Lo confieso con toda sinceridad: no me gusta madrugar. De hecho, cuando me jubilé hace 18 años, mi primer propósito fue no tener horarios ni apuntarme a ninguna clase ni actividad, como han hecho muchos de mis amigos jubilados: ni macramé, ni tambor, ni suajili, ni nada que me hiciera levantarme de la cama de madrugada, antes de que las calles estuvieran puestas. Y el caso es que hubo un tiempo en que lo conseguí, pero, como dije hace poco, nos complicamos la vida (innecesariamente) y, por imponderables que van apareciendo en toda existencia, me veo ahora levantándome a las 7,30 de la madrugada.
Sé con toda seguridad que, si cediera a mis impulsos naturales, los madrugadores me mirarían mal. Sí, tenemos mala fama los que nos aferramos a nuestras 8 horitas de sueño (y si son 10, mejor). Dicen que si somos unos gandules, que personas como nosotros no contribuimos al desarrollo del país, que al que madruga Dios le ayuda... Pero ¡pamplinas!. Empezando por que los refranes no son enteramente de fiar. Frente a la ayuda que Dios da aparentemente al madrugador, que es una cuestión de fe, está lo de "no por mucho madrugar amanece más temprano", que por lo menos es un hecho comprobable. Y benditos sean los sábados y domingos, en los que los dormilones no ponemos el despertador y dejamos que la naturaleza haga su papel y nos despierte a su manera, trinos de pajaritos incluidos ¿Por qué privarnos de ese placer?
Aunque los madrugadores presumen de ello (hay hasta un "Club de las cinco de la mañana") y de lo que les cunde el día, somos también muchos los que pensamos que no pasa nada si todo empieza 2 o 3 horas después de que salga el sol. Si hubiera una Liga Antimadrugones Innecesarios (LAI), yo sería una de sus fundadoras. Y no faltarían socios, no crean.
Por lo pronto ya encontré dos posibles candidatos de lujo. Uno es el periodista Ignacio Peyró, que escribió la semana pasada un artículo titulado "Contra la superioridad moral del madrugar", donde protesta porque a nuestro mundo no le importa con quién nos metemos en la cama, pero sí le importa a qué hora salimos de ella. Mucho hablar de libertad por aquí y por allá, pero esta nunca pasa por despertarte cuando te da la gana. Algunos, concluye, hemos venido a este mundo a despertarnos a las 12, oye. ¿Y qué?
El otro sería el peón de La Estancia Vieja, al que canta Atahualpa Yupanqui en su Milonga del Peón de Campo, y que se presenta así: "Vivo una vida sencilla, como es la del pobre peón. Madrugón tras madrugón, con lluvia, escarcha o pampero. A veces me duelen, fieros, los higados y el riñón". A mí me pasa lo mismo. Nunca se han retratado así, tan a lo bruto, los peligros del madrugar.
¿Y tú? ¿Te apuntarías a la LAI?

Por supuesto que sí. No hace ni media hora hablé con Ricardo, mi socio en eso de ordeñar las nubes y me dijo que el viernes,a las ocho de la mañana había quedado con dos niñatos que nos llevan lo del marketing de la empresa, que querían contarnos las estrategias que estaban preparando para una nueva campaña o algo así, y si quería estar para aportar mi opinión, a lo que le dije, que voy yo a aportar a esa hora, no podías haber quedado después de las nueve?. Y es que, Isa, mis neuronas son de lento arranque y una reunión a las ocho me parece una tortura innecesaria, luego inscríbeme en esa liga
ResponderEliminarAy, Quico, cuánto te entiendo. Igual que entendía las caras que ponían aquellos a los que tuve que dar clase a las 8 de la mañana. Hablar del imperativo categórico a esas horas debería estar prohibido. No te digo nada si hablan de estrategias de marketing. Te imagino con un ojo abierto y otro cerrado diciendo. "¿Mande?".
EliminarMe apunto incondicionalmente al grupo . Es más, me encanta saber que hay alguien como tú que piensa lo mismo , porque me siento menos culpable. Y acudiendo a los refranes que tanto te gustan
ResponderEliminar” mal de muchos consuelo de tontos”
No, no, Inés, tenemos que superar lo de la culpabilidad. El argumento que tenemos que esgrimir es que lo de dormir es genético y que la madre naturaleza nos ha hecho así para ser personas espabiladas, perspicaces, inteligentes...
