lunes, 1 de diciembre de 2014

Toma castaña




Cuando yo era chica, en los veranos de Los Realejos, íbamos de vez en cuando caminando a Los Castañeros, un bosque de castaños que estaba antes de llegar a Icod el Alto. Me gustaban aquellos árboles de gruesos troncos y corteza quebrada que parecían acogerte bajo su sombra, mientras sacábamos meriendas y jugábamos a su alrededor, muchas veces a abarcar con las manos unidas, entre todos los niños, su perímetro.

No había sombra más fresca ni, tampoco, fruta más aprovechada que la del castaño ¡Cómo hemos disfrutado siempre de  las castañas, mensajeras del otoño, cayendo de los erizos para deleitarnos! Crudas y crujientes; o asadas, llenando el aire de calor y aromas en las tardes grises; o guisadas con matalahúva; o en bizcochos y guisos, poniendo en ellos el toque justo de dulzura... ¿Por qué cada vez hay menos castaños?

Hubo un tiempo en que bosques como éste poblaron la isla. Hubo un tiempo de árboles gigantescos, viejos habitantes de las cumbres del norte, como aquel castaño de las Siete Pernadas de Aguamansa, del que habla Leoncio Rodríguez en "Los árboles históricos y tradicionales de Canarias". Un árbol con fama de llevar ventura a los que enamoraban  bajo sus ramas, y tan grande que se podía subir cómodamente una mesa para sentarse a comer en lo alto.

No sé si ahora existirá este castaño o los castañeros de mi infancia, pero lo dudo. En estas  islas tan castigadas por la especulación, en estas islas en las  que, por ejemplo en mi pueblo, se va a destruir, si Dios no lo remedia, la zona más fértil y bonita , frente a la Iglesia del Socorro del siglo XVI, para hacer un polígono industrial, el valorar y amar los árboles puede ser,  para muchos, asunto de risa. Pero no para mí, y por eso me gustó tanto la actitud  de mi amiga Esperanza.

Esperanza heredó de su  abuelo en la Sierra de Aracena, allá por Huelva, casi lindando con Portugal, una finca de castaños centenarios por la que cruzan de vez en cuando ciervos y jabalíes. Esperanza cuida sus castaños. Hay que arar, limpiar, podar, talar  quitarle los chupones, injertarlos -porque, me cuenta, los castaños son árboles bravíos que, para que fructifiquen, hay que unir con un manso- ... En suma, hay que dedicarles tiempo y atención para que al final, cuando llegue el momento de la "apañada", recojan el fruto, la castaña "bruñida y preparada, endurecida y suave", tal como la vio Pablo Neruda ("Del follaje erizado / caíste / completa / de madera pulida, / de lúcida caoba, / lista / como un violín que acaba / de nacer en la altura...").

Bajo las raíces de estos castaños hay, sin embargo, una mina de plata registrada desde los tiempos de Felipe II. Han venido ingenieros ingleses a hacer prospecciones del subsuelo cercano y existe la posibilidad de explotarlo. Pero Esperanza y su marido Mane y sus vecinos aman su tierra y sus árboles, y no quieren verla  horadada, herida, arrasada y rota.

Yo no sé a ustedes, pero para mí - en estos tiempos de prospecciones petrolíferas indeseadas, de bosques esquilmados, del triunfo del cemento- el que alguien prefiera un monte de castaños (lo imagino como aquellos castañeros de mi infancia) a una mina de plata -la vida frente al metal, por  muy brillante que éste sea- es algo que me llena de consuelo y, nunca mejor dicho, de esperanza.








(Las fotos del final son de la finca de castaños de mi amiga Esperanza. Le agradezco en el  alma su aportación)

24 comentarios:

  1. Maravillosa descripción de los bosques de castaños. Una mirada diferente y unas imágenes bellas. Besos, Isa.

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    1. Muchas gracias. Las imágenes del final fueron captadas por Esperanza. Siempre me maravilla el aspecto de señores del bosque que tienen los castaños y el brillo a madera antigua de su fruto.
      Besos.

