lunes, 29 de agosto de 2016

No sea burra




Me contaba hace poco una amiga que su hija cambiaba de lugar de vacaciones todos los años "para que sus niños no se aburrieran". Si les digo que me quedé perplejita cuando me lo dijo, no les miento. Y es que el aburrimiento se ha convertido en uno más de los siete pecados capitales, en la puerta a la infelicidad, en el azote de Dios. Un niño dice ahora que se aburre y allá que ves a los adultos, desalados, buscándole motivos de diversión: la tele, el cine, un parque temático, unas vacaciones, un castillo hinchable... Todo es poco para que los reyes de la casa tengan la felicidad garantizada. Ni un bostezo, ni una mano sobre mano, ni un minuto de tedio a solas.

Nada que ver, por supuesto, con lo que nos tocó a nosotros, los niños de antes. Si alguna vez le dije a mi madre (a la que nunca vi aburrida) eso de "me aburro", ella, usando el "usted de enfado", me decía: "Pues no sea burra". Así que calladita estaba más guapa, porque, además, corría el peligro de que siguiera diciendo: "Pero no te preocupes, que te voy a quitar el aburrimiento de un plumazo", Y allá que me endilgaba una lista de tareas pendientes: ordenar tu armario, hacer recados, terminar un bordado que empezaste hace siglos, recoger y doblar la ropa tendida en la azotea, regar las plantas, ayudar a pelar papas... Si, por un casual, seguíamos insistiendo, ya se nos llevaba al médico. No en vano el aburrimiento está emparentado con la melancolía, que según los antiguos griegos, era la "bilis negra". 

Cuando ya fuimos talluditas, a finales de los 60, mira tú por dónde, el aburrimiento fue una pose muy filosófica, muy existencialista, que se puso de moda. Sartre lo asociaba con "la náusea" y Juliette Greco, la musa de todos ellos, iba vestida de negro por la vida, con una cara de aburrirse muchísimo por allá abajo, en las cavas oscuras de Montmartre. Decir eso de que "la vida no tiene sentido" era lo más de lo más. 

Pero lo cierto es que no me acuerdo, ni de no encontrarle sentido a la vida, ni de aburrirme nunca. Y ahora, de jubilada, menos (ya les he dicho muchas veces que la vida de una jubilada es una vorágine). Repasando este agosto que se ha ido volando, ha sido un no parar. Esta última semana, por ejemplo, ha habido baños placenteros en el mar, un concierto de boleros precioso en la noche chicharrera, una cena con los amigos preparando un viajito próximo, un paseo por La Laguna viendo al mundo pasar, dos días con los hijos y los nietos en el sur, un libro leído y disfrutado, conversaciones interesantes con gente que me cae bien. He caminado todos los días una hora, he cocinado pan de nueces para casa y minisandwichs de tomate para llevar a una fiesta. He ordenado fotos, una zapatera y el armario de la ropa blanca. Me he reído con las gracias de mi nieta pequeña y he llorado con el terremoto que hubo en Italia... Simplemente, he vivido ¿Quién podría aburrirse? No tengo tiempo para ello.

Pero yendo más allá ¿y qué si no hay nada que hacer? Ana María Moix dice que el aburrimiento "puede constituir una puerta al mundo interior, al diálogo con uno mismo, a la imaginación, al descubrimiento de mundos sólo abarcables a través de la lectura, a cuantas experiencias únicamente podemos acceder en la más absoluta soledad". Así que ¿por qué tener miedo a aburrirse? Después de un agosto pletórico, me pido un septiembre vacío de acontecimientos, con su punto de aburrimiento y todo: el "dolce far niente", el dulce hacer nada, que dicen los italianos. Y tal vez haya entonces una tarde dorada, como aquella lejana en la que Alicia se aburría tejiendo una cadena de margaritas, en la que descubramos un conejo blanco que nos lleve a un País de las Maravillas.