EliminarHola!
ResponderEliminarGracias!!
La frase "bíblica" no será...a quien madruga Dios lo arruga ??🤣
Buena semana!!
Un abrazo😘😘
Pues puede ser una interpretación diferente. Medio arrugados estarán frunciendo el ceño porque sea casi de noche cuando madrugan. A mí me pasaría, arrugaría ojos, nariz y frente y diría: "¿Pero qué demonios de hora es?"
EliminarGracias Isa..😘
ResponderEliminarMe apunto a esa liga...😘😘
Pues ya somos unos cuantos. A ver si nos pensamos unos estatutos y la formamos...
EliminarHola, Mari Lola, apúntame en esa liga pero ya!!!. Llevo 41años de mi vida pegándome madrugones innecesarios y ya está bien .Pero no te lo pierdas, el domingo, que lo hizo Dios para descansar, mi cerebro dice que de eso nada y a las 7,30 me ves poniendo la tele del cuarto para poder aguantar aunque sea hasta las 9 🤦♀️En fin espero que cuando me jubile se me quite esta tontería y pueda disfrutar de mi merecido descanso .
ResponderEliminarPues claro que sí, a todo se acostumbra uno. Yo estuve 38 años madrugando así, y si contamos toooodos los años de colegio, serían 16 más. Lo que hace un total de 54 años de madrugones. Y sin embargo el primer día de mi jubilación dormí como un lirón.
EliminarQue te llegue pronto y lo disfrutes.
Isabel, me parece superoportuno
ResponderEliminarPero yo pienso, a diferencia de Simone de Beauvoir, que cuando muera lo mejor es que mi cabeza también descanse. Un besazo enorme ❤️❤️❤️
Yo también lo pienso, Maruja. Que ya que lo llaman el descanso eterno, que sea realmente un descanso eterno.
EliminarOtro besazo para ti.
Buenas días, Isa! Conmigo no cuentes para ese club, jajaja!
ResponderEliminarSiempre me han gustado las primeras horas de la mañana, levantarme y disfrutar de esa suave luz del día, cuando la ciudad aún está tranquila y puedo escuchar incluso el trinar de los pájaros, todo ello infunde paz y buena energía para comenzar. Cuando estaba activa, profesionalmente, pedía empezar las clases a primera hora, y ya jubilada, el taichí, la peluquería y para cualquier cita que pueda elegir prefiero las primeras horas.
Con la edad dicen que necesitamos dormir menos, y creo que mi reloj biológico funciona así, parece programado para las 7:30 .
Gracias una vez más por tus enriquecedoras aportaciones . Un abrazo enorme.
Yo también pedía las clases a primera hora pero fue generalmente porque estábamos supeditados a las clases de los niños que eran también a primera hora (manías que hay con la primera hora). Cuando voy a Madrid, frente a la casa de mi hija hay un colegio y me da una pena ver a esas criaturitas recién levantadas de la cama con el frío que hay... Pero como dijo el torero a Ortega cuando él le dijo que era filósofo, "hay gente pa to". Y es verdad que cualquier hora tiene su encanto, para que nos vamos a engañar.
EliminarOtro abrazo grande para ti, mi querida Conchi.
¡Hola otra vez, Jane!
ResponderEliminarHe de "confesar" que yo soy madrugadora por naturaleza. Disfruto el ver amanecer cada día.Una de mis hijas me dijo un día "no recuerdo en toda mi vida haberme levantado y que tú todavía estabas en la cama".
Pero ¡ojo! eso no significa que piense que es lo correcto. Creo que somos distintos afortunadamente, y en esto también debe haber diferencia. Era muy conveniente la hora de elegir horarios cuando estábamos en activo ¿o no?
Un abrazo.
Es verdad, Arista, sería un aburrimiento estar en una sociedad de seres iguales, todos con las mismas apetencias, ideas y sensaciones. Así tú me cuentas el amanecer y yo las horas últimas de la noche. Si me dejan, todos se levantarían antes que yo. Lo que pasa es que no me dejan, los muy frescos.