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  2. Buenas tardes Jane: Preciosa la entrada y tus recuerdos y añoranzas las comparto. Soy de un pueblo de Euskadi donde primero empezó la industrialización y de vivir prácticamente en un aldea con caserios, huertas y campas a ser todo casas y por desgracia no muy bonitas. Sin embargo, creo honradamente, que el coste ha merecido la pena. Seguro que se podía haber hecho mucho mejor ese crecimiento, pero hace 65 años no se tenía conciencia ni de calidad de vida, ni de la importancia de los árboles, ni por supuesto de ecologismo, esta palabra creo que ni existía. Ahora sí. En estos temas mi razón y mi corazón andan un poco divididos. Pertenezco a un grupo de consumo; procuro comprar productos Km. 0; reciclo todo lo posible, pero cuando surgen estas discusiones sobre "desarrollo contra ecologismo" o viceversa, siempre me pregunto ¿ es más ecológico aprovechar los recursos propios, ó comprarlos en otros países?, ¿estoy dispuesta a dejar de tener las comodidades, coche, luz, etc. por unos parajes preciosos?. De verdad que tengo mis dudas, y cuando he hecho esta pregunta a otras personas jamás me han sabido contestar. Un saludo cariñoso.

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    1. Gracias, Rosa María, por tus palabras.
      Yo también creo que vivimos mucho mejor que en tiempos de nuestros padres y abuelos y ello ha sido en parte sacrificando naturaleza. Pero ¿era necesaria tanta destrucción? Este verano pasado estuve por tu tierra, por el Urdaibai, y el paisaje es precioso. Hay casas, sí, y carreteras pero todo no es casas y carreteras.
      Ante el valle de la Orotava en el norte de Tenerife, Humboldt en el siglo XVIII se quedó extasiado y dijo que era el lugar más bello del mundo. Y Leoncio Rodríguez dijo: "Refugio de gigantescos árboles, las vertientes de las cumbres de la Orotava tuvieron fama por la belleza y el vigor de su flora. Sus pinos, sus cedros, sus castaños, de una corpulencia desmedida, eran como pregones portentosos de las maravillas de la selva canaria, próxima a extinguirse".
      Y menos mal que queda el marco esplendoroso del valle porque donde había aquellos montes sólo hay casas y casas. Todo el norte de mi isla es una carretera rodeada de casas como si fuera la calle central de un sólo pueblo.
      Y en cuanto a mi pueblo, la sustitución de un paraje agrícola por un polígono industrial pasa por la transformación de un terreno rústico protegido a ser clasificado como suelo urbanizable y apto para industrias, después de que el dueño de la finca llegara a un acuerdo con el Ayuntamiento: yo te doy otro solar y tú me das esto.
      Como ves, muchas veces los cambios obedecen a motivos totalmente distintos a la comodidad de los vecinos de un pueblo y responden a motivos económicos particulares.
      Creo que se puede compaginar la utilización de los recursos propios (aquí tenemos sol, viento y la fuerza del mar ¿Por qué no se aprovechan?) con el respeto a la naturaleza. Esperemos que nuestros dirigentes comprendan que ese es el camino.
      Un abrazo.

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  3. Gracias por compartir y por hacernos reflexionar.
    Ánimo para Esperanza y todos los que piensan que el dinero no lo es todo.
    Para ti, como siempre, un abrazo

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    1. Sí, yo también les deseo ánimo, Utopía, porque ya mi hija me comentó: "Sus herederos preferirán la mina de plata". Pero yo, que soy una optimista, espero que en el futuro el mundo sea de los idealistas.
      Un abrazo.

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  4. Precioso tu escrito, lo dices muy bien, es un consuelo saber que hay quien prefiere conservar la naturaleza sobre lo material.
    Enhorabuena para los que así actúan y para ti por transmitirnoslo

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    1. Gracias, Úrsula. Como dijo Mafalda una vez que se encontró ante los gigantescos bosques de Bariloche en Argentina: "¡Esto es tan hermoso que los hombres se las van a ver en figurillas para echarlo a perder!". Porque afortunadamente hay muchos defensores de la naturaleza y de la belleza. O, por lo menos, eso quiero pensar.
      Un abrazo, mi amiga.

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  5. En mi caso, no decir lo que siento en este caso particular, sería como darle una patada a la mesa. Mi formación profesional me exije felicitarte y también, a Esperanza. Cuando carrizo nos vamos a dar cuenta de que el paisaje (ecosistema) que nos rodea no es de nuestra propiedad ?. Lo obtuvimos en calidad de préstamo de nuestros antepasados y es nuestra obligación cuidarlo, protegerlo para un mundo verdaderamente sustentable. En la ciudad donde vivo están implementando un sistema de transporte masivo que implica la modificación (no quiero decir arrase) de la vegetación. Eliminarán caobos, acacias, nim, trinitarias (boungavillas), mangos y el único ejemplar de palma datilera que existe por estos lados. Todo en nombre del progreso. En verdad, sentir rabia es poco. A cuidarse, pues. Un gran abrazo.

