lunes, 22 de junio de 2026

Liga Antimadrugones Innecesarios (LAI)


Lo confieso con toda sinceridad: no me gusta madrugar. De hecho, cuando me jubilé hace 18 años, mi primer propósito fue no tener horarios ni apuntarme a ninguna clase ni actividad, como han hecho muchos de mis amigos jubilados: ni macramé, ni tambor, ni suajili, ni nada que me hiciera levantarme de la cama de madrugada, antes de que las calles estuvieran puestas. Y el caso es que hubo un tiempo en que lo conseguí, pero, como dije hace poco, nos complicamos la vida (innecesariamente) y, por imponderables que van apareciendo en toda existencia, me veo ahora levantándome a las 7,30 de la madrugada.

Sé con toda seguridad que, si cediera a mis impulsos naturales, los madrugadores me mirarían mal. Sí, tenemos mala fama los que nos aferramos a nuestras 8 horitas de sueño (y si son 10, mejor). Dicen que si somos unos gandules, que personas como nosotros no contribuimos al desarrollo del país, que al que madruga Dios le ayuda... Pero ¡pamplinas!. Empezando por que los refranes no son enteramente de fiar. Frente a la ayuda que Dios da aparentemente al madrugador, que es una cuestión de fe, está lo de "no por mucho madrugar amanece más temprano", que por lo menos es un hecho comprobable. Y benditos sean los sábados y domingos, en los que los dormilones no ponemos el despertador y dejamos que la naturaleza haga su papel y nos despierte a su manera, trinos de pajaritos incluidos ¿Por qué privarnos de ese placer?

Aunque los madrugadores presumen de ello (hay hasta un "Club de las cinco de la mañana") y de lo que les cunde el día, somos también muchos los que pensamos que no pasa nada si todo empieza 2 o 3 horas después de que salga el sol. Si hubiera una Liga Antimadrugones Innecesarios (LAI), yo sería una de sus fundadoras. Y no faltarían socios, no crean.

Por lo pronto ya encontré dos posibles candidatos de lujo. Uno es el periodista Ignacio Peyró, que escribió la semana pasada un artículo titulado "Contra la superioridad moral del madrugar", donde protesta porque a nuestro mundo no le importa con quién nos metemos en la cama, pero sí le importa a qué hora salimos de ella. Mucho hablar de libertad por aquí y por allá, pero esta nunca pasa por despertarte cuando te da la gana. Algunos, concluye, hemos venido a este mundo a despertarnos a las 12, oye. ¿Y qué?

El otro sería el peón de La Estancia Vieja, al que canta Atahualpa Yupanqui en su Milonga del Peón de Campo, y que se presenta así: "Vivo una vida sencilla, como es la del pobre peón. Madrugón tras madrugón, con lluvia, escarcha o pampero. A veces me duelen, fieros, los higados y el riñón". A mí me pasa lo mismo. Nunca se han retratado así, tan a lo bruto, los peligros del madrugar.

¿Y tú? ¿Te apuntarías a la LAI?

1 comentario:

  1. Por supuesto que sí. No hace ni media hora hablé con Ricardo, mi socio en eso de ordeñar las nubes y me dijo que el viernes,a las ocho de la mañana había quedado con dos niñatos que nos llevan lo del marketing de la empresa, que querían contarnos las estrategias que estaban preparando para una nueva campaña o algo así, y si quería estar para aportar mi opinión, a lo que le dije, que voy yo a aportar a esa hora, no podías haber quedado después de las nueve?. Y es que, Isa, mis neuronas son de lento arranque y una reunión a las ocho me parece una tortura innecesaria, luego inscríbeme en esa liga

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