Uno de mis parientes se ha comprado hace pocos días un descapotable. Era de segunda mano y estaba a buen precio pero realmente no lo necesitaba porque tanto su mujer como él tienen su coche para ir al trabajo. Además es de 2 plazas, así que es muy poco práctico y no sirve ni para ir a llevar a los niños al colegio. Pero parece que un instinto primario, una compulsión genética lo llevaron a un deseo repentino y urgente de posesión y, para convencer a su mujer, después de hablarle de todas las bondades del coche que se le ocurrieron, le dio la puntilla rematando: "Y ¿te has fijado en la matrícula? ¡Es la fecha de mi cumpleaños! ¡Es una señal!". Y, como ante las señales no hay nada qué hacer, se lo compró.
¿Por qué fascinan tanto los descapotables y los coches de lujo? James Bond no sería James Bond sin un Aston Martin que llevarse a las manos. Y Julia Roberts casi babea en "Pretty Woman", no cuando ve a Richard Gere, sino cuando ve el Lotus Sprit que éste conducía (y, por cierto, las ventas del modelo se triplicaron los dos años siguientes después del estreno de la película). Mi amigo Manolo, que es un apasionado de ellos y que, como buen padre de 3 hijos, no se puede permitir esos caprichos (aunque afirma que tarde o temprano se lo comprará), cuando le preguntamos: "Pero ¿tú para qué quieres un cochazo así?", nos contesta: "Para presumir en los semáforos".
Algún secreto encanto tendrán. Uno de mis primos, al que de vez en cuando un amigo le prestaba un descapotable, me confesaba que nunca había ligado tanto como cuando iba al volante de él ¿Será que esos coches son afrodisíacos? Yo, que no distingo un Peugeot de un Alfa Romeo y que conduzco (porque no me queda más remedio) un coche de hace 20 años, no les encuentro el atractivo por ninguna parte. A unos ojos claros y francos, sí; a una sonrisa en la que poder confiar, también; a unas manos seguras, de dedos que no sólo saben acariciar sino también tocar las cuerdas de una guitarra y arreglar rotos y descosidos, no te digo que no. Pero ¿a un chasis con 4 ruedas, un motor y un volante?
Además que la chifladura por los coches se extiende más allá de los descapotables. Dos de mis amigos los coleccionan como quien colecciona llaveros. Los compran desvencijados y luego se pasan semanas arreglándolos con mimo, comprándoles pijaditas para ponerlos más guapos, limpiándolos hasta que se puede ver uno reflejado en la capota o incluso en el motor... Y luego ¿qué hacen con ellos? Pues los pasean despacito -poniendo nerviosos a los de detrás- los sábados por la mañana por las carreteras de la isla. Y no muy lejos, no sea que al objeto de deseo le dé por enfurruñarse y pararse allá por las estepas.
¿Qué tendrán? Entiendo que Agatha Christie se gastara el primer dinero que ganó con sus libros en comprarse un coche. Yo misma, la primera vez que cogí sola mi escarabajo, fui cantando a grito pelado por esa carretera de Las Canteras para abajo, tanta era la sensación de libertad e independencia que me proporcionó. Agradezco que existan los coches, pero ¿entregarles el corazón?
Son objetos que se devalúan nada más comprarlos. Son ruidosos y perturban el silencio. Huelen mal. Son caprichosos, se averían en los sitios y momentos más inoportunos. Son majaderos, hay que estar pendientes de ellos, darles su aceite y su gasolina, hincharles las ruedas, llevarlos a la ITV, hacerles revisiones (el mecánico del mío lo conoce tanto que ya es casi de la familia). Son gastones: que si impuestos, que si repuestos, que si carburantes. Son incomprensibles, llenos de trócolas, cárter, culatas, árboles de leva... que vete tú a saber qué es eso. Y son despeinones, sobre todo si son descapotables.
No tienen nada de romántico o poético, no se pueden comparar a los anteriores medios de locomoción, a los caballos o a los carruajes. Ni siquiera a los trenes, que tienen su encanto ¿Ustedes han visto alguna poesía dedicada a un coche? Además ¡es una máquina! Por mucho amor que tú le tengas, desengáñate, nunca te corresponderá, ni te va a comprender, ni te traerá agüitas a la cama cuando estés malo.
Entonces ¿por qué esa adoración? ¿Por presumir en los semáforos? No sé ustedes, pero yo me quedo pensando en que algo raro debe decir esto sobre el ser humano.




