lunes, 1 de febrero de 2016

Elogio al aperitivo




Esta semana, en un enero inusualmente templado, hemos subido al Teide camino de Vilafor, donde los Reyes nos habían regalado dos días de relax en un Hotel-Spa (gracias, hijos).  La canción de Hamlet Lima Quintana ("Subiendo por el Teide me quedé pensando que habitaba Dios allí...") me venía a cada rato al pensamiento, mientras disfrutaba del aire limpio, del rumor del pinar, de los escobones y vinagreras florecidos, y, más tarde, de los almendros en flor. En medio del camino, se impuso un alto en el Parador de Las Cañadas y un aperitivo.


El aperitivo es ese momento relajado del día en el que dejas a un lado lo que estás haciendo -la comida, un paseo, una visita a un lugar...- para ocuparte solo de descansar un rato, mirar a tu alrededor, charlar distendido y tomarte un vino, una cerveza, un vermut o cualquier bebida que te apetezca. O, como dice el Diccionario, es "un refrigerio consistente en una bebida que se toma, generalmente acompañada de un manjar apetitoso de poco volumen, poco antes de la comida del mediodía".  Lo que más me gusta del aperitivo (aparte del "manjar apetitoso" y la bebida) es lo bien que se te queda el cuerpo y el alma, la paz y el sosiego con los que hablas de cualquier cosa con quien te acompaña, la ausencia de prisas y urgencias.

Allí, en Las Cañadas, con la imagen imponente del Teide delante y el murmullo de las chácharas en lenguas distintas alrededor, recordé dos momentos-aperitivo que me han llamado la atención.

Uno lo vivió mi hermana en un pueblito de Soria donde vive una prima de su marido. Es un sitio encantador con un puñado de casas de piedra en las que viven solo 11 personas. Tiene una miniiglesia y un miniayuntamiento, y también un bar. Cada día uno de los 11 vecinos, por turno, se encarga del bar del pueblo y allí, religiosamente, llueve o truene o haga un sol de escándalo, se reúnen los 11 a la hora del aperitivo, a comentar noticias del pueblo y de más allá. Se llevan de maravilla.

El otro momento lo viví yo en Ondarribia, en el País Vasco, hace unos pocos años. Llegamos al pueblo un domingo en el momento en que una manifestación a favor de los presos de ETA llenaba las calles. Se disolvió poco después, en la hora del aperitivo, y todos -manifestantes, mirones en pro y en contra, transeúntes como nosotros- , mezclados y como si no hubiera pasado nada, llenamos los bares de la avenida principal, y todos reían, se saludaban y hablaban pausadamente en torno a los txiquitos de txacolí y la profusión de tapas con las que las tascas vascas llenan sus barras. Aquello, durante el rato que duró (a la hora o así las calles se vaciaron y el gentío partió a sus comidas domingueras), parecía ser el mejor de los mundos posibles.

¡Con razón Luis Buñuel, antes de morir, dijo que le gustaría resucitar cada 10 años, tomarse un martini mientras se enteraba de los últimos chismes y luego volver a la tumba hasta la próxima! El aperitivo nos habla de ratos de risas, conversaciones, un chiste que sorprenda, paz. Dan ganas de recetarlo como remedio de los males y de ponerlo en los Derechos Humanos. Tal vez el diálogo sea más fluido y la sonrisa más espontánea ante una cerveza, un vino y un pincho de tortilla como éste que tomamos la semana pasada en el Teide. Como decimos en Canarias, "¡chacho, mándate uno!"


32 comentarios:

  1. ¡Me has leído el pensamiento, querida Jane Jubilada! Ayer domingo quedé con unos amigos encantadores y nos llevaron a hacer un aperitivo casi tan encantador como ellos: tasca de madera vieja, vino joven, tapas ricas y sencillas. Me encanta que no perdamos esta buena costumbre. En Barcelona he descubierto hace poco el Chicha y limoná que recupera ese espíritu de quedar para hacer el aperitivo con calma. Mi comida preferida del día, sin duda. Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo sabía que tú conectarías conmigo, Mónica. Tenemos pinta de disfrutonas. A mí me gustan los aperitivos sentada, en un ambiente agradable, en el que no se oiga una voz más alta que otra. Un vinito blanco frío (a veces un jerez seco), una tapita bien hecha y la compañía, encantadora, como la tuya de ayer domingo.
      Y vete apuntando lo de Chicha y limoná, para ir juntas por si vuelvo a Barcelona.
      Un beso.

      Eliminar
  2. Isabel, añade la siesta...pero qué bien vivimos y disfrutamos los españoles...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ay, Elvira, la siesta se merece un post entero para ella sola. Otra costumbre para recetar y para incluir en los Derechos Humanos.
      Todos los amigos extranjeros que tengo dicen exactamente lo mismo que tú.
      Un beso.

      Eliminar
  3. Respuestas
    1. ¿Verdad que sí, Marili? Unas croquetitas, un montadito de pan con jamón, unas gambitas en gabardina, un vaso de vino... y "aluego" que vengan penas, como dice la copla.

