueno, o por lo menos, por que se equivoquen lo menos posible.

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  9. Jane, te lo voy a decir en buen "criollo": A vaina pa´buena lo que escribiste...! Lloré, si, mucho. de pura nostalgia. Para empezar, uno de la foto me es muy conocido. Me refiero a Casiano. Viviamos en ese tiempo por los lados de la Cortada del Guayabo y el era quien nos suministraba el kerosene a domicilio. Tenía una camioneta de color rojo, marca Chevrolet, con un tanque acoplado. Tal vez tu esposo lo recuerde.Al tiempo nos mudamos y le perdimos la pista. Como todo isleño que ha emigrado (en mi caso, me trajeron, no soy culpable de la sampablera que se ha formado por estos lados) también tengo recuerdos parecidos a los que mencionas. Por ejemplo, mi abuelo paterno se fue a Cuba. Allí enraizó y formó nueva familia y muchos de ellos viven ahora en Santa Cruz. Pero en definitiva, este es mi país. Aquí están mis querencias. De mis padres, uno abona la grama del Metropolitano de Maracay, mi madre. La tumba de mi padre en el Cementerio General del Sur, en Caracas, fue profanada. Invadida, sentenció la autoridad de turno, no me jodan. Mi abuela paterna descansa en un pueblo llanero, pueblo en el cual muchos canarios hicieron grandes fortunas con el cultivo del tabaco. Y..., en la ciudad donde vivo, bajo las aguas del Lago de Valencia o de Los Tacariguas, está uno de mis tesoros: Mi hija. Como era Periodista (Licenciada en Comunicación Social) tal vez le dió por aquello de recrear a Julio Verne y sus 20.000 Leguas de Viaje Submarino. Agradecimientos a Venezuela, me faltaría espacio para detalllarlos. Soy un beneficiario de la era democrática, de la UCV, de FUNDAYACUCHO. Algún día, tal vez no muy lejano, me dé una vueltica por esos lares. Estoy esperando que el Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria (nombre pa´largo, no) me cancele mis Prestaciones Sociales. Ya voy pa´5 años. Un abrazo y a cuidarse, pues.
    P.D. Me solidarizo con todos Ustedes, especialmente con malisuabe.

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    1. Agroteide, me he quedado asombrada y mi marido, impresionado de que después de ¡casi 60 años! recuerdes a Casiano. Es el momento de decir lo de qué casualidades tiene la vida y lo de que el mundo es un pañuelo, Si lees más arriba el comentario de mi marido (el niño de la foto), verás que lo nombra diciendo que era hermano de Paulito (que también repartía queroseno). Y también él dice que se siente identificado con Ligia (malisuabe). Creo que son pocos los que han ido o viven en Venezuela que no se hayan enamorado de esa tierra grande y generosa.
      Disfruta de ella, guarda en tu corazón tus querencias y no pierdas la esperanza de darte una vueltita por estos lares. Ya sabes que te tengo prometido un puchero, o una vieja con papas arrugadas o lo que te apetezca.
      Un abrazo y a cuidarse, pues.

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  10. ¿Quién no tiene un emigrante en su familia?
    Primero fue Cuba, después Venezuela, Alemania y ahora cualquier lugar del"mundo mundial"
    Mi padre fue a Cuba y Venezuela. Se fue cuando yo tenía 2 años, vino cuando tenía como 9 y murió dos años después
    Hubo unos años de mi infancia que no nos "disfrutamos" ninguno de los dos y después se me muere.
    Esos dos años los viví con mucha intensidad, eso sí.
    Pero mi trato con emigrantes a Venezuela me ha hecho ver el amor que todos ellos le tienen y su fe en ese país, y gracias a él y al trabajo de mi madre, vivimos muy bién

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    1. ¡Qué pena, Dulce! Pero al menos lo tuviste y él te tuvo a su lado durante 2 años. Hay muchos que no vuelven nunca. Mi madre vivió sola con mi abuela durante su infancia y juventud, y por cartas que he leído de ella, sé que no era una buena situación. La emigración forzosa es un mal para cualquier país y para cualquier familia. Por eso, cuando veo a los que quieren venir a Europa desde África, empujados por el hambre y por la falta de horizontes, no puedo evitar acordarme de esos canarios a los que no les quedó más remedio que marcharse para que nosotros tuviéramos una vida mejor.

