lunes, 25 de noviembre de 2013

El encantador de serpientes




Una vez me contaron que un encantador de serpientes en la India hacía subir al son de su flauta una cuerda por el aire y que, cuando estaba erguida, un niño trepaba por ella hasta arriba. Pero alguien sacó una foto de la escena y en ella se veían cuerda y niño en el suelo y la gente, embobada, mirando hacia lo alto. Eso es lo que significa “encantar”, hechizar con cantos de tal manera que te olvidas del mundo que te rodea.

lunes, 18 de noviembre de 2013

La Fuga de San Diego y la magdalena




Hace casi un siglo, en 1919, en la mañana del 13 de noviembre, los alumnos del Instituto de Canarias, acaso futuros bisabuelos de los que yo tuve allí mismo 70 años más tarde, se fugaron de clase. Lo hicieron, enfadados, ante la negativa de un profesor nuevo, Don Diego Ximénez de Cisneros, de dejarlos asistir a una romería, que existía por aquel entonces, a San Diego del Monte. Lo que ellos no sabían era que, con ese gesto, inauguraban un sano hábito –“Día de San Diego, fuga general, las buenas costumbres hay que respetar”, pintaban en las paredes- que se fue contagiando a la Universidad, a la Escuela Normal, a los demás institutos de la isla y, después, a toda Canarias, hasta hoy en que se fugan ese día incluso los de la ESO. Así nacen las tradiciones.

lunes, 11 de noviembre de 2013

El Tour Moore y los cubiletes




Anda por las redes una “propuesta” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía de darle a cada niño 3 cubiletes para conocer su nivel de comprensión. Uno, rojo, que pondrían sobre su pupitre si no se enteran de nada; otro, verde, si lo cogen todo a la primera; y uno, amarillo para los que lo capten a medias. El resultado del experimento en una clase es el siguiente:
-         Maehtro, ¿er cubilete amarillo pa qué eh?
-         Maehtro, er Yozua ma quitao loh cubileteh.
-         Maehtro, la Yeni eh una empollona, que ziempre tiene er cubilete verde.
-         Maehtro, me zan perdío loh cubileteh, ¿puedo ir ar zervicio?
-         Maehtro, zi zaco er cubilete verde, ¿maprueba?
-         Maehtro, mira cómo toco la batería con loh cubileteh.
-         Maehtro, er Crihtian ma escupío en er cubilete.
-         Maehtro, yo lo primero lo he entendío, pero aluego no… ¿qué cubilete pongo?
-         Maehtro, zi traemoh loh cubileteh, ¿hay que traé también er libro?
-         Maehtro, yo er cubilete roho no lo pongo, que me disen zurnormá.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Tinieblas




Otoño llega con su acompañamiento de hojas arrastradas por la lluvia, de noches tempranas y de fiestas oscuras. Halloween, Todos los Santos y finados se rodean de misterio y llamadas a las puertas del Otro Mundo, haciéndome remontar a noches en las que se apagaban las luces de la casa, y se encendían, flotando en cuencos llenos de aceite, lamparillas (“palomitas” las llamábamos, o acaso “mariposas”) por cada miembro que hubiera muerto de la familia.

martes, 29 de octubre de 2013

La vida normal





Mis consuegros, cuando ya eran abuelos, se liaron la manta a la cabeza, vendieron su piso del centro de Santa Cruz y se fueron a vivir a una finca en las montañas de Anaga. Este domingo los cazadores de la zona nos han invitado, a ellos y a nosotros, a una parranda para celebrar el fin de la temporada de caza.

La cosa fue en un pajero perfectamente equipado para eventos de este tipo: suelo de tierra y palmas por encima por si al cielo le diera por abrirse en estos comienzos del otoño. Y, dentro, grandes mesas y fogones donde comer y cocinar un montón de viandas: carnes, garbanzas, paellas enormes de perdices y conejos, tartas descomunales… Un vinito de la tierra colándose por los gaznates y luego una guitarra, un acordeón y una sandunga –ese palo que arranca música a una lata de aceite y a unas chapas-  y muchas voces para celebrar la amistad y la afición compartida. Y, por un lado, una chica se lanzaba a cantar con voz clara lo de:
“A los hombres los comparo
con los gatos mamelones
que teniendo carne en casa
salen a cazar ratones”
Y más allá otro cantaba, inventándose letras para la ocasión:
“Tengo la garganta ronca
y ya sé por qué será:
perdices que no cazamos
me dan ganas de llorar”.
No conocía a nadie de las casi 30 personas que había allí pero nos invitaron, generosos, a compartir su comida y su bebida, a cantar juntos el “yo no me caso, compadre querido” y a participar en un momento especialmente grato de su vida normal.

La vida normal. Hace poco leí una entrevista a Malala Yousafzai, la niña a la que los talibanes, robándole la infancia, tirotearon por defender la educación igualitaria. Malala ha vivido una vida atroz, entre el hambre y el desprecio a los derechos humanos. Pero a ella le gustaba ver los DVD de Betty la Fea, “pensar en otro mundo donde el mayor problema era la moda, quién viste qué ropa, qué sandalias, qué color de lápiz de labios usa tal chica…”.

La vida normal. Agatha Christie se casó con un arqueólogo, Max Mallowan, que sacó a la luz la antigua ciudad de Nimrud, la capital militar de Asiria. Pero, mientras que todo el mundo se extasía cuando en unas ruinas arqueológicas aparecen coronas, copas de oro, un sepulcro real…, para Agatha el verdadero interés es la respuesta a la pregunta “ven y dime cómo vivías”, respuesta que te llega desde el fondo de la tierra excavada: “estos eran nuestros pucheros”, “con estas agujas de hueso cosíamos nuestras ropas”, “en este pequeño pote están los cosméticos”, “este era nuestro cuarto de baño”, “aquí, en esta vasija, están los pendientes de oro de la dote de mi hija”…

Cuando echamos una mirada a los periódicos -espionajes digitales entre dirigentes, países en guerra, diásporas, viceministerios de la Suprema Felicidad Social…- , parece que hablan de otro tipo de vida, no de esta en la que uno se levanta por la mañana, se desayuna, se busca la vida, ama, sufre o ríe, va a la compra, habla con los demás y celebra lo que hay que celebrar, aunque sea en un chamizo de los montes de Anaga.

La vida normal. No hay persona en el mundo que no aspire simplemente a esto. Incluso cuando, como ayer,  haya en ella cortes de luz durante todo el día y me haya impedido, como todos los lunes, hablar con ustedes de la vida normal.




(Las fotos son de los Montes de Anaga desde la finca de mis consuegros y la sandunga, instrumento típico donde los haya. No ha entrado en la Filarmónica por un fisco)


lunes, 21 de octubre de 2013

A jecho




“A jecho” es una expresión canaria que quiere decir algo así como “sin hacer distingos, a lo que te toque”.

lunes, 14 de octubre de 2013

Canción de cuna




“Adiós, mundo cruel” cantaba Enrique Guzmán allá por los días de nuestra juventud. Y a pesar de la alegría con la que lo secundábamos y de la melodía pegadiza, es una verdad como un templo que éste es un mundo cruel. Vivimos protegidos en la isla amable de lo cotidiano, pero ahí fuera convivimos con los crímenes inexplicables, con las extorsiones al Grupo Delorean en México (esas 30 horas de pavor), con los niños robados en la cuna, con la violencia en países (Egipto, Siria, Somalia…) hechos para vivir en paz bajo el sol.

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