42 comentarios:

  1. Yo aunque sea medio septiembre. Me temo que lo voy a dejar para noviembre, hacer zafarrancho en mi casa, despacio, sin prisas que luego llega diciembre y llega el cumple de mi nieto, mi hijo y Las Navidades.

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    1. El otro día me mandaron un mensaje que decía: "Finales de agosto y el Mercadona sin poner los polvorones ¡Se les va a pasar el arroz!". Mejor, Carmen, vamos día por día, porque si me pongo a pensar en las navidades, me dan los sofocos :-D

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  2. Me encanta aburrirme una tarde de calor veraniego en La Laguna... y entrar en una iglesia... (me pido la de las clarisas) buscando fresco... allí me siento bajo el olor a tea, velas, incienso y humedad a la fresca y a cada paisana/paisano le adivino la vida... Aburrirme? ;) Verboten... Y si no... zaz! Tengo una (mala) idea p'a un retito...

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    1. Melchor siempre dice que a la iglesia siempre hay que reconocerle que es fresquita. Muchos ratos nos hemos refugiado, en los viajes por esos mundos, en medio del calor del verano, en una iglesia a darle gracias a Dios por los gruesos muros y el ambiente umbrío.
      Y ya decía yo de dónde sacabas tú esos retos en los que me desojo... Las tardes en las Clarisas son productivas.

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  3. Qué cierto todo lo que dices!Tanto por los padres de hoy como por los nuestros,sobre todo de nuestras madres.La mía tb era así.Un abrazo

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    1. Ah, Begoña, pero es que las madres de antes no toleraban boberías. Bastante tenía la mía, con la casa llena generalmente de familiares de La Palma (nosotros decíamos que era la "pensión Charo"), para encima andar distrayéndome a mí del aburrimiento. Los niños aprendíamos a distraernos solos. Horas me pasaba yo jugando a los recortables o leyendo colorines. Y recuerdo oír a mi hija, cantando y hablando sola e inventando una historia sobre una tal Anita la Melódica. Se lo pasaba pipa.
      Un abrazo.

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  4. Ay, amiga, yo creo que ese me aburro es un háganme caso. A veces, los padres se empeñan en dar entretenimiento constante y variado para poder ellos gozar también de su tiempo. Me parece que un poco de culpa tiene también el bombardeo de estímulos y la avalancha de información que nos supera.
    Antes nos podíamos pasar la tarde haciendo collares o leyendo cuentos y se pasaban las horas. Ahora un apagón puede ser el más temido desastre para el ocio tecnológico de nuestros nietos. Opino que todo en su justa medida y el diálogo familiar como coordinador de las actividades puede alejarnos de ese momento de saturación. Siempre hay fotos viejas que ver y caminos nuevos que descubrir.

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    1. Esta semana en el sur mi nietita de 3 años me pidió en un momento dado ver la tele. Le dije que allá no hay tele y se quedó tranquila. Pero es verdad que muchos niños están tan acostumbrados a la tele, a ese bombardeo de estímulos que dices, que no pueden vivir sin ella. Me recordaste a una de las tiras de Mafalda. Susanita le está contando a Mafalda que en su casa se estropeó la tele y que se pasaron la noche sin tele. "Me di cuenta entonces de lo aburridos que son mis padres", le dice. Y ya dijo una vez Manuel Campo Vidal que si de pronto se descompusieran todos los televisores del mundo, no habría escala para medir los maremotos de aburrimiento.
      Mucha gente se sienta ante la tele todo el día a lo que le echen y se olvidan de vivir. Y es una pena que acostumbremos a los niños a eso y no los incitemos a descubrir caminos por su cuenta. La vida es un ancho escenario de exploración. Dichosas tú y yo que hicimos collares o leímos cuentos en nuestro particular País de las Maravillas.

