lunes, 31 de agosto de 2015

Fiesta de pijama




Les juro que no he encontrado ni en Malinowski, ni en Marvin Harris, ni en Margaret Mead, reputados antropólogos y estudiosos de las costumbres humanas, ninguna referencia a las "fiestas de pijama". Sí es verdad que en todas las sociedades hay "ritos de pubertad", como, entre los okrikas de Nigeria, bajar las chicas al río a cantar días y días hasta que las rescatan; o el afilarse los dientes de las jóvenes mantuwai; o los niños que, en el Amazonas, tienen que ponerse un guante lleno de hormigas poroponeras, más piconas que una pimienta de la mala palabra, y aguantar 10 minutos sin gritar. Pero no hay nada parecido a esas fiestas que, de un tiempo a esta parte, hacen nuestros preadolescentes, o cocacolos, como los llama mi hija.


En mis tiempos juveniles no se estilaba nada de eso. Quedarse una amiga o dos a dormir en tu casa con el pretexto de estudiar, sí. Comprar pipas y chucherías para, aparentemente, despertar las neuronas, también. Pero mi madre, antes clarisa que meter en su casa a 9 o 10 niños y niñas de 10 a 12 años, que se pasasen la noche hablando, riendo y cantando. A gritos. Le pregunté a mi nieto de 10 años, al día siguiente de una de esas fiestas, que qué era lo que hacían durante toda la noche, y me contestó, mientras me miraba como un zombi cayéndose de sueño, que de lo que se trataba era de aguantar todo el tiempo sin dormir.

Con ánimo investigador y científico y para que los antropólogos del futuro no tengan esa laguna en sus escritos, la semana pasada mis amigas del colegio y yo -60 años más o menos desde que nos conocemos-, viendo que faltaba en nuestra educación tan fundamental experiencia, decidimos, nosotras también, hacer una fiesta de pijama. Trabajo de campo, que le dicen, y en el que fuimos anotando concienzudamente las diferencias que encontramos entre los cocacolos y nosotras. Helas aquí:

1.- Ellos solo están una noche: cena, noche sin dormir, desayuno y despedida aliviada a la mañana siguiente de los padres organizadores. 
Nosotras decidimos, en aras de la ciencia, que qué menos que pasar 2 días en la casa de la playa. Incluimos ahí desayunos, comidas y cenas en la terraza oyendo el mar, un paseo hasta el mirador de Los Gigantes para ver la puesta de sol más espectacular de la isla, baños en un mar transparente por las mañanas, una comida en un restaurante de Alcalá viendo pasar barcos que se despedían de agosto... Y largas, larguísimas sobremesas hablando de peripecias, lances y vicisitudes.

2.- La dieta de los cocacolos es sobre todo pizza o hamburguesas para cenar y chucherías para la noche en vela. Y, como su nombre indica, bebidas como cocacola o fanta.
Nosotras hicimos gazpacho de beterrada, ensalada de melón y cilantro, potas recién pescadas en salsa, papas negras arrugadas, tres clases de postres, baklavas caseros para el café, dos bizcochos para el desayuno... Y nos tomábamos unos chupitos o unos gintónics que te podías morir (Es que estas sesiones de estudio suelen ser agotadoras y hay que ir bien pertrechadas, no vaya a ser que nos dé un jamacuco o una inapetencia)

3.- A nosotras nadie nos chistó (y que se atrevan). Sin embargo, mi hija se levantó 3 o 4 veces en la última fiesta de pijamas de sus niños a imponer, sin conseguirlo, orden.

4.- El principal objetivo de ellos -no dormir en toda la noche- nosotras lo pasamos por alto. Y lo de dormir todas juntas en colchonetas en el suelo, también. Decidimos oír al cuerpo, que nos pedía camas y 8 horas de sueño (¿tendrá algo que ver la edad?).

Conclusión: existen ligeras diferencias entre cocacolos y jubiladas a la hora de celebrar una fiesta de pijama. Las causas de estas discrepancias las dejamos que las busquen los científicos del futuro (no se lo vamos a dar todo hecho ¿no?). Sin embargo, hay también semejanzas constatables, como son que todos vamos en pijama o camisón por la noche, que todos hablamos al mismo tiempo y nos entendemos, y que todos queremos repetir.
Y, por encima de todo, que todos, tanto ellos, los que comienzan a vivir y a valorar el sentido de la amistad, como nosotras, que ya lo sabemos, nos lo pasamos pipa.



