![]() |
| "Dirigiendo el tráfico en La Laguna". Foto de Tito G., subida por Alberto García a "Fotos Antiguas de Tenerife" . |
Una vez, sería el año 1955, se me quedó grabada una escena de la que nunca me he olvidado. Iba yo con mi madre de la mano por la calle Cruz Verde cuando un hombre nos sacó una foto desde la esquina con la Plaza Candelaria. Parece una bobería pero en aquel tiempo una foto no era cualquier cosa. Era casi un lujo, no se podía, como ahora, hacer fotos por gusto y gastar carrete. Generalmente, no se sacaban fotos de paisajes casi nunca, sino de las personas y en ocasiones especiales: una fiesta, un cumpleaños, una boda, un nacimiento... De hecho, mi primera foto me la hicieron a los 4 meses y la segunda, a un año. Y eso que mi padre tenía máquina de fotos, cosa no muy corriente, y era muy organizado para guardarlas y clasificarlas en álbumes.
Pero ¿hacer una foto de una calle cualquiera, un día cualquiera, con personas desconocidas? Eso no lo hacía nadie que yo conociera. ¿Qué sentido tenía? Tal vez, por todo esto me llamó la atención la foto de la calle Cruz Verde: existía por ahí, en algún lugar del mundo, una foto de mi madre y mía, que yo no había visto y que estaba convencida de que alguna vez, en el transcurso de los años, aparecería.
Muchas veces, mirando fotos en los periódicos, he pensado que aquellas personas retratadas no sabían que estaban siendo inmortalizadas, congeladas en un momento de sus vidas, y que eso -decir "yo estuve allí"- a lo mejor podía ser importante para ellas. En las novelas incluso aparece el tema. En Comenzó en Viena de Mary Stewart, la protagonista cree que su marido ha ido a Estocolmo por razones de trabajo (le manda postales y todo) y, de repente, se lo ve en un Noticiero sofocando el incendio de un circo en un pueblo de Austria. O en Noche eterna de Agatha Christie, el asesino y su amante fingen que no se conocen de nada y alguien les hace llegar una foto de un periódico en la que se les ve, muy amartelados entre la gente, por una calle de Hamburgo, desmontándoles el juego.
Pero eso es en la literatura. ¿Ocurre algo así en la vida real? Pues sí, y miren por dónde, a mi amigo Melchor le ocurrió. Ojeando fotos del grupo "Fotos Antiguas de Tenerife", se encontró a sí mismo caminando y pensando en sus cosas por la calle Carrera de La Laguna a finales de los años 60. Claro que él sigue el dictado filosófico de "Conócete a ti mismo", porque yo no lo hubiera reconocido ni en un millón de años. Pero alguien fotografió la calle y captó la escena con un Melchor muy joven, justo detrás de un guardia que dirigía la circulación (imagen inicial)
Así que algo así es posible y seguro que a muchos les ha pasado. Y ahí me ven, casi como si estuviese en un "Buscando a Wally", mirando escenas de antes sabiendo que yo estuve allí -en las fiestas del Cristo, en el balneario, en San Diego...- y esperando que en alguna de los años 50 aparezca yo de la mano de mi madre (¿De dónde vendríamos? ¿A dónde íbamos?) por la calle Cruz Verde en el Santa Cruz de mi infancia.