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    1. ¡Tienes tanta razón, Agroteide...!
      Y es que a los humanos nos pasan dos cosas. Una, la que dices tan atinadamente. Nos creemos que el mundo es nuestro y que lo podemos destrozar a conciencia y no nos damos cuenta de que es sólo un préstamo. Dos, nos creemos eternos, que vamos a durar siempre, que si nos cargamos un campo sembrado para forrarnos haciendo en él apartamentos adosados, ni va a haber vuelta atrás ni el dinero puede compensar tanto disparate.
      Estoy con todos aquellos que quieren dejarles a sus hijos un mundo más limpio y suscribo cualquier movimiento que vaya en esa dirección. ¡Ojalá se consiga algo!
      Un abrazo.

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  6. Viva tu amiga Esperanza!!! Y viva su marido!! Viva por darle a las cosas su auténtico valor.

    pd. Por cierto, me encantan las castañas, de verdad que me entusiasman.

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    1. Ah, Loque, pues la semana pasada hice un bizcocho de castañas que me quedó muy bueno, como para tomarlo una tarde de estas de frío con un té o un chocolate mientras oyes caer la lluvia. La única lata es pelar las castañas que es el mayor coñazo del mundo. Pero una vez que las tienes peladas, las mueles y ya tienes la harina del bizcocho. Tiene el toque justo de dulzura.
      Y eso ¡qué vivan!

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  7. Como siempre CHAPEAU para tu escrito es precioso y encierra una gran lección para todos... Tú recuerdas de tu infancia esas vivencias y excursiones a los castañeros que jamás olvidarás... Y a todas nos enseñas a amar más a la naturaleza que tan necesaria es para vivir... No sabía lo que cuentas de Esperanza y sus castaños... qué ejemplo más bonito, felicidades para ella y su esposo por pensar así... y seguir cuidando y mimando su finca. Las fotos todas maravillosas me encantan... y también las castañas.

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    1. Esperanza lo contó en uno de nuestros correos de wasap y me llamó la atención la actitud de ella y de Mane: sí a mis árboles centenarios, no a minar la tierra por más plata que haya. Las fotos son preciosas y eso que no las he puesto todas. Hay una de Mane al lado del árbol en la que se ve la envergadura del árbol comparada con la altura de un hombre ¡Impresionante!
      Muchísimas gracias por los piropos. Yo siempre lo digo: ¡es que ustedes me quieren!
      Un beso.

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  8. Enhorabuena, querida Jane, por ese canto a la Naturaleza vegetal y a sus más ilustres comisionados: los árboles.
    Árboles representados en esos potentes castaños que, nuestra amiga Esperanza, prefiere cuidar y conservar, con cariño y esmero, antes que destruirlos, para que impere la, sin duda, también, valiosa mina de plata. Ambos son criaturas naturales, pero una supedita a la otra, porque la haría desaparecer, en favor del triunfo del dinero y ya está bien que sea, el vil metal, el que prevalezca.
    Por eso, todo mi respeto y admiración hacia nuestra buena y sabia amiga, y lo mismo hacia ti, que nos has contado, con tu sensibilidad y mano maestras, esta bonita historia de amor hacia lo que se nos ha prestado y tenemos el deber de guardar y cuidar, para disfrute de los de ahora y de los que vienen detrás.
    Mi enhorabuena para las dos.

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    1. Hoy precisamente, querida Cehachebé, estaba leyendo una Carta al Director en el periódico, que toca este tema. Se llama "Adiós, mi España querida..." y habla de la angustia de una lectora ante la costa de Tarragona: "Kilómetros de naves industriales (...); vallas publicitarias oxidadas, plásticos acumulados en arroyos vacíos, árboles resecos, casitas de huerta en ruina con una hermosa palmera testimonio de un pasado no lejano. En resumen, un paisaje apocalíptico.
      Esta es la huella del engaño, del falso progreso, es la huella de la ambición, de la falta de rigor de nuestros políticos que permiten e ignoran el incumplimiento de tantas leyes que protegen nuestros paisajes (...)
      Así día tras día, allí donde hubo identidad, tradición, nobleza, hoy tenemos desolación, cutrez y asfalto. Día a día las raíces de nuestros pueblos van desapareciendo. Alguien dijo que para valorar el paisaje es necesario un buen nivel de cultura. Por desgracia este no es nuestro caso."
      Pues esto es lo que hay, Cehachebé. y ojalá la cosa cambie. Somos muchos los que lo deseamos.
      Un beso.

