lunes, 15 de mayo de 2017

Presumir en los semáforos




Uno de mis parientes se ha comprado hace pocos días un descapotable. Era de segunda mano y estaba a buen precio pero realmente no lo necesitaba porque tanto su mujer como él tienen su coche para ir al trabajo. Además es de 2 plazas, así que es muy poco práctico y no sirve ni para ir a llevar a los niños al colegio. Pero parece que un instinto primario, una compulsión genética lo llevaron a un deseo repentino y urgente de posesión y, para convencer a su mujer, después de hablarle de todas las bondades del coche que se le ocurrieron, le dio la puntilla rematando: "Y ¿te has fijado en la matrícula? ¡Es la fecha de mi cumpleaños! ¡Es una señal!". Y, como ante las señales no hay nada qué hacer, se lo compró.

¿Por qué fascinan tanto los descapotables y los coches de lujo? James Bond no sería James Bond sin un Aston Martin  que llevarse a las manos. Y Julia Roberts casi babea en "Pretty Woman", no cuando ve a Richard Gere, sino cuando ve el Lotus Sprit que éste conducía (y, por cierto, las ventas del modelo se triplicaron los dos años siguientes después del estreno de la película). Mi amigo Manolo, que es un apasionado de ellos y que, como buen padre de 3 hijos, no se puede permitir esos caprichos (aunque afirma que tarde o temprano se lo comprará), cuando le preguntamos: "Pero ¿tú para qué quieres un cochazo así?", nos contesta: "Para presumir en los semáforos".

Algún secreto encanto tendrán. Uno de mis primos, al que de vez en cuando un amigo le prestaba un descapotable, me confesaba que nunca había ligado tanto como cuando iba al volante de él  ¿Será que esos coches son afrodisíacos? Yo, que no distingo un Peugeot de un Alfa Romeo y que conduzco (porque no me queda más remedio) un coche de hace 20 años, no les encuentro el atractivo por ninguna parte. A unos ojos claros y francos, sí; a una sonrisa en la que poder confiar, también; a unas manos seguras, de dedos que no sólo saben acariciar sino también tocar las cuerdas de una guitarra y arreglar rotos y descosidos, no te digo que no. Pero ¿a un chasis con 4 ruedas, un motor y un volante?

Además que la chifladura por los coches se extiende más allá de los descapotables. Dos de mis amigos los coleccionan como quien colecciona llaveros. Los compran desvencijados y luego se pasan semanas arreglándolos con mimo, comprándoles pijaditas para ponerlos más guapos, limpiándolos hasta que se puede ver uno reflejado en la capota  o incluso en el motor... Y luego ¿qué hacen con ellos? Pues los pasean despacito -poniendo nerviosos a los de detrás- los sábados por la mañana por las carreteras de la isla. Y no muy lejos, no sea que al objeto de deseo le dé por enfurruñarse y pararse allá por las estepas.

¿Qué tendrán? Entiendo que Agatha Christie se gastara el primer dinero que ganó con sus libros en comprarse un coche. Yo misma, la primera vez que cogí sola mi escarabajo, fui cantando a grito pelado por esa carretera de Las Canteras para abajo, tanta era la sensación de libertad e independencia que me proporcionó. Agradezco que existan los coches, pero ¿entregarles el corazón?

Son objetos que se devalúan nada más comprarlos. Son ruidosos y perturban el silencio. Huelen mal. Son caprichosos, se averían en los sitios y momentos más inoportunos. Son majaderos, hay que estar pendientes de ellos, darles su aceite y su gasolina, hincharles las ruedas, llevarlos a la ITV, hacerles revisiones (el mecánico del mío lo conoce tanto que ya es casi de la familia). Son gastones: que si impuestos, que si repuestos, que si carburantes. Son incomprensibles, llenos de trócolas, cárter, culatas, árboles de leva... que vete tú a saber qué es eso. Y son despeinones, sobre todo si son descapotables.

No tienen nada de romántico o poético, no se pueden comparar a los anteriores medios de locomoción, a los caballos o a los carruajes. Ni siquiera a los trenes, que tienen su encanto ¿Ustedes han visto alguna poesía dedicada a un coche? Además ¡es una máquina! Por mucho amor que tú le tengas, desengáñate, nunca te corresponderá, ni te va a comprender, ni te traerá agüitas a la cama cuando estés malo.