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  5. Hola Jane, me gusta el meneo que tienes de jubilada. Desde luego, no das un paso al aburrimiento. Me acuerdo cuando mi madre pasaba a mi lado sentado en el suelo y llorando, después de acabar su siesta a la que yo ,supongo,contribuía con mis berridos, aburridos, cansados y perdiendo fuerza a pasos agigantados. Mis motivos para llorar los tendría, pero con el paso de la tarde se habían esfumado, como se habían esfumado las ganas para un buen llorar. Mi madre, de santa paciencia, pero de mejor humor, me preguntaba al salir de su cuarto y pasar a mi lado : ¿ de qué llora mi becerrito?. Y yo, aburrido, cansado y olvidado del mundo en aquella enorme casa, no atinaba a acordarme del motivo y,cuando intentaba inventarme alguno nuevo, para entonces mi madre ya había desaparecido arrastrando su bata en busca de un buen cortado en la cocina del otro lado de la casa. No recuerdo cuantos lloros se perdieron en aquellas tardes laguneras sin que nadie les atendiera....pobre de mí. Hubiera sido divertido haberme escuchado inventar motivos para pasar las horas muertas al otro lado del cuarto de mis padres. Siempre fui su becerrito, algo es algo.

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    1. No te me hagas el mártir, Miguel, que eso de "aburrido, cansado y olvidado del mundo" no te pega nada, habida cuenta de los juegos en la huerta de tu abuela y de la cantidad de hermanos que tenías para entretener las tardes ¿Te dio, en tu tierna infancia de becerrito, un ataque existencialista? Y, como digo siempre, qué sabia tu madre. Nada de darte motivos de diversión: una pregunta para hacerte saber que ella estaba allí y luego dejarte a tu libre albedrío de llorar o no llorar o ponerte a jugar al trompo o a la pelota. Si no hubiera sido así, igual todavía estarías sufriendo ataques de autocompasión. Quita, quita...
      Y el meneo tuyo de jubilado va ahí, ahí ¿no?

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    1. Gracias, Ana. Este tema del aburrimiento da mucho de sí. Leí hace poco (en julio) que un estudio de una Universidad de Irlanda del Norte relacionaba el triunfo de los extremismos con el aburrimiento. Vamos, que la gente se echa a la calle (o vota el Brexit) porque se aburre en su trabajo, figúrate tú. Concluía el artículo (era de Xavi Sancho) que España vota a los conservadores porque somos el país más divertido del mundo. Así que, como ves, el aburrimiento trae cola :-D

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    2. La vida es muy corta y no debemos perder el tiempo en lamernos las heridas si las tenemos, y si no con más razón para disfrutarla. Que descanses.

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  7. El aburrimiento es casi casi imprescindible en la vida de cualquiera. Sé que suena raruno, pero yo me entiendo.

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    1. ¡Claro que es imprescindible! No me explico como no se habla del aburrimiento hasta el siglo XIX con Madame Bovary (que se aburría como una ostra) y otros personajes por el estilo. Creo que más que verlo como un mal, lo tendríamos que reivindicar: una horita de aburrimiento al día por lo menos ¿no? Yo también te entiendo.

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    2. Y para los niños muy necesario, de verdad que ese poquito de aburrimiento genera una creatividad tremenda y hace que la convivencia sea diferente. Un abrazo.

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  8. Tienes razón...Llegan las vacaciones, y hasta por la tele empiezan a hacerte una lista de "entretenciones" para esos pobres niños aburridos...todas cuestan mucho dinero, y por lo tanto, dejan a la mayoría de niños culpando a los padres por no llevarlos a esos panoramas...

    Es buena idea hacer una lista de posibles "entretenciones" caseras, como barrer, regar las plantas, picar fruta, lustrar zapatos o lo que sea, y colgarla en la puerta del frigorífico. Al primer aburrido que aparezca, le dices "elije qué quieres hacer". Santo remedio.