(Las fotos son de mi amiga Chari: mesa del desayuno y un atardecer desde el sur)

26 comentarios:

  1. Hola. qué bien tu fiesta de pijama. En mi época como mucho íbamos a dormir un par de amigas a casa de una pero poco más. Las fotos de tu amiga Chari son preciosas... el sur es fantástico. Seguimos en cotacto

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    1. Y buenas eran nuestras madres para dejar quedarse a más de dos amigas.
      Mis hijos se quedaban en el jardín en una tienda de campaña con sus colchonetas y sacos de dormir. Era una manera de hacer camping pero en casa. Yo, desde mi dormitorio, oía las risas y conversaciones durante toda la noche, pero amortiguadas. Nunca me levanté a mandarlos a callar y pienso que esas noches son un buen recuerdo para ellos.
      El sur (que en Tenerife es sur, este y oeste) estaba estupendo. Días cálidos pero no demasiado y mar en calma ¡Bandera verde en la playa de la Arena! Ni encargado a propósito.

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  2. !!! Me retrotraje a aquellas quedadas en casa de alguna amiga y que para estudiar... qué de noches con aquellos tragadiscos... (lo recuerdo como si lo tuviera delante) Detalles de Robertito Carlos, If you leave me now a voz en grito... Ainssssssss... Qué bellos recuerdos!

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    1. Mis quedadas, Gladys, (hace ya unos 50 años) eran, sobre todo, con mi amiga Cae (que también vino a la fiesta de pijama de esta semana, aunque ahora vive en Málaga), tanto en su casa como en la mía. Recuerdo los bolsones de pipas que nos comprábamos y las montañas de cáscaras. Nosotras oíamos al Dúo Dinámico, a Enrique Guzmán y a los Beatles, pero bajito para que no se enteraran nuestros padres. Nos quedábamos hasta las tantas alegando de lo divino y lo humano. No me acuerdo de estudiar mucho, la verdad, pero ¡qué bien lo pasábamos!

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  3. Isa, en conclusión, a cada edad lo suyo. Pero eso si, en cada edad sofisticando la diversión a más y mejor.

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    1. Pues sí. Supongo que mis nietos no se cambiarían conmigo (es muy cómodo que te lo den todo hecho), y yo, ni jarta de grifa, me cambiaba por ellos. Eso de dar con nuestros maltrechos huesos sobre una colchoneta en el suelo, teniendo una buena cama cerca, como que no es plan. :-D
      Un besazo.

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  4. Esto me recordó a una semana de verano que pasamos mi hermano y yo, de niños (7 u 8 años) la casa de veraneo de un amigo. Por la mañana a tomar sol y bañarnos en el mar, almuerzo familiar tomando coca-colas inusuales, baya baya, clíper…..Por la tarde paseábamos con los mayores por la finca anexa a la casa. Pero las noches eran lo verdaderamente espectaculares.
    La cena al atardecer con la luz solar venía seguida de charla entre todos; los mayores en un rincón y los niños en el otro. De pronto nos llamaban para jugar al palé, a la ruleta, a las siete y media u otros juegos donde el número de personas no estaba condicionado. Una y otra partida hasta que la falta de luz obligaba a encender las lámparas de carburo, porque en la zona ni había electricidad ni gas ciudad, como en Santa Cruz.
    Todos los días igual, salvo el de las fiestas en que aparte de los actos religiosos había baile en la plaza. Por aquella época sonaba mucho la canción Campanera (hay campanera porqué será….), han pasado más de cincuenta años y aún recuerdo la experiencia. Y es que lo que se vive en la niñez, perdura en el recuerdo.
    Un saludo y a vivir, para vivir y para recordar.

