En Gran Canaria siempre han sido las mareas del Pino porque el día 8 de septiembre es el día de la Virgen del Pino y parecería que ella es la que está gobernando todo, hasta las aguas. Pero para nosotros, los de la isla de enfrente, siempre se han llamado las mareas de septiembre o mareas vivas. Es el momento del equinoccio de otoño, cuando la luna y el sol se alinean sobre el ecuador y hacen fuerza para que el mar, durante la luna llena y la luna nueva, esté más alborotado que de costumbre. Esta es la época en que a más de uno, por ejemplo, el mar se les ha llevado las cholas que dejaron en la orilla, o las olas los han revolcado hasta la arena dejándolos traspuestos.
Al mismo tiempo en este septiembre nos ha llegado la señal de una enorme onda gravitacional, producto del choque entre dos agujeros negros hace 7.000 millones de años. Es la última ola de otro tipo de mareas vivas, una que ha viajado a la velocidad de la luz a través del espacio cósmico.
Tal vez estas grandes mareas -la del mar y la del universo- sean la manera que tiene la naturaleza de limpiar y renovar, de removerlo todo para empezar de nuevo otro ciclo. En septiembre, después de las grandes olas, los mares terminan por estar en calma, el aire es más limpio, los atardeceres más intensos.
Oficialmente las mareas de septiembre, para la gente en edad escolar y para nosotros, los docentes, que contamos los años por cursos, han sido siempre la señal de que el verano se ha ido, de la despedida de los baños, el salitre en la piel y el relax en el cuerpo. Pero también es la señal del comienzo de curso, de que a partir de este momento hay que ponerse las pilas. Y en este septiembre, tan particular y extraño, eso es lo que están haciendo ahora mis colegas, los profesores: preparar la vuelta a las clases como un reto mayor a otros septiembres. Sé que están preparados, que lo están haciendo con una ilusión tremenda como si fuera la primera vez, que están echando mano de imaginación y creatividad y que se les están ocurriendo ideas estupendas para que las clases resulten un éxito a pesar de los pesares.
Mi post de hoy va de animarlos, a ellos y a los padres, a que sigan adelante, de decirles que pasen de presiones y no hagan mucho caso a titulares alarmantes. Estos días circula un wasap con la noticia de que en Francia se han cerrado 22 colegios nada más empezar. El gobierno francés ha establecido el protocolo de que si hay 3 casos en un colegio, se cierra. Si han cerrado 22 colegios es que hay 66 casos. Pero son 66 casos de 12.600.000 escolares. Visto así, la noticia no asustaría tanto, pero los periódicos tienen que vender.
Así que, mis queridos compañeros docentes, mucho sentido común, mucha ilusión y que septiembre y sus mareas -las marítimas y las cósmicas- traigan optimismo, limpieza de miras y valentía para hacer oídos sordos a las presiones y a los agoreros (que los va a haber). ¡Que tengan todos un feliz curso!