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  11. Hoy has tocado un tema especialmente sensible para mí, la emigración a Venezuela. Por algún cajón tengo fotos similares. En todas o casi todas las casas había algún familiar que tenía que emprender la marcha para mejorar sus condiciones de vida. En mi casa se vivió intensamente este hecho porque en Santa Cruz era el centro de operaciones de muchos del pueblo para arreglar papeles y terminar equipajes. Luego venían las despedidas en el muelle, con el barco tocando pitas y los emigrantes en la baranda dando el último adiós y todos en tierra llorando. Otras veces íbamos a recibir a alguien que volvía. Unos contentos de regresar después de intentarlo y otros contentos de poder venir a ver a la familia.
    Nosotros en el muelle pura fiesta esperando y con la vista en el horizonte para divisar las primeras luces del barco. En aquel momento era una incertidumbre saber concretamente la hora de llegada. Nada que ver con la cercanía que afortunadamente podemos compartir con los que están lejos.

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    1. Yo viví algo parecido porque mi casa en la calle del Pilar estaba al lado del Consulado de Venezuela y toooodos los palmeros que se iban, recalaban por mi casa, cuando no era a quedarse, era a comer. Nosotros decíamos que mi casa era el Viceconsulado de Venezuela.

      Y siempre es muchísimo mejor la recibida que la partida, donde va a parar. Me acuerdo de mi tío Faustino, el hermano de mi madre. Se fue siendo yo muy pequeña y no lo conocía. Un día (yo ya casada y con niños), mi madre recibió una llamada de un venezolano diciéndole que tenía un paquete para ella de parte de su hermano. Cuando ella fue a buscarlo lo encontró a él, a su mujer y a su hijo que habían venido por sorpresa. Imagínate su alegría, casi 30 años sin verlo. Luego no se vieron más pero ese mes que se pasó aquí fue, como tú dices, pura fiesta.

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  12. Querida Jane: ¡Conmovedor!
    Esta semana me he emocionado con tu escrito y sobre todo con los comentarios de Ligia y Toni.

    En todas las familias isleñas siempre hubo algún emigrante a Cuba o a Venezuela...
    En la mía, cuatro hermanos de mi padre: el mayor se fue a Cuba y nunca volvió, y otros tres a Venezuela. Uno retornó a los pocos años y los otros se fueron arraigando en el país de acogida hasta que los lazos de allí, fueron más fuertes (los hijos, los nietos...) que los de aquí.
    Volvieron algunas veces, de turismo, hasta que tuvieron fuerzas para viajar.
    Por parte de mi madre, su único hermano, emigró también a Venezuela y nunca más volvió. Si lo hicieron su mujer y mis primos, pero Él, no. Decía: -Eso es mucho mar para volverlo a cruzar...-

    De vez en cuando mandaban un paquete, aprovechando a algún conocido que venía para acá; ...el café, las primeras telas de nylon y las medias de cristal (made in U.S.A.)...¡Toda una novedad!
    Mi madre también recibió, por aquel entonces, un regalo de su hermano, unos pendientes y un broche con forma de orquídeas, de oro y perlas de Isla Margarita, (ahora las conservo yo) Pocas veces se las puso, decía que eran muy ostentosas; pero Ella, de vez en cuando, habría el estuche y las contemplaba, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas por el hermano que nunca regresó.

    De aquellos tiempos de infancia y de relaciones familiares con Venezuela, recuerdo dos cosas que me asombraron.

    La Primera: "Una boda por poderes"
    Mis padres y yo (¡cómo no!) fuimos invitados a una boda en la iglesia de San José. Yo, con la novelería propia por esos eventos, vi a la novia, blanca y radiante, con su velo "tul ilusión", sus padrinos y el novio... ¡Pero, si el novio era su hermano de 15 años...! ¿? Mi madre me dijo bajito, ante mi cara de asombro, es una "Boda por Poderes" ¿Qué poderes? ¡No entendía nada!
    Cuando acabó la ceremonia todo fue muy soso, nos reunimos "cuatro gatos" en casa de la novia, un brindis y cada uno para su casa... No hubo tarta, ni vals, ni un "Vivan los novios"... y la novia llorando a moco tendido.
    Luego como colofón, la novia no podía viajar a Venezuela hasta pasados tres meses en los que su marido desde Caracas, la reclamara con la "Carta de llamada"...