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    1. Buena idea la de la lista en la nevera, a mi madre le hubiera encantado.
      Y, como en los Reyes, la tele tiene mucha culpa de que los niños pidan juguetes absurdos, de esos de tocar un botón y ya está. O vacaciones en Disneylandia, que está ahí al lado como quien dice.
      Cuando a Tom Sawyer lo castigan pintando la valla, él hace como que es un juego y todos los niños le piden que por favor les deje a ellos pintar. Resultado, una mañana entretenida y la valla pintada. Una amiga mía les pagaba a sus hijos adolescentes por esas mismas cosas (pintar, cuidar del jardín...) y a ellos les encantaba. Se divertían haciéndolo, aprendían que ganar implica un trabajo, y tenían para sus pequeños gastos.

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  9. También mi madre decía: pues no sea burra, cuando yo decía: estoy aburridita. Solía decirlo cuando oía alguna canción triste. Yo no diferenciaba el aburrimiento de la tristeza. Una de las canciones que me "aburrian" , era el arrojó. Habrá cosa más triste?. También cuando oía un tango. Allí iba yo a esconderme detrás de un sillón a llorar por lo bajini. Mi madre me preguntaba qué me pasaba. Qué estoy aburridita, le contestaba. Hoy los niños se aburren de otra manera. Si no les dejas el ordenador, si quieres tú ver un programa en la TV y ellos quieren ver su serie favorita. Mi nieto, que lleva una semana en casa, y del que estoy disfrutando un montón , se pasa horas en el ordenador. Lo que procuro hacer, es llevármelo a la playa, al parque, a hacer la compra al súper, a ayudarme a guardarla, a jugar al parchís o a las damas y, sobre todo a hablar.
    Ayer, después de un dia en El Medano, cogiendo olas (sin tabla), preparé cena, lave ropa, nos luchamos, cenamos y nos acostamos. Yo tenia dolores hasta en el DNI, de la paliza de pas olas, y me dice: esta noche no hablamos?. Yo, con los ojos entornados a lo Marlene Dietrich, dije: dejémoslo para mañana.

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    1. Sí, cada vez que vienen los míos es igual, con la tablet a cuestas ¿Querrás creer que el sábado, que se quedaron conmigo todos los nietos, me encuentro al de 11 en la cama con la tablet debajo de las sábanas y el móvil debajo de la almohada? Se los quité muy enfadada. Esta semana me los voy a llevar al cine y a cenar para hablar un rato con ellos ¡y sin aparatitos! Ni libros, porque la de 13 a veces se trae un libro a la mesa, otra de las cosas prohibidas cuando se está comiendo. Vamos a ver como los ageitamos.
      El aburrimiento está ligado a la melancolía (la "bilis negra") y a la tristeza también, pero no es lo mismo. A mí me hacía llorar de pequeña una canción que empezaba con "La casa está triste, murió la vecina...". Y yo: "Buaaaaa". Mis primas mayores, para hacerme rabiar y llorar, me la cantaban a cada rato. Esas sí que no se aburrían...
      Disfruta de tu niño y diviértete. Un abrazo.

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  10. Mi hija de 10 años,este verano,se tiraba en el sofá sin hacer nada en concreto,y sin saber que hacer,yo la dejaba porque siempre he pensado que no es malo tirarse en el sofá y dejar pasar un rato.El caso es que,primero me dice que se aburre,pero al cabo de un buen rato me explica las miles de cosas que se le han pasado por la cabeza en ese rato de sofá...y la cantidad de cosas que llega a explicarme ,madre mía!!!ideas nuevas y buenas,ideas disparatadas pero muy graciosas,otras más profundas...un día saltó del sofá y me preguntó si a final de verano tendríamos gobierno ja ja ja. La conclusión es que hay que aburrirse también, hay que dejar que los niños también tengan su tiempo para perderlo ,no han de estar siempre tan activados...aveces se sacan buenos raños de esos aburrimiento.
    Un saludo.

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    1. Estoy convencida de que es buenísimo eso de estar un rato sin hacer nada, dejando divagar la mente, perder el tiempo... Recuerdo una vez que se tumbaron mis dos nietos mayores en las hamacas del patio y al cabo de un rato los oí poniendo figuras a las nubes. No hay nada como la mente en blanco para destapar la imaginación. Todos tenemos recursos dentro de nosotros para entretenernos. Lo que pienso que es un error es buscarlos siempre fuera.
      Un abrazo.

