Esta semana el día 15 de mayo ha sido el Día Internacional de las Familias. No sé a quién se le ocurrió eso de los días internacionales, porque hay algunos dedicados a lo más peregrino. Pero si hay algo que merezca ser internacional, es la familia. Todos nacemos en una y, aunque es verdad que hay muchas familias a las que, como se dice, hay que echarles de comer aparte, el vínculo familiar existe, es indestructible en la mayoría de los casos y va muchas veces más allá de los lazos de la sangre.
Además, hay muchas clases de familias ¡Será por familias! Hay familias poliginias (un hombre, 2 o más esposas y sus hijos), hay familias poliandrias (una mujer con 2 o más maridos y sus hijos) y hay algunas todavía más complicadas, como las de los naturales de las Islas Marquesas, en las que un hombre con varias mujeres puede buscarse además a otra que tenga a su vez varios amantes, para que todos vivan juntos (y apechuguen juntos en el trabajo). El resultado puede ser una casa de lo más entretenida. Hay familias patrilocales en las que toda la descendencia masculina sigue viviendo en la casa familiar con sus mujeres e hijos, y hay familias matrilocales en las que son las hijas y los suyos las que se quedan con la familia de la madre. Están nuestras familias modernas que pueden tener tan variadas formas... Bueno, y está la mía, que somos el ciento y la madre. Cada vez que nos reunimos, aunque sea para un cumpleaños de nada, no bajamos de 30.
Este 15 de mayo, como si quisiera significarse especialmente, me han llegado dos sorpresas relacionadas con la familia que me han emocionado. Una, esta carta que mi hija Ana ha colgado ese día en las redes y que, con su permiso, reproduzco junto con la imagen:
No suelo poner fotos personales en redes a menudo. Pero hoy es el Día Internacional de la Familia y creo que es importante decirlo: para mí, la familia es un valor fundamental. No solo el núcleo pequeño (estos cuatro que salimos en la foto) sino los que nos rodean (y esa familia adoptada que son los amigos). Hay muchos "gracias" que no saben a nada, que se dicen por decir, estamos acostumbrados a decirlo mecánicamente. Por eso, este gracias no es mecánico. Gracias por ser mi familia, mi lugar en el mundo. No quiero decir que ese lugar sea impecable . Cometemos errores por los que hay que pedir perdón, nos peleamos y discutimos, pero también nos reconciliamos y nos abrazamos. Nos queremos. Mi familia es mi hogar, mi equipo. Un grupo de personas imperfectas que luchará codo a codo contra todos los obstáculos.
La otra fue una carta de agradecimiento que recibí ese mismo día del hijo de amigos íntimos, que ahora vive en California y al que conozco desde que nació y que considero también parte de mi familia:
Querida Isa: Escribir una carta de agradecimiento es relativamente sencillo: abres el editor de texto y simplemente escribes los que sientes. Ahora bien, escribirte a ti una carta de agradecimiento me está suponiendo un doble reto.
Por un lado, ¿cómo narices lo hago para que una bloguera/escritora/ filósofa/ literata no lea esto y empiece a ver errores gramaticales por todos lados?
Y por otro, ¿cómo logro transmitir que esta carta de agradecimiento no es una más del montón sino una que realmente pienso?
(...) Lo bueno de los recuerdos es que son todos francamente positivos. Tengo cientos de imágenes en la mente de eventos en familia con ustedes: viajes, cumpleaños, cenas... La verdad es que durante esos años fue como tener otra familia paralela (¡hasta con dos nuevos increíbles hermanos!).
Y ahora me apetecía escribirte esta pequeña nota para decirte que me has impactado de forma muy positiva en la vida y que te agradezco de todo corazón que siempre hayan estado ahí... ¡me siento muy afortunado! (...)
Después de recibir estas dos preciosas cartas que hablan de la gratitud de ser familia, ¿cómo no celebrarlo? Y más cuando me di cuenta de que el 15 de mayo fue también el día en que mi padre y mi madre se casaron hace ya 72 años, provocando con ello que hoy vivamos 21 personas más en el mundo (y las que vendrán). Así que por todo eso, este 15 de mayo por primera vez celebré un Día Internacional: abrí una botella de champán, alcé la copa y, abrazando con la mente a la gente que quiero y a la que siento familia, brindé, como en ese final delicioso de "Hechizo de luna", diciendo bien alto: ¡¡¡Per la famiglia!!! ¡¡¡Por la familia!!!