Entonces ¿por qué esa adoración? ¿Por presumir en los semáforos? No sé ustedes, pero yo me quedo pensando en que algo raro debe decir esto sobre el ser humano.

lunes, 8 de mayo de 2017

Nosotros, los de entonces




Esta semana mi primo Néstor ha creado un grupo de wasap, conmigo y mis hermanos, los 4 niños que crecimos juntos en la calle del Pilar y de San Miguel en Santa Cruz. Es un chat para la nostalgia y le puso por nombre "Nosotros". Ya mi hermano mandó una foto de unos niños jugando al fútbol en una calle sin coches -"Esto era vida", dice-; mi hermana, una foto de Marisol en "Ha llegado un ángel" -"Aquella época..."-; y yo subí las tres primeras fotos en las que se nos ve juntos a los 4, para que eligieran el icono del grupo. Optaron por la que pongo al inicio hoy, hecha en la primera comunión de mi primo, todos serios y vestidos de domingo, yo con gorro de casquete y todo. Hasta mi hermano, que tenía ahí 6 años, posa con corbata, como un señor.

lunes, 1 de mayo de 2017

Historias de Los Sauces: la historia de Frasquín


Antiguo edificio de Correos en Los Sauces

En aquellos tiempos en los que las cartas eran el principal medio de comunicación entre las personas y eran esperadas con toda la ilusión del mundo, el cartero de un pueblo formaba parte de las fuerzas vivas, junto con el maestro, el alcalde, el cura, el boticario y los cuatro o cinco ricachones que se reunían por las tardes en el Casino a jugar al dominó y a hablar de sus cosas.

lunes, 24 de abril de 2017

Dame limosna de amores, Dolores




¡Hay que ver la cantidad de formas de pedir limosna que tenemos los humanos! El lenguaje, que es trasunto de la vida, busca subterfugios, desvíos, disfraces, para que ese hecho, el sacarle el dinero al prójimo, no parezca lo que es. Porque ¡no me digan que lo que las monjas nos mandaban a hacer de pequeñas (pedir dinero por las calles para los negritos con una hucha-cabeza) no era pedir limosna! Sí, sí, ya sé que se llamaba cuestación o postulación, pero en el fondo era pedir dinero (postular viene del latín postulare, pedir). Igual que es pedir dinero pasar el cesto en la misa o en cualquier reunión, o que se haga una colecta, o que se pida un donativo o una propina, o que se recauden impuestos... O, más modernos todavía, que se haga un crowdfunding, que es otra manera más cosmopolita de pedir dinero para la colectividad. El caso es que, si se fijan bien, media humanidad le está pidiendo dinero a la otra media. Y es que siempre han existido pedigüeños, aficionados a pedir (y cuando piden "por Dios", son "pordioseros"), porque siempre ha habido gente que puede dar.

lunes, 17 de abril de 2017

Un paso adelante




Esta semana mi amigo Miguel se ha lanzado en parapente por primera vez en su vida. Miguel tiene 71 años, una edad en la que muchos pensamos que no estamos para vaivenes (y si son por los aires, menos). Y, sin embargo, ahí lo ven en la imagen inicial, cumpliendo el mismo sueño de volar que tantos han tenido antes que él (empezando por Leonardo da Vinci cuando se puso a dibujar alas como un loco). Miguel cuenta de esa experiencia prodigiosa que sólo fue dar un paso adelante. Te pertrechas bien con casco, chaleco y parapente, y después sólo se trata de correr un poco ladera abajo en los altos de Adeje y, oooohhh, das un paso más ¡y ya estás en el aire! Ni vértigo ni miedo: únicamente la sensación de jugar con las corrientes y de dominar un paisaje infinito a tus pies.

lunes, 10 de abril de 2017

¡¡¡Sorpresa!!!




Cuando yo era chica, no existían las fiestas-sorpresa. Todo lo contrario. Los cumpleaños y eventos varios eran anunciados y preparados con la suficiente antelación como para deleitarnos también en los "antes de". Se lo comunicábamos a todo el mundo y se pensaban con cuidado los regalos, mientras mi madre trajinaba poniéndolo todo a punto y pensando en juegos que nos iba a proponer (el pañuelito o el brilé en el patio, tinieblas en el cuarto oscuro del final del pasillo, las sillas musicales, que no podían faltar...), y mi abuela llenaba la casa de aromas que surgían de enormes bizcochones, de marquesotes melados, de bollos de manteca, de esponjosos merengues... Hasta recuerdo sus manos dándole forma con maestría a las delicadas figuritas de azúcar (pájaros, flores, mariposas) con las que iba a adornar la tarta. No eran fiestas-sorpresa pero siempre eran sorprendentes.

lunes, 3 de abril de 2017

El poltergeist de mi hermana


Recreación del poltergeist de mi hermana dibujada por mi nieta Eva de José

Mi hermana Chari asegura que tiene un poltergeist en su casa. La palabra poltergeist viene del alemán poltern, hacer ruido, y geist, espíritu. Así que lo que hay en casa de mi hermana, según ella, es un espíritu ruidoso haciendo el gamberro y dando la tabarra.

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