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  9. Mi querida Isa, haces tan bonito todo lo que escribes!. Sí, estos castaños que tantos mimamos, y que los trajeron los leoneses, cuando hace siglos repoblaron esta parte de Sierra Morena, sus estribaciones,
    cuantas historias guardarán. Ahora pertenecen al Parque Natural de La Sierra de Aracena y Picos de Aroche.Esto no habría sido posible si los ingleses hubieran seguido con las prospecciones.
    Debemos enseñar a nuestros hijos a amar y respetar el medio en el que nos ha tocado vivir, conservarlo, y mejorarlo si podemos. Esta es la mayor riqueza que le podemos dejar. Un beso.

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    1. Yo también he pensado, Esperanza, en lo que dices ¿Qué habrán visto pasar, qué sucesivas Españas han pasado ante sus ramas, qué personas, vestidos, costumbres, lenguajes distintos se habrán enredado en sus raíces?
      Somos, lo queramos o no, parientes de los árboles. Solo que ellos sobrepasan nuestra edad y son necesarios para nuestra existencia en la Tierra. A ver si cunde el ejemplo de ustedes y logramos que nuestro mundo no se convierta en un desierto.
      Muchísimas gracias por tu ejemplo y por haberlo compartido.
      Un beso.

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  10. Isa, acabo de leer este escrito sobre los castaños. Qué te voy a decir. Me encanta tu compromiso con el medio ambiente, algo con lo cual todos deberíamos comprometernos.
    Afortunadamente, mi hija Ana está tan comprometida con la causa que no come ningún producto manipulado genéticamente; ni usa productos de aseo o cosmética testado en animales. No come carne ni huevos de gallinas enjauladas por el maltrato a que someten a los animales. El domingo pasado fue al sur a llevar comida a un albergue para perros. Pasó el día mimando perros. Comió a las 6 de la tarde. Recuerdo que, cuando nos mudamos a esta casa, había un framboyán precioso en la casa de enfrente. Tiraron la casa para hacer un monstruo de edificio y aquel árbol que cubría la calle con un manto de flores rojas, admiración de todo el que pasaba, fue sacado con palas mecánicas y transplantado a otro lugar donde murió. Ella hizo todo lo posible. Fue al Ayuntamiento para que no permitieran tal aberración::Puso un cartel en el árbol que decía: No me maten ASESINOS. Pero todo fue en vano.

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    1. Admirable tu hija, Ani. Porque muchos pensamos como ella y por comodidad no nos implicamos tanto. Me acuerdo de que cerca de mi casa una vez que íbamos paseando encontramos una granja de gallinas y fue tal el espectáculo (más de 20 gallinas en jaulas estrechísimas, suciedad, hasta gallinas muertas entre la caca de gallinas... Un horror) que estuve mucho tiempo sin comer ni pollo ni huevos. Hoy tenemos 5 gallinas en la huerta que pasean picoteando espinacas y otras verduras y que ponen unos huevos hermosísimos. No es tan difícil, parece.
      La entiendo y entiendo su impotencia ante los poderes, que no tienen ni sensibilidad ni nada que se le parezca. Ánimo, Ana.
      Ah, y recuerdo perfectamente el framboyán. Era precioso.

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    2. Sí, Isa, ella sigue en la lucha. No desfallece. Se ha alegrado muchísimo de que haya gente tan implicada como lo estás tú. Además le encanta como escribes. Yo le suelo mandat tu enlace y no se pierde tus comentarios. Te admira.

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    3. ay isabel tus mensajes son muy profundos , tu sensibilidad y gran corazón se reflejan en tus palabras... hay tanta deshumanización para con los animales que son tratados como mecancía es por ello afortunados aquellos que los pueden criar de una manera digna par luego ser consumidos otros no tienen esa suerte pero siempre habrán recursos alternativos para alimentarnos saludablemente y con una conciencia tranquila por eso propongo desde aquí que consumamos huevos camperos, en cuanto a los castaños lamento que esten desapareciendo por algunas zonas de la isla aunque siquen habiendo muchos salvajers por la matanza y también en muchas fincas , yo conozco algunas en las lagunetas, también he visto en facebook una organización de recolección de castañas pero no la encuentro para recoger la info y enviártela , a ver si doy con ella y te la muestro . un abrazo muy fuerte y gracias por tus aportaciones de gran interés.

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    4. Muchas gracias por lo que me dices, Ana, pero sobre todo por como piensas. Hace falta más gente como tú, que sea tan consecuente con sus ideas y que se implique en luchar contra el consumismo imperante y contra la desaparición paulatina de las zonas verdes. Creo que es suicida no darse cuenta de que ellas son nuestros pulmones.
      Un abrazo grande y sigue adelante. Yo haré también todo lo que esté en mi mano. Este escrito de hoy es también un pequeño manifiesto a favor de la naturaleza.

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