A diciembre, como si fuera un abeto al que llenamos de bolas, luces y estrellas, se le han ido colgando este año un montón de ojalás, que se repiten en conversaciones, en la tele, en las redes, en los periódicos.
"Ojalá", me dice mi hija cuando le mando la participación del número de lotería de este año (en la imagen) con una notita donde le pongo: "Tiene pinta de salir", algo que tanto ella como yo sabemos que no va a pasar.
Mi amiga Nievitas, desde Los Llanos en La Palma, me ha ido informando casi cada día de las explosiones, tremores y corrientes de lava del volcán. Pero esta semana manda una foto y señala (ella que siempre ve rostros en la naturaleza) que el perfil de la montaña formada, ya sin ruidos ni fuegos, parece un guanche dormido. Ojalá, le digo, continúe por mucho tiempo este atronador silencio del volcán.
"Ojalá", decimos todos los que esperamos que los índices de la pandemia no sigan subiendo. Nos ponemos a preparar las navidades y tememos una repetición del año pasado. A principio de mes hubo aluvión de reservas para fiestas y ahora, aluvión de cancelaciones. Ojalá no bailemos más este "aluvión de aluviones", como lo llamó Buenafuente en su programa.
¿Y qué pasa con las comidas y cenas familiares? Ya mi hermana, en cuya casa siempre celebramos la Nochebuena, mandó un panfleto de normas para que nadie descarrile: 1. Venir abrigados, hasta con manta esperancera si es preciso, porque las ventanas estarán abiertas de par en par al frío de la noche (covid, no sé, pero catarros moqueantes, seguro). 2. Habrá mascarillas e hidrogel a granel. Que nadie los confunda con adornos: son para usar. 3. Los aperitivos son individuales en un plato para cada uno, no sea que nos pongamos a revolver con dedos o tenedores en los berberechos o el jamón. 4. Nada de besos y abrazos, qué relajo es ese... 5. Nada tampoco de pendoneo los días anteriores con los amigos. En casita encerrados hasta el día de Nochebuena. 6. Papá Noel este año escribió que, con la que está cayendo, ni se le ocurre venir. Pero mandará por correo un saco de chuches para los niños. Los sufridos comensales, después de leerlo todo, rogamos para que ojalá la próxima Navidad no haya panfleto de normas y reine una sana anarquía, como tiene que ser.
La gente del norte este mes han sufrido lluvias y más lluvias, tantas que casi han estado buscando a Noé con el Arca. Al Ebro, al pasar por el Pilar, ni le importa ya despertar a la Virgen, venga a inundar sótanos y salones. Y todos protestan porque quienes atendieron en los cielos las rogativas del verano seco luego siempre se pasan. "Ni tanto ni tampoco", dicen. Y hay unanimidad en pedir que "ojalá vuelva el tiempo de los cielos azules".
Y cada uno va enganchando a diciembre sus ojalás particulares: "Ojalá me mire", "Ojalá me llame", "Ojalá se cure", "Ojalá se calme"... Nadie lo ha dicho tan poético como Silvio: Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan / para que no las puedas convertir en cristal. / Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo. / Ojalá que la luna pueda salir sin ti...
La palabra "ojalá", nacida en la lengua árabe, significa "si Dios quisiera" y habla de un futuro incierto pero posible. Diciembre va lleno de todos esos ojalás que son el símbolo de la esperanza que nunca abandona a los seres humanos. Podríamos resumirlos en la frase de otra canción, esta vez de una ranchera de Chavela Vargas, y que les deseo esta navidad a todos ustedes: "Ojalá que les vaya bonito".