EliminarDecir q las 7 y media son la madrugada es auténtico signo de búho nocturno XD
ResponderEliminarEs que en verdad tiene todo el sentido del mundo que la mitad del mundo sus cuerpos prefieran trabajar más tarde, porque al final esa era la gente q vigilaba mientras el resto dormía, pero la preferencia por el capitalismo ha hecho que nos adaptemos no solo a la gente que madruga, sino también al ciclo energético masculino de 24 horas de la testosterona y el cortisol en lugar del mensual de las mujeres. El mundo está hecho para un tipo de gente y si no encajas te tienes que aguantar con que se te desprecie por cosas que probablemente a los humanos les venía genial tener cuándo no vivíamos en una sociedad tan desnaturalizada.
¡Qué cosas!
En verdad tiene que ver porque supuestamente el ciclo masculino está en su punto más alto por la mañana, te da qué pensar.
Pero bueno, yo no tengo ni idea, solo sé que cada uno que se despierte a la hora que quiera.
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Medio búho nocturno sí soy, Evita, si me dejaran.
EliminarMe ha encantado tu discurso profundo acerca de las causas para que la mitad del mundo madrugue y la oltra mitad pernocte. Profundizaremos en ello cuando volvamos a vernos. Pero lo que más me ha gustado es la última frase, "que cada uno se despierte a la hora que quiera". Es tan tú... :-D
Después de leer el post de hoy, tengo que confesar, con cierto rubor, que no pertenezco a la LAI, todo lo contrario, yo soy de las madrugadoras empedernidas. Me encanta levantarme muy temprano, allá farrafiando el día, que diría un amigo. Cuando el cielo se viste de un rosa malva y la brisa fresca te da en la cara... Pero Isa, esto no tiene merito alguno, yo es que no necesito dormir más de cinco o, como mucho, seis horas.
ResponderEliminarEs verdad que los amaneceres tienen su encanto también. De pequeña pasaba algún verano en Granadilla y volvíamos en guagua a Santa Cruz. El viaje era larguísimo, por aquella vieja carretera del sur que se hacía interminable. Salíamos antes del amanecer y lo que recuerdo (tendría yo 4 o 5 años) eran los maravillosos amaneceres. Me lo recordaste con tu descripción, "el cielo se viste de un rosa malva y la brisa fresca te da en la cara".
EliminarAlguna vez me levantaré muy temprano para volverlo a ver.
Cuenta conmigo para esa Liga, Jane.
ResponderEliminarDebí madrugar tanto durante mis muchos años de trabajo y deporte que ahora mi organismo se las está cobrando y solo madruga por temas médicos y poco más.
Aunque reconozco que empezar temprano me gusta, para disfrutar de los amaneceres que tengo frente a mis ventanas, cada mañana.
Mi casa está dirigida al atardecer, que en estos momentos cae sobre el mar. Es un privilegio.
EliminarPero no olvido tus fotos de amaneceres desde ese también privilegiado rincón que tienes en los altos de Santa Cruz. Más valor todavía si perteneces a la liga de los dormilones. Gracias por compartirlos.
Aquí tienes otro para tu Liga, José Sacristán (88 años): " Me acuesto a las 4 de la mañana leyendo, escuchando música o viendo una película. Y me levanto cuando me da la gana".
ResponderEliminarAh, qué buen manifiesto. Eso es lo que hay que hacer, lo que queramos.
EliminarYo no podría pertenecer al club que propones. Imposible... Desde que era estudiante, mi rutina era acostarme como las gallinas (nueve o diez de la noche) y levantarme a las dos de la madrugada para preparar algún ejercicio o examen. Alguna vez fui grogui a clase...
ResponderEliminarDurante la época de mucho trabajo en el despacho hacía lo mismo. Realmente las seis horas de esa madrugada eran aprovechadas de tal manera que adelantaba el trabajo de una semana. Y me gustaba. Lo curioso es que ahora, jubilado, hago lo contrario, me mantengo hasta las tantas disfrutando de alguna peli, debate, deporte o música por la tele y me voy a la cama a las tres o cuatro para levantarme antes de las nueve, durmiendo unas cinco horas como mucho, casi siempre con un calambre en los dedos de los pies que me obliga a saltar de la cama. Cosa de la vejez...