Querida amiga, me cuentas que, cuando menos lo esperabas y por primera vez, estás embarazada y que en estos momentos, con 5 meses de gestación, te encuentras muerta de miedo. Aparte de felicitarte, solo puedo decirte que te entiendo perfectamente. Cuando una espera un bebé a los 20 y pico años, como me pasó a mí a los 24, se lo toma alegremente y en plan comando: lo que sea, será. Pero a los 42 como es tu caso, ya te lo piensas más, ya sopesas el futuro y ya vienen las retahílas de los "¿Y si...?". Además, a tu edad, estás acostumbrada a la buena vida sin ataduras detrás: viajes al quinto pino, excursiones y salidas largas los fines de semana, alegres cenas de amigos hasta las tantas de la madrugada... ¿Y ahora qué hago?
Sí, ser madre da mieditis. Y aunque lejos de mí está el asustarte más, es bueno, pienso yo, que vayas preparada para afrontar los sustos de la maternidad. Empezando, claro, por un hecho impepinable: los dos primeros años ten por seguro que no dormirás, porque los bebés duermen de día y por la noche están de jolgorio llora que te llora. Pero tú no te preocupes. Lo que tienes qué hacer es lo que hacía mi hijo con los suyos que, entre arrullo y arrullo, todo ojeroso y despelujado, se consolaba diciéndose a sí mismo: "Pero compensa, eh, compensa".
Luego vendrán las enfermedades de la niñez, el caerse de los columpios, los piojos, el que en el colegio Carlitos lo mordió..., todo lo que mantiene a una madre -y a un padre- en un sinvivir. Oh, la época dorada del colegio... Pero compensa, eh, compensa.
Más tarde la adolescencia de tus niños te hará desear vivir en un sitio más o menos desierto (el Polo Norte o algo así), un lugar donde no hayan oído hablar de Carnavales, ni de Noches en Blanco ni de eventos ruidosos y escandalosos, a todos los cuales sin excepción tus hijos se querrán apuntar, mientras tú, en plan "logístico", te dedicarás a llevarlos, a traerlos y a poner velas al Cristo de La Laguna para que lleguen bien. Pero compensa, eh, compensa.
Y no te digo nada cuando saquen el carnet de conducir y tengan novios y novias y los veas sufrir amores y desamores. Y tú con ellos... Pero compensa, eh, compensa.
Y tengo que añadir, querida amiga -sin ánimo de asustarte, repito- que el mayor problema no son esas minucias que te he contado. No, el mayor problema es que un hijo es para siempre. Aunque se independicen, aunque se vayan al otro extremo del mundo, aunque sean ya personas hechas y derechas de casi 50 años, te seguirás preocupando y pidiéndoles, cuando van de viaje, que te digan que llegaron bien, o cuando les notes la voz triste, seguirás sintiendo la mano helada en el corazón.
Y a pesar de todo, a pesar del miedo, de las preocupaciones, de que tu vida ya no será nunca más una senda sin sobresaltos, tengo que decirte que, aunque él lo decía con sorna, tenía razón mi hijo. Compensa. No sabes cuánto. Ninguna madre querría renunciar a esta vida plena, a este camino empinado y repleto de recovecos que es la maternidad. Y llegará un momento sublime en que sientas un amor que no te quepa en el pecho, porque tu hijo te eche los brazos al cuello y, como hizo el mío con 3 o 4 añitos, te diga: "¡Ay, mami, los amores que te tengo!". O te dé las gracias, ya de mayor, por ser su madre, como me hizo mi hija hace poco con un poema que me ha llegado al alma:
"Gracias
por todos los días
que quise salir huyendo
y me detuviste.
Gracias por dejarme soñar
en medio de esta pesadilla.
Pero despertarme
a tiempo para no llegar tarde.
Gracias
por todas las veces que dije
"No puedo más".
Y me sostuviste.
Y pude.
Por sentarte a hablar conmigo
y escucharme.
Aunque no dijera nada.
Por escuchar mis silencios.
Por recordarme esas cosas
que la vida había borrado.
Y abrazarme,
cuando solo la nada nos abrazaba.
Gracias.
Mil gracias.
Por ser. Por estar. Por querer."
Compensa, claro que compensa. Así que, querida amiga, disfruta de tu bebé ahora y siempre sin miedos que valgan.
(Para Leti)
(Para Leti)