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  11. Siempre hay algo que hacer y si quieres aburrirte también, ahora tengo un conejito blanco en casa casualmente “perla" y tampoco me deja aburrirme, o le tengo que poner áloe en las orejitas y patitas o gotas hasta que se vaya a su hogar de acogida seguiré en mi país de las maravillas ...un beso Isa..��

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    1. Los animales son muy "detenosos", Pili. Y si no, pregúntaselo a mi marido con sus 160 palomas mensajeras, su perro y sus 3 gallinas. Y eso porque lo freno, porque por él tendríamos hasta una cabra. Una vez quiso tener una pajarera y le dije que no, que ya los pájaros se buscan la vida solos y nos cantan sin necesidad de estar encerrados. Él desde luego no se aburre.
      Espero que Perla ya esté en su casa y te deje perderte en tu particular país de las Maravillas.
      Un beso.

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  12. Gabriela Fernández Lopetegui31 de agosto de 2016, 12:06

    Hay que tener una lista de quehaceres en el refrigerador, para "días aburridos".

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    1. Mi hermana es un hacha para tener a los niños entretenidos. Tan pronto los pone a montar una fiesta vaquera o una cena de terror, como les prepara pinturas para que hagan cuadros (que luego nos venden a 10 céntimos). Creo que sus nietos no han tenido con ella nunca días aburridos. Hay que tener imaginación también por nuestra parte.
      A los míos les encanta una búsqueda del tesoro. Les pongo una pista de un objeto que tienen que buscar por toda la casa. Por ejemplo, un llavero de la llave de la cocina (que es una muñequita vestida de verde) tenía esta pista:
      Me paso el día oyendo
      máquinas y fritadas.
      Vestida estoy de verde
      cerca de la guardiana.
      Al final de 10 pistas acertadas tenían un premio.
      La verdad es que también nosotras lo pasamos bien. :-D

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  13. Me encantaría aburrirme un día , pero no tengo tiempo.

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    1. No, no hay muchos días aburridos.
      El otro día leí que el día más aburrido de la historia (investigado por sesudos profesores de la Universidad de Cambridge) (que no tenían otra cosa que hacer) fue el 11 de abril de 1954. Al parecer, ese día no pasó nada de nada, ni nació ni murió alguien famoso, ni hubo un evento fantástico, ni catástrofes, ni éxitos... Pero seguro que un montón de gente anónima se divirtió un montó y que tú y yo, que entonces éramos pequeñas, lo pasamos pipa ¡Qué sabrán esos de Cambridge de aburrimiento!

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  14. Mucha gente no sabe estar sola, y cada vez más. Cuando en realidad, enganchados a móviles y demás están más solos que nunca. Es necesario estar solo, descansar la mente y reflexionar: tomar contacto con uno mismo. Ay , el mundo está loco.
    Por cierto, me he reído con lo de tu hermana :)
    Besos, Isabel.

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    1. Por ahí iba también mi comentario. Hace poco leí un artículo sobre animación a la lectura en el que se decía que muchos niños no leen porque no tienen tiempo a aburrirse. Con lo necesario que es para la mente reposar, reflexionar, imaginar y soñar. Veo a algunas de mis amigas con hijos y me pregunto si el aburrimiento no será suyo y de sus parejas y no de sus niños.

      Un abrazo.