    La Segunda: Una frase incomprensible
    "Viuda con el muerto en pie"
    Las largas tardes de verano, eran tardes de costura, tertulia, café y rosquetitos en casa de mi abuelo.
    El corro de mujeres de la familia, hablaban de sus cosas y las primas jugábamos "a las casitas".
    Un día, oí una frase que no entendí... -Fulanita, qué mala suerte ha tenido, se ha quedado viuda con el muerto en pie- ¿?
    Como siempre, curiosona, pregunté a mi madre y Ella como siempre, contestó: -Ya te lo explicaré... y a continuación, dirigiéndose a mis tías: ¡Ven! no nos dimos cuenta de que hay "ropa tendida" (o "moros en la costa")
    Más tarde supe del amargo contenido de dicha frase. Ese apelativo solía referirse a las mujeres y madres que se quedaron aquí, esperando una "Carta de llamada" que nunca llegó.
    Mujeres que guardaron celosamente la ausencia del marido, qué a veces formó allá una familia paralela. Mujeres que guardaron celosamente su honra y la del marido que quizás no se mereció ese sacrificio de por vida.
    Mujeres que estaban en desventaja con las viudas reales, porque éstas, obtenían la libertad eclesiástica al cumplirse aquello de:..."Hasta que la muerte los separe"
    Mujeres que tuvieron que vivir una vida de clausura, exclaustradas (¡qué paradoja!), en un país sin divorcio...

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    1. Nuestros regalos de allende los mares solían ser en especias: paquetes de café aromático, harina para hacer arepas que entonces no se encontraba aquí y cosas así. De vez en cuando alguna joyita para las mujeres de la casa. Recuerdo que cuando cumplí 15 años (que allá parece que se celebra especialmente) me mandaron los zarcillos de oro con la rosa de Francia de los que ya hablé en "La exorcista racional" (que para mí que dan mala suerte).
      No había oído el término "viuda con el muerto en pie". Pero responde tal cual a esa realidad tan triste. Sin divorcio, sin marido, sin poder tener hijos siquiera ¡Y cómo las criticaban si se ponían el mundo por montera y empezaban a verse con otro hombre! Eran costumbres producto de la hipocresía, del qué dirán y de una moral irracional.
      Bodas por poderes sí conocí alguna. Pero en mi familia hubo una al revés. Ella estaba en Venezuela y él aquí. Ella hizo su boda allá con sus amigas y luego otra aquí con su marido. En su caso no hubo carta de llamada, sino deseos de casarse, que "amor de lejos, es de pendejos".
      Como siempre, curiosos tus recuerdos. Me encantan.
      Un abrazo.

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  13. Maria Cristina Lorenzo17 de septiembre de 2014, 19:10

    Gracias Isabel. Qué bonito y tierno relato y cómo nos llega al corazón¡ Mi padre también siguió "la llamada de la América remota..." por el año 51 y mi madre guardó su ausencia sin apenas salir de la casa de mis abuelos. Primero durante 6 años luego regresó a Venezuela y estuvo dos años más. Mi madre siempre esperó su regreso, gracias a las cartas que se enviaban con mucha frecuencia pero que llegaban con mucho retraso. Eran otros tiempos.
    La foto es buenísima y El Niño le da una ternura especial.
    Se lo envié a mi amiga Carmencita que siente tanto Venezuela.
    Un abrazo

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    1. Me puedo imaginar a tu madre esperando la llegada del cartero, yo que también fui durante 2 años una "novia por carta", cuando estábamos estudiando en distintos sitios. Pero sí, eran otros tiempos. Yo no guardaba ausencia sino que salía con amigas y amigos, cosa que las esposas de emigrantes nunca hicieron. Qué triste, ¿verdad? Mujeres jóvenes casi sin salir. Menos mal que tu padre volvió.
      También lo hizo mi suegro. 6 años separados en los que vino a verlos una vez, 2 años juntos todos allá y luego volver todos aquí. Fue afortunado.
      Un beso y gracias por tus palabras.

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