      Eliminar
  4. Qué envidia me has dado. Yo haría como Buñuel, qué gran idea, genial hasta en eso.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En Viena yo también lo hice de vez en cuando, Celia. No tiene el mismo sabor, pero el momento participa del relax.
      Besos.

      Eliminar
  5. Yo también como Buñuel pero no esperaría una década.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo de Buñuel lo leí en una columna de Manuel Vicent, que está muy curiosa, porque contando cada 10 años desde la muerte de Buñuel va diciendo qué es lo que se habría encontrado. Me gustó el final porque dice que lo mejor es el martini, no los sucesos y chismes de los que se enteraría.
      Es verdad, una década es mucho. Ya no conoceríamos a nadie.

      Eliminar
  6. Tengo muchos recuerdos de buenos momentos con el aperitivo delante. Por supuesto, sigo usándolo cuando se tercia, aunque últimamente me ha dado por las tablas de quesos nuestros, que dicho sea de paso, han mejorado mucho.
    De todos esos momentos, es inolvidable el vermut martini y las aceitunas en el Yukón o en El Carrera a las 12,45 de cualquier domingo soleado en La Laguna, después de asistir a misa de las 12. Hoy, que he dejado de ser practicante, lo echo de menos. Entiendo a Buñuel.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me recordaste un año en que tanto mi marido y yo coincidíamos los miércoles en la hora de salida de clases, las 12 y media. Todos esos miércoles nos reuníamos en el Carrera y nos tomábamos un vinito y una tapa de ensaladilla alemana. Después del fragor, el ruido y la furia de las clases, esos momentos eran un remanso de paz.

      Eliminar
  7. El aperitivo es algo que he puesto en práctica desde que me jubilé. En casa, cuando salgo de compras o cuando voy de amigas, siempre hago un alto para tomar una cañita. Es un rato delicioso. Si estoy en casa, me siento y me relajo un ratito para continuar con la faena. Si salgo de compras, me siento en una terraza a ver pasar la gente y algunas veces a oír a esos tocadores que se instalan en la calle de El Castillo. Qué bueno vivir aquí!!. Yo me doy estos pequeños homenajes. Hay que disfrutar de las pequeñas cosas que nos regala la vida. Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, Ani, por eso hago este elogio al aperitivo. No es gran cosa, es simplemente un pequeño placer que muchos se pueden permitir. No todos los días, desde luego, pero todo el mundo se merece ese pequeño homenaje, un rato de descanso entre faenas. Ángeles, una amiga que murió, siempre decía que a un viaje ella le pedía cultura, naturaleza y una terraza para ver pasar el mundo. Tú eres lo bastante sabia para encontrar esto último sin necesidad de viajar.
      Un beso, Ani.

      Eliminar
  8. Isa, hace un rato que leí tu estupendo post.
    Estoy cada vez más convencida de que eres una sibarita adorable. Lo mejor que haces, si puedes serlo y hacerlo. Igual no es el término más adecuado, pero es el que se me ocurre y creo que más se ajusta a tu exaltación del aperitivo.
    Tú sí que sabes, mi niña...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Qué comentario tan bonito y cariñoso, Chari! Aunque tienes razón, yo no me llamaría a mí misma sibarita, que es quien se regala con exquisiteces. Más bien hedonista, amante de los goces sencillos que te dejan un poso de placer en la memoria.
      Un montón de gracias por tus palabras y un abrazo grande.

      Eliminar
  9. Tu sabes que yo ni vinitos ni cerveza, pero un alto para un rato de conversación con gente que me agrade si que me gusta y lo practico, un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo que te dice Ani, Úrsula. Lo de menos es la bebida o la comida (bueno, según la definición del diccionario, la comida tiene que ser un "manjar apetitoso". Por ejemplo, una de las tortillas de papas que tú sueles llevar a nuestras comilonas, :-D). Lo importante es la conversación y la compañía. Y yo añadiría el entorno agradable.
      Un abrazo grande.

      Eliminar
  10. Úrsula, pues te tomas una fanta. Tengo una amiga que no prueba el alcohol. Los aperitivos para ella son con Coca Cola Ligth y disfruta como una enana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo también tengo abstemias entre las amigas (curiosamente, entre los amigos, no). Pero, aunque el vino es una de las mejores y más sanas bebidas (se recomienda una copa de vino tinto al día), hasta con agua fresca se puede decir de un buen aperitivo eso de "¡¡¡Me supo!!!"