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    1. Hace poco leí una novela de una autora austriaca que me gusta mucho, Eva Ibbotson. Decía en ella que los paisajes que conoces y amas como niño, son los que siempre te atraerán "Yo siempre amaré los bosques, aunque viva para cumplir los noventa -dice-. Mi abuela en cambio, añoraba el mar.".
      Tu descripción de ese verano me recordó también los míos, dorados veranos que se extendían lo que parecía ser una temporada larguísima. Yo tuve también esos baños mañaneros y esa cena al atardecer con las lámparas de carburo. Y por la noche, el salir con las sillas a la puerta de las casas a hablar los mayores y los niños, a jugar, mientras se veía clarísima la vía láctea y jugábamos a pedirle deseos a las estrellas errantes.
      Le conté a mi marido lo de "Campanera" y me dijo: "¡Ni pocas veces la bailé en las fiestas del Buen Viaje...!". Todos hemos tenido vivencias parecidas y lo que es estupendo es que sigan tan vivas en el recuerdo.
      Gracias por compartirlas.

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    2. Gracias a ti por deleitarnos con lo que escribes, seguirte es una gozada. Hasta la próxima.

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  5. Pues será por edad, pero yo me quedo con lo vuestro. No sabía de esa nueva moda de los cocacolos ( una amiga mía en los ochenta los llamaba pepsicolos, jeje). Muy interesante la introducción que has hecho sobre las costumbres de otras culturas.
    Un abrazo.

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    1. Jajaja, Celia, no hay color. Por algo la experiencia es un grado. Y que no se entere mi nieto, que es un sibarita, porque es capaz de dar la lata a su madre para que le haga algo parecido en la casa de la playa.
      Me gusta mucho la antropología. De hecho, mi tesis (inacabada pero casi terminada) era sobre antropología :-D
      Un abrazo.

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  6. Siempre es un placer leerte Isabel..Solamente una vez me dejaron ir a quedarme a la finca de una amiga por la noche; y siendo las fiestas de El Amparo.Fue mi estreno como cocinera con el más aparatoso de los fracasos..Un arroz blanco que, más que arroz, era "poliada"...pero sí , inolvidable. No se llamaba fiesta del pijama, pero es lo más parecido que he vivido. Ah, y de chicos, NADA...uffffffffff estaban buenos nuestros padres.

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    1. Qué bueno, Elvira, hacía tiempo que no oía la palabra "poliada", que la usaba mucho mi madre. Todos los primeros arroces que hicimos (y alguno de los de ahora) eran una poliada.
      No creas, lo de las fiestas de pijama mixtas no es tampoco lo normal, sobre todo porque las niñas quieren hacerlas con sus amigas y los niños con los suyos. Hay edades en las que el otro sexo se convierte en un estorbo. Después... ya se sabe.

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    1. Gracias, Luisa, es divertido compartir vivencias.

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  8. Marilu Díaz Estrada31 de agosto de 2015, 16:15

    Me encanta lo que escribes cada día, junto con otra amiga me haces las mañanas muy agradables y me sonrío, aquí lo sé por mis nietos que le llaman "piyamada" mis hijos lo hicieron con mucha frecuencia en mi casa de playa, en una habitaciones alejada de la casa, gozaban un mundo. Mis aventuras eran mas serias (la época) cuando llegue a este país tuve la suerte de tener dos amigas que siempre me iban a buscar los viernes hasta el domingo, solo salíamos hasta la 1 de la noche ( cosa que hoy no se puede hacer...) nos metíamos en la habitación y era un gozo cuando nos poníamos en la escalera del edif, solamente hablar, no parábamos, este recuerdo muy especial para mi amiga que no está.... Fueron unos años fabulosos. Es una pena que no estuviera con Uds. gozaría un mundo.....que lástima que no pusiste una foto del grupo, la de Chari esta espectacular. Pido permiso para colocarlo en mi perfil. Un beso.

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    1. Por supuesto, Marilu, que puedes compartir la foto en tu perfil, para eso están. No pongo la foto del grupo porque puede haber gente que no lo desee y porque muchas que nos hicimos eran haciendo el payaso (como corresponde a una fiesta de pijama).
      Los recuerdos que se han compartido con gente que ya no está se hacen más preciosos con el tiempo. Atesóralos y paladéalos. Eres afortunada por haberlos tenido.
      Un beso.

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  9. Que bueno!!!!!!!como lo cuentas le provoca a uno volver a hacerlo. Imagino que no es lo mismo 4 ó 5 compañeros, que una sola, y es por eso que nunca experimenté una " piyamada " como la llamamos aqui. Aunque si tuvimos Carmen Delia y yo muchas noches de estudio.....pero seguramente(no lo recuerdo bien) que hablariamos a ratos....de eso no me cabe duda y que nos daban las tantas que al día siguiente nos costaba levantarnos. Lo que tienen que prometerme, es que si Dios me da salud para que volvamos a vernos algún día.....vamos a programar una de estas "piyamadas" para entonces hablar de ellas con propiedad.....aunque no se yo,porque usualmente me duermo muy tempranito y no se si aguantaré el tipo.Un beso Isa.