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    2. Celia, tienes toda la razón. Desde pequeños nos enseñan que sólo seremos felices con los demás. La soledad está bien para un ratito pero lo ideal es vivir, viajar, tener experiencias en compañía. Elvira Lindo habló una vez de "La dama de las abejas", una señora que dejó su puesto de bibliotecaria en una Universidad de EEUU para irse a las montañas sola y monda. Al final, Sue Hubbell, que así se llama, publicó un libro sobre su experiencia ("Un año en los bosques"). La soledad le sirvió para captar la vida salvaje, hacerse más fuerte (para combatir el frío aprendió a manejar la motosierra) y crecer como persona.
      A mí (y a Elvira Lindo también), que soy muy gregaria, me da un poco de envidia "esa bendita soberanía sobre los propios actos", esa independencia total. Pero no sería capaz, la verdad, de ponerme el mundo por montera y abrazar la soledad como si me fuera la vida en ello.
      Eso sí, un rato cada día (sobre todo después de que se vayan los nietos) es una maravilla.

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    3. Tuve la suerte, Dorotea, de tener una buena biblioteca en mi casa y de ver el ejemplo de mis padres que leían habitualmente. Nadie me puso un libro en las manos y nadie me mandó a leer. Eso sí, era un regalo que siempre caía en reyes y cumpleaños, igual que yo hice años después con mis hijos.
      Así que era un acto natural coger un libro para leer en una tarde cualquiera en que no habría nada que hacer. El tener ratos libres te impulsan a aficiones que te interesan de verdad ¿Te has leído la trilogía de Corfú de Gerald Durrell? El amor a los animales de Gerald -que le duró toda la vida- se fue gestando en cientos de mañanas libres en que dejaban al niño que campara a sus anchas por la isla.
      Un abrazo.

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    4. No la he leído, pero me la apunto :)

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    5. Es muy bonita. Empezó la trilogía en 1956 -"Mi familia y otros animales", "Bichos y demás parientes" y "El jardín de los dioses"- y habla de los años dorados en que, siendo niño, su madre, viuda, y sus hermanos se trasladan desde Inglaterra a vivir a Corfú. La estancia en la isla y el humor que tiene Durrell al describir a su familia y a los personajes pintorescos de la isla es lo mejor, junto con el retrato de paisajes y el cariño con que trata a los animales. Una delicia.

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  15. Como siempre, me identifico con tus escritos. Acabo de entrar en otra etapa de mi vida, como bien sabes, y ya he comenzado a disfrutar de ese “dulce hacer nada”. Aunque es un decir, porque no he parado y como a ti el verano ha pasado volando. Eso sí, sin agobios y sobre todo sin “horarios”. Con la ilusión que tengo en este septiembre nuevo y diferente te aseguro que no pienso aburrirme.

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    1. Eso es precisamente lo mejor, Nélida, no tener horarios. De hecho, yo me he negado en estos 8 años a apuntarme a cursos, ya sean de chino o de macramé. Me niego a tener que "fichar" a una hora.
      Eso sí, quieta, lo que se dice quieta, no vas a estar. Lo que digo siempre de que la vida de una jubilada es una vorágine es la pura verdad. Y, aunque me pedí un septiembre aburrido, me da, visto el andar de la perrita, que va a ser más de lo mismo, nada de aburrimiento. Qué se le va a hacer si así es la vida...
      Otra vez mi enhorabuena por entrar en este selecto club de los que hemos trabajado toda la vida y ahora tenemos el merecido descanso. Un abrazo grande y a disfrutarlo.

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  16. El aburrimiento no es más que la puerta hacia la imaginación

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    1. Cierto, no hay nada como tener la mente vacía para que, sin darnos cuenta, se llene de imágenes.

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  17. Ese verbo, aburrirse, nunca estuvo en mi vocabulario y creo que aún sigue fuera de él. Sin embargo, más de una vez he deseado poder decirlo, sobre todo, para saber qué se siente cuando no se sabe qué hacer para llenar momentos del día.
    Hoy, que ya dispongo de más tiempo administrado por mí misma y que muchas veces puedo prescindir de horarios fijos, lo que sí me permito son esos ratos sin hacer nada y con la mente pocas veces en blanco y muchas con actividad efervescente, repasando qué asuntos pendientes tengo o tramando a qué voy a dedicarme en cuanto "el rato sin hacer nada" acabe o pensando en las famosas musarañas.
    Como frase ingeniosa que se puso de moda hace muchos años, para los que alardeaban de aburrirse, recuerdo que cuando decían, con desmayo, eso tan manido de "Me aburro", se les contestaba algo tan surrealista como esto: "Pipí, pollino" y, claro, con tamaña recomendación, el destinatario se quedaba muy ocupado y preocupado, pensando en qué querrían decirle con aquello y, ¡zas...! fuera aburrimiento.
    Desde aquel entonces, cuando vuelvo a oír a cualquiera decir la frasecita de marras, no puedo evitar responderle, mentalmente, eso de "Pipí, pollino".
    ¿Oíste decirlo alguna vez, Jane?.