      Eliminar
  11. Aunque no siempre comente siempre estoy por aquí, aprendiendo.
    Hoy me he dado cuenta de que, despacio pero sin pausa, me estoy volviendo un poco hedonista. Cada vez valoro más los goces sencillos que dejan un poso de placer en mi memoria. Y no necesito mucho más.
    Entre esos goces está leerte cada lunes y sonreír al terminar porque de un modo u otro conecto contigo. Tan lejos y tan cerca, Jane. Doy gracias cada lunes por haberte encontrado.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una vez escribí un post sobre los pequeños placeres. Lo titulé "¡Ay, qué placer!" y lo escribí (por si lo quieres ver) el 6 de septiembre de 2011. Entonces hice una especie de lista de esos pequeños placeres que nos hacen pensar que en el mundo todo está bien precisamente porque existen: levantarme por la mañana, desayunar y volver a acostarme a leer un ratito; bañarme en agua clara entre rocas bajo el primer sol; organizar una buena fiesta para amigos o familia; regalar algo a alguien a quien quiero; sentarme en el poyito del patio a ver atardecer sobre el valle... Y, por supuesto, entonces también nombraba el tomarme un aperitivo después de la compra semanal y mientras se hace la comida (entonces nombré un albariño frío y un poco de pan recién hecho con queso tierno). Si nos ponemos a hacer listas de goces sencillos, seguro que encontraremos muchos más.
      Gracias, Utopía, por encontrarnos y conectar. Es también otro de mis placeres.
      Un abrazo.

      Eliminar
  12. Un buen aperitivo lo tiene todo, sobre todo el ingenio del inventor. Aunque, para mí, lo mejor, lo mejor del aperitivo, es cuando lo disfrutas en una buena compañía. Eso, no tiene precio.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y para mí también, Gerardo. Tanto, que muchos aperitivos se alargan, se alargan, de lo bien que uno lo está pasando con lo interesante de la conversación o con la conexión entre los que "aperitivean", y la cosa acaba convirtiéndose en una comida con todas las de la ley. Más de una vez me ha pasado.

      Eliminar
  13. ¡Guauu! Qué lujo, Isabel. Tienes razón con lo de qué bien que se te queda el cuerpo y el alma tras un aperitivo.
    Mi familia y yo nos reunimos todos los sábados para comer, pero cuando llega el momento del aperitivo que le precede...ahí se para el mundo, ¡qué felicidad!
    Un buen apertivo bien merece un post como el tuyo, ¡gracias!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Qué bueno, Chelo, lo de la reunión semanal con la familia! A mí me cuesta reunirlos a todos, porque están más liados que el cable del teléfono. Pero así y todo, lo procuramos y, cuando lo hacemos, como dices, siempre hay un buen aperitivo para parar el mundo.
      Gracias a ti por tus palabras y por estar ahí. Un abrazo.

      Eliminar
  14. Mmmm qué ricos los aperitivos. Si me dices que además te tomas un pincho en el país Vasco, con una cervecita o un vino, según la época, pues de lujo. Yo soy capaz de hacer kilómetros por unos camarones. En casa somos tradicionales y no pasamos del paté de anchoas, hecho con queso palmero ahumado, y las aceitunas de todas clases. Si estamos fuera, entonces me salgo fuera del tiesto y exijo mis adorados chicharrones...
    Creo que lo que nos gusta del aperitivo es que sacia esa incipiente gazuza y refresca nuestro paladar sin sentirnos totalmente llenos pero sí satisfechos. Premio a ese tentempié tuyo que además de sugerente no puede rodearse de un paisaje más bello y placentero.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mí me encanta un buen paté de oca, unas aceitunas, un buen jamón, casi todos los quesos, los camarones... Bueno, empezaría antes diciendo lo que no me gusta (la mantequilla) ¡Ay, Cande, que nos perdemos!
      Y el marco hace mucho, la verdad. Yo le pido sobre todo ausencia de ruidos desagradables: nada de gritos ni música de chundachunda. Y sobre todo, nada de tele encendida. El del Teide unía a todo eso la espectacularidad.
      Gracias por tu comentario. Según lo leía me estaba empezando a entrar un hambre...
      Un abrazo.

      Eliminar
  15. Je... Me encantó como siempre... Una anécdota que me hiciste recordar... Hace años quedé con una amiga para comer... Quedamos en la Avda. de Anaga a eso de la 1 en una de sus terrazas... hoy desaparecida... Besos, saludos... tomamos un aperitivo que es temprano... desayuné tarde si acaso me tomo un martini... Casi me muero! Me sentó como un tiro! De hecho volví a casa sin comer en taxi porque ni para coger el coche tenía fuerzas... Sin algo de condumio un martini al mediodía es mortal de necesidad! Nunca mais...!!! Besos Isa..

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ah, no, Gladys, eso no. Una de las condiciones sine qua non de un aperitivo es acompañar la bebida con un manjar apetitoso. No valen bebidas solas ni comidas asquerosas. Esas dos cosas solas, por su cuenta, perjudican seriamente la salud :-D
      Besos y ya sabes.

      Eliminar
  16. Una de mis aficiones favoritas: cocinar mientras me tomo el aperitivo, casi siempre vermú. El acompañamiento no es tan importante. No lo hago muy a menudo, quizás por ello lo disfruto tanto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso es lo bueno, Dorotea, que no sea todos los días (si no, uf, la pesa lo delataría). Hoy mismo, mientras se hacía una merluza en papillote para el almuerzo, nos tomamos mi marido y yo un aperitivo de martes de carnaval. En mi caso, casi siempre es un vino y hoy acompañado de queso blanco. Un disfrute, como dices.

      Eliminar

google-site-verification: google27490d9e5d7a33cd.html