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    1. Prometido, Ligia, faltaría más. Cuando vengas, marchando otra fiesta de pijamas. Esta vez fuimos 10, aunque sólo 7 nos quedamos por la noche. Seguro que aguantarás el tipo y lo que sea. Sabes que esta fue una fiesta de pijama dentro de un orden :-D

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  10. Yo me felicito de haber participado en esa divertida fiesta de pijamas. De niña y jovencita pasé algunas noche en casa de amigas o en mi casa (como recuerda Ligia) con la noble disculpa del estudio, cosa que para nuestros padres era cosa muy seria. Después de la cena en familia nos entregábamos al estudio profundo de nuestra vida acompañadas del papelón de golosinas y de las risas por cualquier tontería. Al día siguiente íbamos al colegio con ojeras por haber trasnochado.
    A nuestras hijos les permitimos en ocasiones repetir la hª, ya con motivos menos serios.
    Son nuestros nietos, sin ningún tipo de engaño,los que le dan el verdadero nombre. Fiesta, lo es, de pijamas, que también lo es.
    Nosotras hemos tenido la suerte de subirnos a ese tren y celebrar una auténtica Fiesta de Pijamas. Buena comida, bebida, risas, conversaciones cruzadas y cada una con sus golosinas. Lo único que no las llevamos esta vez del carro de la esquina, sino de farmacia. Todo igual

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    1. Carmen Delia, has añadido la otra gran diferencia que me faltó poner: mientras los cocacolos sólo toman chucherías, cotufas y papas fritas, en nuestro caso, aparte de las exquisiteces, vimos que al irnos a dormir una sacaba pastillas rosas para el colesterol, otra sacaba unas de color salmón para la tensión alta, otras, protectores gástricos. Allí apareció el colágeno con magnesio, el omega-3 antioxidante, la pastillita para las migrañas, los diuréticos, la pastilla de calcio de chupar, una pastilla azul para dolores articulares y musculares, el sintron para la circulación... Te lo juro, eh, que lo fui apuntando según veía toda aquella farmacia ambulante.

      ¿Todo igual? No sé yo...

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  11. Isa, lo acabo de leer, genial como siempre, aunque no pude ir y bien que lo sentí, lo vive uno con lo que cuentas y ¡cómo lo cuentas!!! Gracias.

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    1. Me dio una pena enorme de que no pudieras venir. Más de una vez también te quedaste a "estudiar" en nuestra infancia y esto fue casi un recordatorio. se habló de hijos y sobre todo de nietos, pero también mucho del pasado común. Y en él estás tú. Para la próxima.
      Un abrazo.

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  12. Las fiestas de pijama, otra novedad para nosotras. Los adolescentes las organizan para fardar de dormir poco y estar de escandalera toda la noche pegados a máquinas de competir o bailando sin descanso. A nuestra edad queremos escapar de la clasificación y del ruido. Nos basta el calor de la amistad y un buen bizcocho casero aderezado con una conversación donde primen los buenos recuerdos.
    En cuanto al pijama ya empieza a ser más cómodo el camisón pero que no nos pongan aprueba porque aún tenemos ritmo para amenizar la noche... ja ja ja. El objetivo es el mismo en diferentes etapas. Disfrutar de la vida en compañía de los demás.

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    1. Se están institucionalizando, Cande. Si pones "Fiestas de pijama" en internet, aparecen hasta empresas que las organizan, consejos sabios sobre las 10 cosas que no pueden faltar, ideas para que resulten un éxito. Igual que las primeras comuniones que ahora parecen casi una boda, ya verás que esto va a formar parte también de la educación de los nietos.
      Estoy totalmente de acuerdo contigo en lo del silencio. Cada vez soporto menos el ruido. Incluso la música, el más maravilloso de los ruidos, sobra a veces si estás al lado del mar y quieres oír el viento, el ruido de las olas o el graznido de una gaviota.
      Un abrazo y, ya sabes, a la próxima te espero.

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