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    1. En mi vida lo había oído, Cehachebé. Y sí que es surrealista, no tiene nada que ver con el tema del aburrimiento, ni nada que pueda significar a primera vista: ¿Que pongas a hacer pipí al pollino? ¿Que tú eres el pollino y que te vayas a hacer pipí para que no te aburras? ¿¿¿???
      La jubilación tiene el gran privilegio de que te puedes permitir el lujo de estarte sin hacer nada. Esta misma mañana salí al patio, me senté un momento en lo que yo llamo "el banco del psiquiatra" y estaba el día tan bonito, el patio tan florido, la temperatura tan agradable... que se me pasó un buen rato sin pensar en nada, sólo sintiendo que estaba viva. Claro que ya luego me levanté, me puse a quitar las flores secas a los rosales y a los geranios, a regar una maceta, a barrer hojas del suelo... Pero el rato de relax no nos lo quita nadie. Y la verdad es que no puedo llamar a eso "aburrirse". Eso es también pasárselo bien. Muy bien.

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  18. Quien nace yegua o caballo nunca será burra o burro, siempre será yegua o caballo.
    Estoy convencido que nunca te has aburrido y menos aún aborregado; eso se transpira.
    No tendrás tiempo de hacerlo en un futuro próximo, ni en este septiembre, ni nunca.
    No eres de las que se ”aborrega” así, por las buenas, sin más; tal vez por las malas podría aparecer temporalmente esa burra tan temida pero, no dejarías de ser una flamante yegua; e insisto, lo dejo sólo en un tal vez ocasional.
    Si además eres abuela, madre, esposa… ejerciente como tal y, además eres ama de casa y de un jardín que dicen es del marido y, además eres u n ser emprendedor que secciona las horas del día para obtener los resultados que deseas —y que los demás creen merecerse— no dispones de tiempo para aburrirte y te hacen falta muchas vidas para hartarte de vivir.
    ¡Qué idioma más sutil el nuestro!, “no se aburra” no es lo mismo que “no sea burra”
    Pero en cualquier caso te deseo un septiembre más sereno y descansado.
    Un cordial abrazo,
    (Ha llegado,por fin, mi informático)

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    1. Muchas gracias, Antonio, por la opinión que tienes sobre mí, es muy halagüeña. Pero tienes razón en que no creo haberme aburrido mucho en esta vida. Siempre hay cosas que te llaman la atención, que interesan, que divierten. Y si algo, un libro, por ejemplo, pudiera aburrirme (que los hay), con dejarlo y buscar otro tengo.
      Siempre me han gustado las personas mayores que siguen teniendo pasiones: Agatha Christie a sus 80 y pico años con sus libros y con la música, el padre de un amigo que con 100 años estaba preparando una exposición de pintura, Margarita Salas que con 78 sigue investigando, la madre de mi cuñada que hasta los 90 cocinaba para toda la familia, y muy bien, mi maestro Lledó que está preparando un libro sobre la amistad y que se interesa por todo...
      En el fondo todos piensan que hay algo en la vida por la que merece la pena vivir.
      Gracias por el deseo sobre septiembre (¿te acuerdas de aquella canción, "Cuando llegue septiembre todo será maravilloso...?), pero por ahora va igual de liado que agosto. Pero eso sí, igual que él, nada de aburrido.

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