Mis amigos Walter y Suzana son como Perséfone la de Démeter ¿se acuerdan?. Sí, aquella a la que, en la mitología griega, rapta Hades, el dios de los infiernos, y que, gracias a los ruegos que su madre Démeter (la diosa de las cosechas y de la primavera) le hace a Zeus, es devuelta a la Tierra durante 6 meses al año y pasa otros 6 meses en el Inframundo. Gracias a eso tenemos 6 meses buenos donde todo florece y da frutos y otros 6 con frío, lluvia y crujir de dientes. Bueno, pues Walter y Suzana, igual, aunque ellos lo hacen mejor, nada de frío. De finales de octubre a abril, dejan Austria cuando empieza a nevar, y vienen a Tenerife, a su casa del sur de la isla a disfrutar del sol y del mar. Y de abril a octubre vuelven a Viena, a su casa frente a la catedral de San Esteban, cuando allá da gusto pasear por las calles e irse a comer un codillo al Prater.
En el tiempo en que están aquí nos vemos mucho y casi siempre Suzana, a la que le encanta cocinar y sorprendernos, nos invita a comer. Ella, que habla 8 idiomas pero que tiene un particular modo de expresarse en español, dice que nosotros somos sus probantes, los conejos de indias que probamos las exquisiteces que hace y que inventa. El wienerschnitzel, por supuesto, y el ganso por San Martín, y unas sopas exquisitas, y los pinchos de gambas de la imagen, y unos hojaldres de aperitivo rellenos con los mojos canarios rojo y verde... Y la sachertorte, maravillosa, que la hace más buena que en el propio Hotel Sacher. Y de paso, "probamos" también la amistad con sus amigos porque su casa es como la de los Durrel en la Trilogía de Corfú, o como la de mi madre en mi niñez, siempre llena de invitados que vienen a conocer la isla y a sus habitantes.
Así que ahora le hemos cogido gusto a lo de ser probantes y nos apuntamos a muchas otras cosas. A probar en un día de frío un guachinche en que hacen un puchero y un escaldón de muerte, a catar un vino de La Palma exquisito que nos regalaron por Navidad, a ser lector cero y ser de los primeros que echen la vista y disfruten de un libro apetecible, a probar cuánto de fría está el agua del mar en el mes de febrero, a hacer un viaje ahora y descubrir a lo mejor un rincón que nadie ha mirado con los mismos ojos, a mostrar talentos escondidos...
Hace un tiempo le preguntaron al paleontólogo Juan Luis Arsuaga que para qué se levanta cada día. Él contestó que para aprender. Me gustó pero yo hubiera ido más allá y hubiera dicho que para probar. Porque probar implica aprender. Y también catar, ilusionarse y desilusionarse, intentar, degustar, ensayar, examinar... En resumidas cuentas, estar vivos.
Qué quieren que les diga: me encanta ser probante.